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Podemos ya es Juego de Tronos y sólo puede quedar uno (o ninguno, según las encuestas)

Podemos ya es Juego de Tronos y sólo puede quedar uno (o ninguno, según las encuestas)
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Podemos nació para responder a un vacío eterno en la izquierda española: la de un partido con vocación ganadora, alejado de las mil cuitas internas que habían definido hasta entonces a las múltiples escisiones y sucesiones del Partido Comunista, Izquierda Unida incluida. Tres años después de irrumpir en las elecciones, ¿qué tal le está yendo? A juzgar por sus últimas semanas, bastante mal: el partido ya ha entrado en modo Juego de Tronos y se está abriendo en canal.

Todo empezó en Vistalegre. A finales del año pasado Podemos celebró su segundo congreso nacional en el Palacio de Vistalegre. La formación llegaba desgastada en las encuestas y con el liderazgo interno discutido. Pablo Iglesias controlaba el grupo parlamentario, Íñigo Errejón parte del partido. En Vistalegre se enfrentaron sus proyectos: el de Iglesias más centralizado, más orientado a la izquierda clásica; el de Errejón más transversal, más posibilista, más cercano al Podemos original.

Ganó Iglesias entre polémicas por el sistema electoral y con el apoyo de Izquierda Anticapitalista.

La siberia madrileña. Comenzó entonces el largo exilio de Íñigo Errejón. Irene Montero le sustituyó como portavoz parlamentario de la formación y comenzó a buscarse las castañas lejos del Congreso. Concretamente en Madrid, como futuro líder de cara a las elecciones de 2019. Allí contaría con el apoyo de gran parte de su equipo más cercano (Maestre et al.), pero también debería competir con el triunfante senador Ramón Espinar, líder electo del partido en la comunidad y próximo a Iglesias.

Siempre las listas. Y por allí han vuelto los problemas. En plena hecatombe de Cristina Cifuentes, Podemos se las ha arreglado para comenzar a desangrarse mutuamente. Errejón quiere un control total de la lista a la Asamblea, cosa a la que Iglesias y Espinar se niegan. La semana pasada Errejón declaró sus intenciones en el Congreso para que Iglesias, al poco, declamara a los medios, muy enfadado, que Podemos no se podía permitir "ni media tontería". Fue un tortazo.

El exabrupto evidenció lo evidente: nervios, enfrentamiento y lucha intestina. Además de mal rollo.

El affair Bescansa. Entran en acción los hiperactivos grupos de Telegram en los que debaten y maquinan los cuadros medios y los dirigentes de partido. Hoy mismo se ha filtrado que en uno de ellos Bescansa ha planteado un plan para el reparto de Podemos. Errejón se quedaría Madrid (a su antojo, como quería), y su apoyo sería clave en el siguiente Vistalegre para que Bescansa se deshiciera de Iglesias, corrigiera "la deriva" del partido y lo controlara a nivel nacional

Boda Roja meets el faccionalismo secular de la izquierda, décadas y décadas de purgas internas e inmolaciones voluntarias.

Carmena dice chao. Entre tanto, a Benioff y Weiss se les ha ocurrido otro loquísimo giro de guión: ¿qué tal si de repente el principal competidor de Podemos por la izquierda le hace una oferta tentadora a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid y estandarte de los ayuntamientos del cambio abanderados por Podemos, para 2019? El globo sonda llega en una comunidad soliviantada en lo político, a un gobierno municipal dividido y en el epicentro de todas las batallas de Podemos.

Whitewalkers al fondo. En fin, para rematar el cuadro a Podemos también le ha salido su propio Apocalipsis remoto pero certero: las encuestas. El partido lleva un año estancado y todo apunta a que, de mediar elecciones generales, caería lo suficiente como para convertirse en la cuarta fuerza parlamentaria. Un largo invierno que, además, se llevaría por delante cualquier esperanza de gobernar en Moncloa para la izquierda y en muchas comunidades. Puro Juego de Tronos.

Imagen | GTRES

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