Polonia se ha cansado de que sus gatos aniquilen a su fauna. Así que los ha declarado "especie invasora"

Polonia se ha cansado de que sus gatos aniquilen a su fauna. Así que los ha declarado "especie invasora"
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Polonia ha declarado la guerra a los gatos domésticos. Acaba de incluir a estos felinos en su lista de especies exóticas invasoras al considerar que perjudican la biodiversidad del país, según ha informado la Academia Polaca de las Ciencias en una nota. Los científicos de la institución consideran que estos animales, al cazar millones de pequeños mamíferos y aves, dañan el entorno natural polaco. Algo que se ve agravado por su alta capacidad reproductiva, que propicia que se formen grandes colonias en muy poco tiempo.

700 millones de presas. De hecho, un estudio de la Universidad de Ciencias Biológicas de Varsovia estimó en 2019 que los gatos domésticos matan a unos 583 millones de pequeños mamíferos y 135 millones de aves al año en Polonia. “Existe una clara evidencia científica de la influencia negativa del gato doméstico en la biodiversidad autóctona”, señalan desde la Academia Polaca de las Ciencias.

Implicaciones. A pesar de la inclusión de los gatos en la lista de especies exóticas invasoras, la academia ha especificado que los considera negativos para la biodiversidad, pero no una amenaza para Polonia. Esto supone una diferencia crucial, ya que al no ser un peligro directo, las leyes de aquel país no obligarán a sus dueños a tener que solicitar permisos para tenerlos en casa ni a las autoridades a llevar a cabo medidas correctivas, como el aislamiento, control o eliminación de los felinos.

Por el momento, lo único que implica esta inclusión en la lista es que los dueños deberán prestar mucha más atención a los animales y procurar que no salgan de casa durante la temporada de reproducción de determinados tipos de memíferos y, sobre todo, aves.

El precedente de Australia. La medida, por tanto, es mucho menos severa, al menos según la información compartida por la Academia Polaca de las Ciencias, que la que tomó hace tres años Australia. El país oceánico decretó en 2019 una persecución sistemática de las colonias de gatos asalvajados y callejeros, con autorizaciones a cazadores para su eliminación incluida, con el objetivo de matar a millones de especímenes en un lustro.

La razón que arguyeron entonces las autoridades australianas es parecidas a la de las polacas: el gato es una especie pseudosalvaje y no autóctona que estaba poniendo en serio peligro la biodiversidad de Australia. De hecho, según los expertos, los felinos habrían acabado con 11 especies de reptiles y 22 de mamíferos locales amenazados en aquel país, y estaban poniendo en serio peligro de desaparición a otras 100.

Igual es culpa nuestra. Los gatos se consideran peligrosos para la biodiversidad porque son cazadores por naturaleza. A pesar de que muchos los consideran animales domésticos, lo cierto es que aún mantienen muy presente su carácter salvaje originario, y lo hacen porque hasta hace poco los seres humanos lo hemos potenciado.

Existen evidencias de que los gatos empezaron a ser utilizados como animales domésticos hace unos 10.000 años, a partir de la aparición de la agricultura, por las civilizaciones de Oriente Próximo, de Egipto a Mesopotamia. Los primeros labradores los introdujeron en sus tierras para combatir las plagas de ratones que asolaban las cosechas, ofreciéndoles comida para que se quedasen merodeando por sus fincas y así, de paso, diesen caza a los roedores.

Los perros, en cambio, llevan junto a los humanos 30.000 o 40.000 años y, pese a que también se han usado todo ese tiempo para la caza y la defensa de sus dueños, están mucho más habituados al hombre, son mucho más dóciles y menos salvajes. Además, se reproducen a menor velocidad y tienen menor capacidad para escapar de casa cuando les place.

Imagen | Jerry Wang

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