Compartir
Publicidad

El PP quiere que gobierne la lista más votada. La Constitución no se diseñó para eso

El PP quiere que gobierne la lista más votada. La Constitución no se diseñó para eso
138 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Es una de las primerasiniciativas estrella de Pablo Casado al frente del Partido Popular: la reforma de la Ley Órganica del Régimen Electoral General para asegurar que gobierne la "lista más votada" en todos los ayuntamientos de España. Con anterioridad, Casado había anunciado una medida similar para las elecciones generales (cuyo sistema electoral se rige por la CE) en caso de acceder al gobierno. Es un anuncio importante, y también uno extremadamente polémico.

¿Por qué? Para el caso del Congreso, porque implicaría reformar la Constitución. Como explican aquí varios juristas especializados, los padres del texto constitucional diseñaron un modelo donde primaba la proporcionalidad. Todas las provincias obtienen dos diputados mínimo (por ley), más otros en función de la población. Es un modelo que, de facto, beneficia a partidos con fuerte implantación rural a escala nacional, como el Partido Popular, ya que genera distorsiones territoriales.

Forzar un modelo mayoritario (en el que el partido más votado obtiene el gobierno automático) acabaría con esta premisa, así como un sistema de "bonus" (al modo griego) en el que la lista con más apoyos suma X número de diputados (el Congreso se puede ampliar hasta los 400 como máximo). La reforma se iría por el modelo simple, más factible.

¿Y a nivel local? La CE no definió el sistema electoral municipal o autonómico, que sí quedó fijado en 1985 y posteriormente en 2011 mediante la LOREG. En ambos casos volvió a primar la proporcionalidad: de arriba a abajo, el sistema electoral español sólo determina la composición de las cámaras (y lo hace asegurando la pluralidad de preferencias políticas). Son los concejales/diputados quienes más tarde eligen al cabeza de gobierno o al alcalde (y no directamente).

TL;DR: cuando votas, no votas a tu alcalde o presidente. El PP quiere cambiar eso.

¿Cómo reformar? La propuesta no es ilegítima, por supuesto. Hay numerosos sistemas electorales en Europa que parten de supuestos mayoritarios (en Reino Unido y algunos estados alemanes a nivel municipal, por ejemplo). Otros, como el francés, el italiano o el griego son mayoritarios corregidos. Es decir, dotan automáticamente a la lista/candidato más votada con una mayoría absoluta que le asegure el gobierno, y reparte el resto de escaños/concejales de forma proporcional. Para Casado, esto aseguraría que el alcalde fuera el que quieren "los ciudadanos".

¿La propuesta? Los populares ya lanzaron un globo sonda en 2014, aunque finalmente (y con mayoría absolutísima) no sacaran adelante la reforma. Ahora Casado ha presentado en el Congreso, mediante su nueva portavoz parlamentaria, Dolors Montserrat, su propuesta: si un partido obtiene el 35% de los votos y cinco puntos de diferencia sobre el segundo, ganaría la alcaldía; si obtuviera el 30% y diez puntos de ventaja, lo mismo. Si no, segunda vuelta con todos los partidos por encima del 15%.

Esto implicaría un segundo voto en el que las preferencias de los votantes que se hubieran decantado por los partidos por debajo del umbral se repartirían entre los supervivientes. Un modelo experimentado en Francia, que el PP considera justo con la proporcionalidad.

¿Para qué? Como algunos expertos apuntaron ya en 2014, el problema de la propuesta es que no arregla ningún problema virtual del sistema electoral. Simplemente elimina los gobiernos de coalición que rigen ahora mismo en ciudades como Madrid, Barcelona o Zaragoza, además de en la mayor parte de las comunidades autónomas y en el Congreso. Una bala de plata que, así planteada, neutralizaría la dificultad del PP a la hora de negociar con otros actores más pequeños.

Sobre el papel, no logra que los ayuntamientos rindan cuentas de forma más efectiva ante sus votantes, aglutinen con más idoneidad sus preferencias o sean más cercanos.

¿Es mejor el actual? Todos los sistemas electorales tienen ventajas y desventajas. Marcan qué tipo de coaliciones políticas se forman. El modelo del PP casa mal con la tradición democrática desde la transición (pactista), pero favorece gobiernos fuertes no sometidos a la inestabilidad parlamentaria. Al mismo tiempo, perjudica a una mayor pluralidad y proporcionalidad en las cámaras. A nivel nacional es extraño con el modelo parlamentario, y no presidencialista, fijado en al CE.

En el caso de los municipios, el argumento de la "estabilidad" podría ser matizado. Los alcaldes pueden caer mediante una moción de censura, pero los ayuntamientos no pueden adelantar elecciones. De hecho, si los concejales no logran ponerse de acuerdo en la votación del pleno para investir a uno de ellos por mayoría absoluta, gobierna automáticamente el primero de la lista más votada. En parte, lo que plantea el PP ya existe.

Imagen: Víctor J Blanco

Temas
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Inicio