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Qué es la escala de Kinsey, o por qué no tenemos una orientación sexual 100% definida
En diez minutos

Qué es la escala de Kinsey, o por qué no tenemos una orientación sexual 100% definida

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Hace unas semanas aparecieron en internet los extras de la edición en DVD del remake de 'Cazafantasmas', y de todos ellos, los que tuvieron más exito fueron diez minutos de tomas descartadas de Kate McKinnon improvisando como Jillian Holtzmann, la científica chiflada del grupo, un personaje al que en varios sitios se ha descrito como "desequilibradora de la escala de Kinsey".

¿Pero qué es la escala de Kinsey y qué está desequilibrando la interpretación de McKinnon? Podríamos resumirla diciendo que es una escala que describe los comportamientos sexuales humanos y que va desde los exclusivamente heterosexuales a los exclusivamente homosexuales, que era una afirmación controvertida y revolucionaria en 1948.

¿Quién era Alfred Kinsey?

Tal vez algunos recordéis 'Kinsey', una película de 2004 en la que Liam Neeson daba vida a este biólogo estadounidense que se propuso estudiar la conducta sexual, inicialmente, de los hombres a través de miles de entrevistas exhaustivas. Su objetivo era sacar a la luz el desconocimiento que había relativo a los comportamientos sexuales y, en concreto, la enorme diferencia existente entre las actitudes sexuales y las prácticas reales.

Su estudio se publicó en dos tomos, 'Conducta sexual del varón' (1947) y 'Conducta sexual de la mujer' (1953), y aplicaba la experiencia de Kinsey estudiando a las avispas a la descripción de los comportamientos humanos. El biólogo y sus colaboradores de la Universidad de Indiana entrevistaron a más de 5.000 hombres y otras tantas mujeres, y les hicieron entre 300 y más de 500 preguntas que pretendían obtener toda la información posible su estatus social y económico, su vida sentimental y, si estaban casados, cómo era su matrimonio, sus experiencias hetero u homosexuales, información sobre su estado físico...

La idea era conseguir la mayor cantidad de datos posibles para tener la panorámica más completa de los comportamientos sexuales reales de las personas, lo que en 1948 expuso a Kinsey a una enorme polémica y, al mismo tiempo, a un gran éxito de ventas, a pesar de que sus estudios estaban escritos con un lenguaje muy académico y que buscaba, a propósito, que sólo pudiera ser comprendido totalmente por estudiosos en ese campo. No eran obras de divulgación.

La escala de Kinsey

Holtzmann Jillian Holtzmann, el personaje de 'Cazafantasmas' que "desequilibra" la escala de Kinsey.

Aquellos dos estudios obligaron a replantearse la manera en la que se estaba estudiando (o no se estaba haciendo) la sexualidad, llena de tabúes. Entre sus hallazgos figuraba que, por ejemplo, la mitad de los hombres y la cuarta parte de las mujeres casados habían tenido aventuras extramatrimoniales, el 69% de los hombres había contratado a prostitutas al menos una vez y que alrededor del 46% de los hombres encuestados había tenido relaciones sexuales tanto con mujeres como con otros hombres.

Por ahí apareció el otro gran hallazgo del estudio del biólogo, y por el que ha acabado siendo más conocido actualmente: la escala de sexualidad. La sexóloga Silvia Catalán explica que esta escala de Kinsey "fue un instrumento de evaluación revolucionario en su época, ya que contemplaba una orientación sexual muy dinámica y con ocho grados diferentes (cuando, tradicionalmente, se habían empleado siempre tres: homosexual, heterosexual y bisexual). Es una escala sencilla que divide la orientación sexual en siete grados: exclusivamente heterosexual, predominantemente heterosexual, bisexual, predominantemente homosexual, principalmente homosexual, exclusivamente homosexual y asexual".

Escala Kinsey

El propio Kinsey explicaba el propósito tras esta escala en 'Conducta sexual de la mujer':

"Es una característica de la mente humana intentar dicotomizar la clasificación de fenómenos... El comportamiento sexual es o normal o anormal, aceptable socialmente o inaceptable, heterosexual u homosexual, y muchas personas no quieren creer que hay gradaciones en estos asuntos de uno a otro extremo".

Hasta aquel momento, la orientación y el comportamiento sexuales se dividían esencialmente en dos, hetero y homosexual, y lo que existía era un paradigma binario. "Tradicionalmente, sevía la heterosexualidad como realidad y el resto de identidades y comportamientos, como un desvío a ésta", explica la sexóloga Delfina Mieville, que añade que, aunque el trabajo de Kinsey fue muy importante, también tiene sus limitaciones: "Se analizaron comportamientos, no tanto cémo se identificaban estas personas. Aunque no hay que denostarla, ya que es a partir de aquí donde se empieza a plantear la sexualidad como una biografía sexual, con muchos componentes, deseo, identidad, práctica, fantasía, etc. Aún hoy tenemos una tendencia a aproximarnos a la sexualidad de forma monolítica y binaria".

Los estudios actuales sobre sexualidad tienen más en cuenta la identificación de sus sujetos, y no sólo sus comportamientos, y se está trabajando sobre un nuevo paradigma, que asume que la sexualidad es más un continuo. Y que puede evolucionar con el paso del tiempo.

Entre lo binario y el continuo

Kiki Fotograma de la película 'Kiki, el amor se hace'.

El año pasado, la Universidad de Notre Dame publicó un estudio sobre la evolución en su orientación y comportamientos sexuales de más de 5.000 mujeres y 4.000 hombres, trazando los cambios que podían experimentar desde que eran adolescentes hasta que entraban ya en la edad adulta, y una de sus conclusiones más llamativas era que las mujeres eran más propensas a sentirse atraídas por personas del mismo sexo a lo largo de su vida, a cambiar su orientación sexual, mientras en los hombres era más raro que esto sucediera.

Ese estudio exponía una de las tendencias de la psicología en el estudio de la sexualidad humana, que es describirla como algo fluido y sujeto a cambios a lo largo de la vida de las personas. Silvia Catalán señala que "hay muchas teorías e hipótesis al respecto, pero lo que más se acepta en la actualidad es que la orientación sexual es algo relativamente fluido y asociado, muchas veces, a momentos vitales. Es decir, sí parece ser que hay una "orientación sexual predominante", pero puede haber ciertas variaciones por motivos diversos, si la persona está abierta a aceptar sus motivaciones".

Los estudios universitarios muestran que las mujeres son más propensas a cambiar su orientación sexual a lo largo de su vida

La doctora Anne Fausto Sterling es una de las más activas en esa teoría de la sexualidad como un continuo. Así lo apunta Delfina Mieville: "Coexisten dos aproximaciones, una completamente binarista y de opuestos, masculino o femenino, hetero u homo; y otra heredera a veces de las corrientes queer, donde se habla de la liquidez y de lo no binario. A mi me gusta una tercera vía, la planteada por Fausto Sterling donde la sexualidad se estudia desde un continuo. En este sentido, la sexualidad de todos y todas cambia a lo largo de la vida".

Sense8 Fotograma de la serie 'Sense8', que se salta las etiquetas de identidad y orientación sexual.

Ahí entra en juego el viejo debate sobre lo innato y lo aprendido y cómo las influencias de nuestras experiencias vitales y de nuestro entorno van forjando nuestra orientación sexual. Que no hay que confundir con identidad sexual, como bien señala Delfina Mieville al afirmar que "cuando hablamos de identidad sexual hablamos de sexo sentido, es decir si la persona se siente identificada con el sexo (más biológico o genital) que se le asignó al nacer. La orientación sexual tiene que ver hacia qué tipo de personas y cuerpos oriento mi deseo. Por lo tanto, una persona, tanto transexual como cisexual (que sería su identidad) puede tener una orientación homo, hetero bisexual".

Silvia Catalán apunta, por su parte, que "la identidad sexual es con qué rol de género me siento identificado/a. Es decir, si siento que soy "mujer" u "hombre" o si siento que no pertenezco a ningún género en concreto ("intergénero"). De esta manera, puedo ser una mujer biológicamente (XX) pero identificarme con un rol de género masculino e, independientemente de ello, que me atraigan mujeres u hombres". "Ahora bien", continúa Delfina Mieville, "cuando hablamos y confundimos la orientación con la práctica queremos decir que la práctica no hace la identidad, aunque sí la construye. Dos hombres pueden haber tenido la misma cantidad de parejas sexuales masculinas y femeninas y no por ello se definirán de la misma manera".

El año de la bisexualidad

Este 2016 es el Año de la Visibilidad Bisexual, una orientación que incluye la escala de Kinsey y que todavía resulta bastante incomprendida y, además, poco estudiada. En palabras de Delfina Mieville, "la bisexualidad es una orientación en sí misma, no un estado intermedio, no es un estadio de confusión; a lo sumo, no más que cualquier otra orientación o momento vital. La confusión, u otros estereotipos como la promiscuidad, no son más propios de la bisexualidad que de otras orientaciones".

La activista británica Kate Harrad explicaba a VICE que "el problema que afronta la gente bisexual es que podemos ser invisibles tanto en las comunidades hetero como en las gay y lesbianas. A veces, eso deja a la gente sintiendo que no tienen dónde ir". Por eso se celebra el Día Internacional de la Bisexualidad, el 23 de septiembre, y por eso es importante que haya más estudios referidos a ella.

La bisexualidad es todavía un campo de la sexualidad humana poco estudiado e incomprendido

Delfina Mieville apunta que, en la actualidad, "ha habido más estudios sobre bisexualidad y comportamiento sexual, como por ejemplo la escala Klein, donde por fin no solo se analiza la práctica, sino también los deseos, las fantasías y los afectos del individuo. Rinna Riesenfeld lo explica muy bien en su libro "Bisexualidades. Entre la homosexualidad y la heterosexualidad".

Todo esto fue posible porque, inicialmente, Alfred Kinsey rompió las barreras de lo que se entendía tradicionalmente como comportamiento sexual, pero su escala no es un test que mida nuestra orientación sexual, sino una herramienta académica para fomentar estudios más amplios. Silvia Catalán concluye que "en todo caso, la orientación sexual no deja de ser una "etiqueta" que nos sirve para clasificar a las personas, por lo que, en realidad, no tiene demasiada importancia con quién te acuestes o por quién sientas atracción sexual".

Imagen | QZAP

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