Que todas las pelis de Navidad sean la misma es la señal de por qué el cine, sin salas, corre peligro

Que todas las pelis de Navidad sean la misma es la señal de por qué el cine, sin salas, corre peligro
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Ya está aquí, el tradicional belén de todos los años. Nos referimos al otro, al cartel fílmico protagonizado por una pareja casi invariablemente heterosexual, blanca, él de verde pardo y ella de rojo, juntos rodeados por una recargada aureola de adornos festivos, tal vez algún animal o instrumento de aderezo dentro del marco, y una palabra sobreimpresa a fuego: Christmas.

Siempre ha habido películas navideñas, pero desde hace unos años los usuarios de redes sociales, no sin ingenio, señalan que da la impresión de que el subgénero se está volviendo más y más masivo y reiterativo. Y tienen razón.

El origen del tropo se encuentra en Hallmark, una bien establecida compañía estadounidense de venta de tarjetas de felicitación que ha ido expandiendo su negocio a la televisión, con dos canales que emiten pelis de sobremesa 24 horas. Esta cadena experimentó un boom en los ingresos gracias a las ficciones navideñas, producciones súper baratas que ponen desde principios de noviembre hasta principios de año y que por algún motivo convencen a las audiencias nacionales, como si deseasen añadir a su menú invernal de villancicos y turrones un buen puñado de visionados pijameros aparentemente distintos pero en el fondo iguales del tópico familiar.

Este nuevo ritual colectivo adquirido para estas fechas tan señaladas coloca a Hallmark como una de las cadenas por cable con más espectadores mensuales, y las instalaciones de emoción y felicidad familiar son vehículos perfectos para los catálogos navideños de grandes almacenes. La cadena ganó en 2017 390 millones de dólares en ingresos publicitarios y 600 millones en 2018. En menos de una década han pasado de hacer 6 telefilmes navideños a 40.

La consecuencia es un deseo de otras corporaciones de capitalizar ese modelo de éxito. En el año 2015 Netflix sólo hizo una peli navideña, pero su crecimiento ha sido progresivo, con hasta 16 propuestas en 2019. El medio Vulture pormenoriza las 82 nuevas producciones provenientes de todos los frentes de la parrilla audiovisual, un empacho a suéteres rojipardos como nunca antes se había visto.

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The Knight Before Christmas, Netflix

Hallmark nunca ha querido hacer cine de calidad, su nicho siempre ha sido el que es. Lo que preocupa a los aficionados es que en esa decisión de las plataformas que sí se acercaban a productos de prestigio las descarten por costosas y decidan volcarse en lo que no deja de ser un fenómeno común al entretenimiento “freemium”: como ocurre con la prensa clickbait o los videojuegos casuales, se invierte poco en cada producto pero se fabrican en masa para ver cuál de ellos es el que finalmente da el pelotazo y hace que rentabilicen todas las demás, lo que lleva a un monocultivo creativo en el que todos copian las fórmulas que ven que han sido de éxito.

Y lo que es igualmente preocupante es que el modelo que encaminan las “Hallmark christmas movies” es el del cine como evento en el que el evento es el principal protagonista. No ves la película por sus actores o su visionario director, sino porque es lo que toca ver en esa fecha. Misma función que el clásico especial de José Luis Moreno pero ahora mucho más duradero. Sabemos que la esfera comercial está promoviendo estirar las épocas festivales cada vez un poco más. Si ahora vemos películas de navidad durante dos o tres meses cada temporada, ¿quién nos dice que se vayan a parar aquí y no hagan que el modelo se expanda a todo el año? ¿Quién nos dice que la página principal de Netflix será una concatenación de celebraciones de la Navidad, San Valentín, inicio del curso escolar y Halloween?

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Siendo totalmente sinceros esto no es del todo nuevo. Las pelis de terror, las de catástrofes o superhéroes venían a cumplir esa misma función, pero las salas de cine, la necesidad de invertir en una exhibición mundial y que las salas decidan mostrar tu idea, obligaba a los productores a alcanzar unos mínimos artísticos que las plataformas, por ser un pasivo en los que la compañía puede arrojar sus artículos a coste cero, no están obligados.

El tiempo y el dinero que Netflix invierte en sus especiales navideños son recursos que quita a otras opciones, y si la duda es si alguna de estas obras podrá ser interesante, sólo debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿cuál fue la última gran película de temática navideña que recuerdas? ¿suele haber en las típicas listas de las mejores pelis de navidad algo posterior a 2010?

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