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Quién es Slobodan Praljak, el hombre que se ha suicidado durante su juicio convirtiéndose en meme

Quién es Slobodan Praljak, el hombre que se ha suicidado durante su juicio convirtiéndose en meme
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La semana pasada, la condena de por vida a Ratko Mladić volvió a poner de actualidad los larguísimos juicios por los crímenes cometidos durante las guerras yugoslavas a mediados de los noventa. El carácter mediático de Mladić, sin embargo, no implica que los juicios a otros variopintos criminales de guerra no sigan su curso. Hoy era el turno de Slobodan Praljak.

Praljak, uno de los generales del ejército croata-bosnio protagonista parcial de la guerra en Bosnia, se ha convertido en un inesperado nuevo meme gracias a... Su suicidio. A su particular escenificación. Poco después de ser condenado a veinte años de cárcel por sus muy diversos y variados crímenes, Praljak se ha levantado, se ha dirigido al juez y ha ingerido lo que, en apariencia, era un vasito repleto de pastillas. Un suicidio teatralizado.

Horas después, ha muerto. En fin, como quiera que Praljak proyectaba una imagen gigantona y bonachona (un hombre anciano de pelo canoso, ancha nariz y pómulos enrojecidos: lo más parecido a Papá Noel que ha pasado por La Haya en los últimos años), y dado lo cómico de su suicidio (un hombre incapaz de proyectar pena, al fin y al cabo, al ser un criminal de guerra), el momento se ha convertido en un hit viral.

Al rato, Twitter ya estaba repleto de chistes meméticos gracias a los cuatro actos del suicidio (el afectado discurso frente al juez, la mirada perdida, la mandíbula abierta dispuesta a recibir la cicuta, el momento en el que se ingiere). La vis cómica del vídeo y la tradicional querencia del meme a juguetear con la exaltación hiperbólica del drama ("haber si me muero" como lema vital de la generación millennial) han hecho el resto.

Pero un segundo, ¿quién es este señor del que nos estamos riendo?

La oscura historia croata en la guerra de Bosnia

No es que al meme esto le importe: la mayor parte de los protagonistas del humor digital son anónimos, o como mínimo descubrimos sus identidades a posteriori. Pero en el caso de Praljak es interesante contar su historia porque, de este modo, nos acercamos a uno de los episodios más macabros y complejos de la historia reciente de Europa: las guerras yugoslavas y, muy especialmente, todo lo que sucedió en Bosnia, limpiezas étnicas incluidas.

Como vimos ya tras la sentencia de Mladić, Yugoslavia se encontraba en una situación límite a principios de la década de los noventa. A la declaración relativamente pacífica de Eslovenia le siguió la de Croacia, mucho más explosiva por su mayor diversidad étnica. Poco después, la entidad federada de Bosnia, la más diversa de cuantas componían Yugoslavia, hacía lo propio. Tanto para la clase política serbia como para Slobodan Milošević, su presidente, este camino era inasumible, por lo que optó por ir a la guerra.

Mapa Bosnia en 1991. En naranja, los municipios de mayoría croata. En verde, los de mayoría bosníaca. En azul, los de mayoría serbia. Todas las facciones tratarían de hacer de sus territorios enclaves homogéneos.

Las razones que catapultaron la tragedia en Yugoslavia fueron variadas, pero en el caso de Milošević se fundamentaba en un deseo de crear una Gran Serbia. Aquel proyecto chocaba con las independencias del resto de repúblicas federadas: los serbios (ortodoxos, al contrario que los croatas, católicos, o que los bosnios, musulmanes: todos ellos hablaban la misma lengua) se repartían tanto por el corazón de Bosnia como por el de Croacia. Ninguno de los tres actores de la guerra eran territorios homogéneos étnicamente, como sí lo era Eslovenia.

Para el caso de Bosnia, el caso era de particular dramatismo. En su interior habían convivido durante siglos croatas, serbios y bosnios, cuya identidad se había amalgamado bajo la yugoslava para diverger tras la caída del bloque comunista. En Bosnia, Serbia utilizó los remanentes del ejército yugoslavo para apoyar a los serbo-bosnios en la creación de su particular república independiente: Srpska. Mladić era el comandante del ejército serbobosnio, que aspiraba a dominar el este y parte del norte de Bosnia.

El problema es que aquellos territorios no estaban habitados exclusivamente por los serbios. En un montón de comarcas y municipios había enclaves bosníacos, musulmanes, que restaban legitimidad al proyecto de una República de Srpska íntegramente serbia (república que, por supuesto, se agregaría al gran proyecto de la Serbia post-yugoslava de Milošević). La limpieza étnica de Srebrenica, junto a muchas otras que acabaron la vida con decenas de miles de bosnios, buscaba crear una Srpska serbia, homogénea.

Mostar El puente colgante temporal instalado en Mostar tras el derrumbe del original. La foto data de 1998. Años después, se reconstruiría.

Si bien Serbia ha pasado a la historia como la mala de la película, Croacia acometió su particular proyecto homogeneizador tanto en su propio territorio (en el que habían residido familias serbias durante generaciones) como en Bosnia, donde había una nada despreciable población croata (concentrada en la costa del Adriático).

Al igual que Serbia apoyó la creación de un estado independiente dentro de Bosnia, Srpska, con sus fuerzas armadas particulares (el Ejército Serbo-bosnio de Mladić), Croacia hizo lo propio con República Croata de Herzeg-Bosnia, un proto-estado dentro de Bosnia que aspiraba a emular las fronteras de una hipotética Gran Croacia. Esta república también contaba con sus propias fuerzas armadas, el Consejo Croata de Defensa, entre cuyos generales se encontraba Slobodan Praljak, y batalló al ejército bosníaco por el control del oeste del país durante dos años.

Praljak, nuestro hombre en Mostar

Fue una de las muchas guerras paralelas libradas en Bosnia y Yugoslavia entre 1992 y 1999, y tuvo consecuencias igualmente terribles para la población local. Del mismo modo que Mladić arrasó ciudades y poblaciones enteras para extirpar a los bosníacos musulmanes del este de Bosnia, el Consejo Croata de Defensa, apoyado por el ejército regular de la hoy República de Croacia, cometió numerosas limpiezas étnicas (como la terrible del valle de Lašva) y buscó vaciar de pobladores bosníacos los territorios que reclamaba.

En esencia, Consejo Croata de Defensa emuló a pequeña escala los crímenes cometidos por todos los ejércitos de la época en Bosnia y el resto de Yugoslavia. Su objetivo, ya decimos, no se diferenciaba demasiado del de Mladić en Srpska: evacuar o exterminar a la población bosníaca de los territorios reclamados para República Croata de Herzeg-Bosnia. Y en esta historia, Praljak tiene un especial protagonismo durante el sitio croata de Mostar, al sur de la actual Bosnia-Herzegovina.

Durante los primeros compases de la guerra, Mostar fue rodeada y sitiada por el ejército serbo-bosnio. La combinación de fuerzas del Consejo Croata de Defensa y del ejército bosnio liberó la ciudad. Sin embargo, los crecientes conflictos entre las dos facciones antaño aliadas escalaron hasta la guerra croata-bosnia, dividiendo Mostar en dos mitades. Iniciadas las hostilidades, el Consejo Croata de Defensa de Praljak terminó sitiando la otra mitad, provocando una crisis humanitaria y destruyendo gran parte del rico patrimonio de la ciudad.

Hiue Praljak durante su juicio, poco antes de suicidarse. (Robin van Lonkhuijsen/AP)

Durante el sitio, Praljak impidió el acceso de convoyes humanitarios de la ONU y fomentó una matanza indiscriminada de civiles bosníacos, al mismo tiempo que, de forma muy icónica, volaba por los aires el puente otomano construido durante el siglo XVI. Mostar y su puente quebrado, una joya arquitectónica, se convirtieron así en el símbolo de los horrores de la guerra yugoslava. Detrás de aquellos se encontraba Praljak, que terminaría siendo juzgado por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia.

Poco antes de su suicidio, Paljak había sido condenado por diversos crímenes contra la humanidad (evacuaciones forzosas, violaciones, asesinatos, destrucción del patrimonio, persecución sistemática de los bosníacos, y el resto de packs adheridos a los sanguinarios generales yugoslavos de aquella). Le habían caído veinte años. "Paljak no es un criminal, rechazo su veredicto", dijo antes de ingerir el veneno.

A las pocas horas, moría. Y se convertía en meme. Un meme que, al menos, puede servir para recordar los terribles crímenes cometidos en Europa hace escasamente veinte años. El último genocidio del continente, perpetrado por hombres como Paljak.

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