Las redes sociales no sólo hacen el mal. En India están siendo imprescindibles para salvar vidas

Las redes sociales no sólo hacen el mal. En India están siendo imprescindibles para salvar vidas
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Cuatro años después de la elección de Donald J. Trump, The New York Times publicaba una columna de opinión titulada: "Facebook ha sido un desastre para el mundo". La frase resumía bien el sentir general de buena parte del pensamiento liberal/progresista para entonces. Las redes sociales habían "roto la democracia", acrecentando la polarización, facilitando las cámaras de eco y distorsionando la frontera entre la propaganda, la información y la falsedad. Las redes sociales eran El Mal.

Pero no siempre.

El caso indio. En determinadas circunstancias, aquel ideal tan ingenuo bajo el que nacieron algunas de las plataformas más populares de nuestro tiempo ("conectar a la gente") ha resultado ser cierto. Tenemos un ejemplo cercano en India. Las instituciones públicas han sucumbido a una epidemia de proporciones inéditas en el resto del mundo. En su pico de contagios, India reconocía más de 360.000 casos diarios. Su número de fallecidos per cápita es ya el mayor del mundo. Los hospitales, precarios, han ofrecido escenas dantescas, con personas "ingresadas" en la calle.

La conexión. Tal es la carestía de información disponible para los ciudadanos que muchos de ellos han optado por organizarse al margen del estado. Y lo han hecho en las redes. Lo relata este reportaje de MIT Technology Review: aplicaciones como Twitter o Facebook o incluso Tinder están sirviendo para ofrecer información sobre el número de camas disponibles en un hospital; acceso a botellas de oxígeno; o donantes de plasma ya inmunizados con coronavirus. Una organización horizontal e informal que distribuye recursos allá donde se necesitan.

Los ejemplos. En Twitter el procedimiento es sencillo. Alguien en la ciudad de Indore (el trabajador de un centro sanitario o el familiar de algún paciente en estado grave) necesita un medicamento, pongamos (hay escasez de todo). Acude a Twitter y escribe: "Urgente - Indore - Se necesita anfotericina B en Indore". El mensaje se comparte cientos de veces. A las pocas horas, otro tuitero comparte un gráfico donde se detalla el número de pacientes con anfotericina B programada en los hospitales de la región, de tal modo que pueda contactar con ellos para obtenerla.

Otro caso recurrente: "¿Hay camas con oxígeno disponibles en Delhi? Por favor, enviad pistas". El mensaje se comparte cientos de veces. Otros usuarios comparten partes informativos con el estado de la presión hospitalaria en cada ciudad, detallando el número de camas disponibles; ofreciendo teléfonos de contacto; y explicando a qué hora obtuvieron la información. La mayor parte de estos mensajes se acompañan con el hashtag #verified (verificado), señalando que el dato es fiable (porque lo han contrastado en primera persona o a través de una fuente).

Mano a mano. En la mayor parte de los casos la colaboración es un boca-a-boca. Otras veces el sistema es más sofisticado. Un grupo de ingenieros y desarrolladores llamado Creator of Products, por ejemplo, ha lanzado un app donde cada usuario puede comprobar dónde hay camas, medicamentos, oxígeno y ambulancias disponibles (datos siempre verificados). Pone orden y facilita la información, algo crucial para evitar el mercado negro del oxígeno (con el precio un 1.000% al alza).

Por su parte, tanto Twitter como Facebook han actuado de forma independiente para poner algo de claridad en el caos que vive el país. Los primeros han habilitado una "búsqueda covid" donde cualquier usuario puede buscar todo tipo de material médico (camas UCI, respiradores, oxígeno, tests, plasma, ambulancias e incluso comida) a través de fuentes verificadas y acotando por región o ciudad. Los segundos han desarrollado una aplicación que facilita la localización del centro de vacunación más cercano (crucial en un país de ritmo aún lento).

Una defensa. Todo esto ha llevado a algunos expertos a enmendar la visión negativa y apocalíptica que medios y usuarios hemos proyectado sobre las redes sociales. "Estas plataformas", argumentan aquí Sakshi Ghai y Amy Orben, investigadoras de la Universidad de Cambridge, "están permitiendo a un ejército de voluntarios ofrecer información precisa y recursos vitales a aquellos que más los necesitan (...) Esta ayuda, habilitada por los medios digitales, es a menudo la diferencia entre la vida y la muerte para miles. Y los indios lo están haciendo por sus familiares y por desconocidos".

Menos malas. Su trabajo ha rotado en gran medida en torno al impacto real de las redes sociales en nuestras vidas. ¿Su capacidad para provocarnos más estrés y ansiedad social? Es menos pronunciada de lo que parece y también tiene efectos positivos en nuestra salud mental. ¿Su carácter destructivo en las democracias liberales? Quizá en Occidente, pero no en países de corte autoritario como India, donde el gobierno ha aprobado una reforma que llevaría a una suerte de censura institucional de las redes sociales. Allí, al igual que en la ayuda humanitaria, abren puertas.

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