Ya sabemos quién ha salido ganando de la gran crisis energética del año pasado: el carbón

Ya sabemos quién ha salido ganando de la gran crisis energética del año pasado: el carbón
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Cuando Vladimir Putin tomó la decisión de invadir Ucrania desató a varios demonios geopolíticos largamente adormecidos. Uno de ellos fue el energético. Siendo Rusia una economía centrada en la explotación de recursos, era natural que las sanciones se dirigieran hacia sus exportaciones de petróleo o gas natural. Las consecuencias fueron y siguen siendo dramáticas, si bien los cimientos llevaban meses aposentándose con discreción.

2021 ya fue un año de crisis energética. Uno en el que muchos perdieron y unos pocos ganaron.

Todo al negro. Lo ilustra el Estudio Global de la Electricidad elaborado anualmente por Ember. A lo largo de 2021 dos fuentes de energía ganaron terreno respecto a todas las demás: la suma de las renovables, con el 38% de la producción eléctrica mundial... Y el carbón. Su aportación al mix eléctrico internacional aumentó un 9% a lo largo del año pasado, colocándolo un 2% por encima del anterior récord (2018).

Traducido: nunca antes habíamos quemado tanto carbón para encender la luz o calentarnos.

Variaciones. Es algo llamativo si pensamos en los esfuerzos acumulados por diversos gobiernos e instituciones internacionales para reducir la quema de carbón, un combustible al que podemos atribuir un alto porcentaje del calentamiento global que hoy nos acecha. Su renacimiento fue muy variado: creció un 9% en China, un 11% en la India, un 8% en Pakistán y un 8% en Filipinas. En Europa y Estados Unidos, pese a un repunte respecto a 2020, siguió por debajo de sus niveles de 2019.

Complejo. Así pues, los rumores sobre la muerte del carbón eran exagerados. Sólo hay una lectura positiva en este proceso: las renovables le han superado por primera vez en su aportación a la electricidad mundial. Es una paradoja escasamente sorprendente: sabemos que algunos países (los más ricos) se están quitado del carbón, mientras que otros (los que aún están en vías de desarrollo o los que siguen siendo muy dependientes de sus puestos de trabajo, como, ejem, Alemania) no.

Si hay crisis, negro. Si el carbón sigue tan presente en nuestras vidas es porque todos los países, sin excepción, recurren a él en momentos de crisis. Lo vimos ya en septiembre del año pasado: el errático suministro de gas natural por parte de Rusia disparó las importaciones de carbón entre los estados miembros de la Unión Europea a las puertas del invierno. Y lo hemos visto hace algunas semanas. Sin carbón ruso, ahora vetado, Europa redobla su crisis energética. Sigue siendo vital.

Siempre vuelve. En la práctica, como bien sabe Japón, el carbón es demasiado rentable como para dejarlo de lado. El año pasado movió más de €1.500 millones. A la hora de la verdad, ni siquiera los bloques económicos más comprometidos con el cambio climático, como la UE, han priorizado las cuestiones medioambientales antes que las energéticas (es decir, que las económicas). Cuando asoman nubes negras en el horizonte, hay una certeza a la que resulta imposible resistirse: el carbón.

Imagen: Albert Hyseni

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