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Siete gráficos que explican el impactante regreso de la extrema derecha al parlamento alemán

Siete gráficos que explican el impactante regreso de la extrema derecha al parlamento alemán
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Alternativa para Alemania ya es la tecera fuerza más importante del corazón y motor económico de Europa, del país que alumbró al nazismo y que purgó los pecados del extremismo político tras un conflicto bélico brutal y una posguerra milagrosa.

Alemania alcanza así el punto de no retorno de la nueva política europea, de la descomposición del sistema de partidos clásico y del auge de los populismos a un lado y a otro del tablero político. Sus particularidades históricas propias y su propia configuración territorial habían frenado el que, a la postre, es el escenario común en centroeuropa: el bloque conservador-socialista disminuido y un partido de extrema derecha sobrecrecido.

El escenario debilita al SPD, deja en interrogante la coalición de futuro de Merkel, desbrozada por el estrellato de Alternativa para Alemania, y plantea serias dudas sobre el papel de un partido abiertamente xenófobo y populista en regiones tan delicadas como la antigua RDA. Un terremoto político que no por previsto resulta menos impactante, y que poco o nada tiene que ver con aquellos últimos partidos extremistas que, en los '50, pisaron por última vez el Bundestag.

1. Es el peor resultado de la CDU desde la guerra

Hablar de hegemonías políticas en Alemania es hablar de la CDU. El partido democristiano levantó las ruinas generadas por la Segunda Guerra Mundial y encarriló una sempiterna prosperidad que sólo se vio truncada por la dura digestión de la RDA. En un país conservador, la CDU (y la CSU en Baviera) era por defecto El Partido. Pero nada dura para siempre.

El porcentaje de voto de la CDU/CSU ha sido el más bajo desde el fin de la guerra, un aún impresionante 33%, pero lejos de la boyantía rozando el 50% de Strauss y Kohl, e incluso por debajo de los años de vacas flacas a la sombra del SPD de Schröder. Para Merkel es un fuerte varapalo, aunque es el único político alemán con la legitimidad suficiente como para entablar negociaciones de gobierno. La cuestión es qué tipo de gobierno.

Las posibilidades que tiene Merkel sobre la mesa son limitadas. El SPD ya no vale como único interlocutor (ahora veremos por qué), y los liberales salieron escaldados de su última aventura de gobierno como socio minoritario. Hay posibilidades de entendimiento con los verdes. Pero el veto obligado a AfD y la repentina rebeldía de la CSU, que se plantea formar grupo parlamentario propio, puede complicar la formación de gobierno. Y mucho.

2. El SPD consuma un descalabro histórico

Peor lo tiene la socialdemocracia alemana. Tras un repunte en los sondeos cuando se anunció la candidatura de Martin Schulz, el partido comenzó a perder terreno. El resultado de ayer confirma las peores expectativas: un 20% del voto, su peor resultado desde la Segunda Guerra Mundial con mucha diferencia, prueba definitiva de la inexorable decadencia del socialismo europeo incluso allí donde fue más fuerte.

Al contrario que la CDU de Merkel, el SPD ya no es un partido de gobierno en Alemania. Le ha terminado sucediendo lo mismo que al laborismo, al socialismo francés o al socialismo español: de una posición hegemónica junto a su par conservador a un carácter disminuido y desdibujado. Schulz ha agotado todo su capital político tras este resultado y ha dejado a la izquierda alemana en una posición precaria, dado que su descenso no lo han recogido los verdes.

En un magma que ha derretido la tradición coalición electoral alemana y a los dos partidos de gobierno de los últimos cinco años, los dos mayoritarios, AfD ha encontrado un espacio en el que crecer. Y lo ha hecho a lo grande.

3. Alternativa para Alemania ya sabe ganar fuera de la RDA

Los antiguos estados federales de la República Democrática Alemana habían sido tanto el caladero ideal para el post-comunismo de Die Linke como para un partido como Alternativa para Alemania, capaz de pescar en el resentimiento de la desindustrialización y del repentino crecimiento de la inmigración, fueran ambas emociones reales o sólo fantasmagóricas.

Hasta ahora, AfD había crecido a través del este. Fue en sus estados en los que logró temprana representación federal, y era donde contaba con mayores expectativas de voto. Se han cumplido. Alternativa para Alemania ya es la segunda fuerza política en todos los estados post-RDA, desbancando a Die Linke y, en Sajonia, superando ala CDU. Es su mayor bastión, el mismo que ha legado movimientos como Pegida.

Ahora bien, las elecciones de anoche dejan otra lectura: AfD está saliendo de Alemania del Este. En Baviera (donde la hegemonía de la CSU desde el fin de la guerra deja como un aficionado al PSOE andaluz) se ha quedado a tres puntos de los socialistas. Y en otros puntos (fundamentalmente rurales y conservadores) del país ha ganado pulso, como en Baden-Württemberg o Hesse. AfD no es un exotismo local, es un fenómeno nacional.

4. La extrema derecha no ganaba representación parlamentaria desde 1957

El impacto de Alternativa para Alemania es grande. El país no observaba partidos de extrema derecha en el Bundestag desde las elecciones federales de 1957. En aquella ocasión, el Deutsche Partei obtuvo 17 escaños, en su última aparición antes de precipitarse por el sumidero de la historia para siempre.

Tanto el Deutsche Partei como el Bloque Pangermánico/Liga de los Expulsados y Privados de Derechos surgieron al albur del clima de posguerra. Ambos buscaron amasar parte del voto nacionalista que pudiera quedar en la Alemania post-nazi. El Bloque Pangermánico surgió, de hecho, con el objeto de representar a los millones de alemanes expulsados de sus tierras en el Este de Europa tras la guerra, en la crisis de refugiados más grande que ha vivido el continente.

Aquellos alemanes de fuera de Alemania vivían en un estatus identitario y legal indefinido y el Bloque Pangermánico pescó en su caladero. El partido llegó a formar parte de uno de los gobiernos de Adenauer con dos ministros (ambos ex-nazis). Por su parte, el Deutsche Partei logró cierto éxito gracias a su discurso nacionalista, y tras su caída sirvió de fermento para la creación del NPD actual, aún más extremista que AfD.

Por características y contexto, sin embargo, Alternativa para Alemania representa no sólo un salto exponencial en términos numéricos (ninguno de los dos partidos mencionados anteriormente obtuvo tantos escaños), sino de fondo. La tendencia y las causas de su ascenso son más estructurales. De ahí su carácter histórico.

5. El mapa político alemán se está reorganizando

Prueba de ello es que Die Linke, un partido que obtiene grandes lotes de representación parlamentaria gracias a su intensa presencia en Alemania del Este, se esté expandiendo al oeste. En 2017, las mayores ganancias de La Izquierda se han registrado en los antiguos estados de la RFA, mientras que ha perdido terreno en la RDA, fundamentalmente gracias al empuje de AfD.

Para Die Linke es una mala señal, aunque siguen siendo una fuerza mayoritaria en los estados post-RDA. Su problema es de competencia: el espacio que podrían ocupar a la izquierda del SPD lo tienen ganado los verdes en el resto de la RFA.

Por su parte, la CDU está dejando de ser tan hegemónica. En Baviera ha perdido un terreno notable, lo que ha propiciado la preocupación de la CSU, ya muy activos y muy radicales en sus políticas anti-refugiados. Y en el este se ha hundido también por culpa del empuje de AfD. Y mientras tanto, los liberales han vuelto a crecer en las tierras del Rin y del norte, gracias en gran medida a la pérdida de espacio de la CDU y del SPD.

6. Y el parlamento se está agrandando para todos

Una sentencia del Tribunal Constitucional ha provocado que el Bundestag se haya hecho más grande para todos. El resultado son más de 700 diputados que ha permitido a casi todos los partidos pequeños, como AfD, Die Linke o los Verdes, superar su récord histórico de escaños. Tanto los Verdes como La Izquierda han mejorado sus resultados de 2013 (ambos rondando ya el 9%) pero no su máximo histórico (por encima del 10%).

Por su parte, los liberales del Freie Demokratische Partei han vuelto al Bundestag con 80 escaños y el 11% de los votos tras el estrepitoso fracaso de 2013, donde perdieron su representación parlamentaria por primera vez en la historia.

Lo que revela que el cambio político en Alemania es estructural: nunca antes se habían juntado en el Bundestag tantos partidos con porcentajes de voto tan altos. Seis de ellos por encima o rondando el 10%, en un escenario que, consumado el desastre del SPD, obligará a Angela Merkel a hacer piruetas para formar un gobierno. Una coalición CDU-Liberales-Verdes no es quimérica, pero si necesitará de contorsionismos políticos para hacerse realidad.

El panorama político alemán, tras décadas de hegemonía casi absoluta del centro-conservador y el centro-izquierda, se está haciendo más plural. Definitivamente.

7. ¿Una Alemania más fragmentada?

La idea de la coalición CDU-FDP-Verdes tiene nombre: Jamaica (por los colores de los tres partidos, negro, amarillo y verde). Y también tiene un claro territorio delimitado: el oeste, parte del norte y el sur (el dominio de la CSU sigue siendo inigualable). Un posible gobierno entre los tres partidos depararía un gobierno profundamente RFA, en el que los antiguos territorios de la RDA y otros más rurales de Hesse o Westfalia tendrían poco peso.

La nueva república de Jamaica. En un mapa de Der Spiegel.

Los tres partidos son idiosincráticos del oeste, especialmente Verdes y liberales, cuya representación parlamentaria en la RFA surgió como una constante tras los sesenta y cuyo caladero de votantes está en sus antiguos territorios. Un gobierno jamaicano sería un gobierno que, de forma paralela, dejaría de lado a los partidos que, amén de la CDU, cuentan en el este. Lo que revela una Alemania fragmentada. Más fragmentada desde la caída del muro.

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