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Una suerte de eurobonos condicionados: qué implica el plan de reconstrucción europeo de Francia y Alemania

Una suerte de eurobonos condicionados: qué implica el plan de reconstrucción europeo de Francia y Alemania
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La respuesta de los “frugales” ante el último anuncio conjunto de Berlín y París debería darnos una pista del éxito que supone este anuncio de Europa para los “amigos de la cohesión”: “nuestra posición no ha cambiado. Esto debe hacerse bajo la forma de préstamos y no de subvenciones”, ha rabiado el canciller austriaco Sebastian Kurz al enterarse. Sin embargo sus palabras no tienen ya ningún peso político después de lo acordado.

El Gran Fondo para la Reconstrucción de Europa será, al parecer, algo más cercano a los eurobonos que a la deuda. Se ha acordado crear un fondo de ayudas de 500.000 millones de euros en forma de subsidios y no de créditos. Lo volvemos a decir: no son préstamos, son transferencias. No habrá ingeniería presupuestaria ni multiplicadores de deuda.

Estos subsidios a) se otorgan a través de los fondos de los presupuestos comunitarios de la UE durante los próximos siete años y no de cada país b) se adelantarán en forma de compra de deuda por parte de la Comisión Europea (aunque se han cuidado de no llamarlo “emisión de deuda común”, la idea de los eurobonos) c) irán a parar a los sectores impactados y no a los países, de forma que su gestión será europea d) no tendrán que ser devueltos por los beneficiarios sino que la propia UE irá sufragando este gasto a largo plazo.

¿Dónde está el truco? Merkel y Macron dicen haber entendido que si no se vuelcan en lo común ahora, con la mayor crisis económica de la historia reciente mundial, la UE corre el peligro de perder por completo su sentido y el apoyo de sus miembros. “De acuerdo”, han pensado, “si la idea de la Unión es hacer un proyecto común, la condicionalidad es que ese proyecto salga reforzado como un bloque único y competitivo en el panorama internacional”.

Green Deal, la lucha por lo tech, la Europa de la sanidad

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Aunque se entiende que habrá solidaridad, el dinero irá sobre todo a parar a una reconstrucción que prime la transición ecológica y digital. Industrias más verdes, como por ejemplo muestra el rescate de Francia a Air France a cambio de que al término de la crisis sea la “más respetuosa con el medioambiente del mundo”.

Esto afectará, claro está, a los países que menos inviertan en ecología. Habrá que ver también cómo se adelgaza de otros lados, como por ejemplo, la PAC (Política Agraria Común) que tanto dinero se lleva y tanto beneficia a países como España. Y lo mismo, dado que ya se está hablando de modificar los Tratados comunitarios, los rescates a los sectores menos interesantes para la CE podrían ir condicionados a reformas e incluso recortes.

Otro pilar anunciado será la soberanía tecnológica. Ya han dejado ver que Europa, en lo tocante a lo digital, se ha centrado demasiado en los derechos al consumidor europeo y poco en su competitividad internacional. Las otras tres preocupaciones: una mayor independencia tecnológica europea de los gigantes mundiales, una apuesta por las industrias “campeonas” y una cesión mayor de la soberanía nacional a Europa en lo sanitario para dar una respuesta más coordenada, rápida y unitaria en futuras crisis como la que estamos viviendo ahora.

Por el momento se ha creado una Conferencia sobre el Futuro de Europa, con un calendario amplio de dos años para desarrollar todo lo anunciado con mayor precisión. Dado que los detalles de la financiación están aún abiertos, los Estados tendrán más que negociar y la lucha será intensa. Por ejemplo, la Comisión Europea ha adelantado que el plan “se basará en un compromiso de los Estados miembros para aplicar políticas económicas acertadas y un ambicioso programa de reformas”, aunque no ha especificado qué significan esas palabras.

Aún así, y aunque el monto queda por debajo de los deseos iniciales de los países más afectados, el proyecto parece bastante atado: según los líderes francoalemanes, Italia, España, Portugal y Países Bajos dicen estar dentro.

Un volantazo hacia “más Europa”

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Ya no cabe ninguna duda de que el coronavirus ha cambiado el rumbo de la política comunitaria. Apenas hace tres meses, a finales de febrero, el club europeo discutía la firma de los presupuestos para los próximos siete años después de la amarga salida de uno de sus socios más importantes, Reino Unido.

Cuando aún no éramos conscientes de la que se nos venía encima los países del norte y los del sur pugnaban por adelgazar esos presupuestos de un 1.16% de la Renta Nacional Bruta (RNB) del último acuerdo al 0.904% que pedían los más avaros, una discusión en la que Alemania se posicionaba más en este segundo grupo y Francia en el primero y que ya había dado muestras de cómo Europa menguaba en las últimas décadas. Las dos superpotencias han dejado de lado sus diferencias y han apostado por la unión: ese porcentaje se ha expandido al doble, al 2%. En la historia de la Unión, el marco nunca había superado el 1.33%.

Ah, aunque se harán transferencias urgentes para salvar a los más afectados por la pandemia, como España, esto no significa que las cuentas nos salgan del todo positivas: desde la salida de Reino Unido ahora somos la cuarta potencia de la unión, así que con ese incremento al 2 es seguro que la factura va a subir.

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