Tarde, mal y con menos garantías: el problema de vacunar ahora a la Selección Española

Tarde, mal y con menos garantías: el problema de vacunar ahora a la Selección Española
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Una vez más, el clima mediático que rodea a la Selección Española de Fútbol ha saltado por los aires en los días previos a un gran torneo internacional. Si en 2002 fue un frasco de colonia; en 2016 la supuesta relación con una casposa estrella pornográfica; y en 2018 el despido fulminante del seleccionador; hoy nos topamos con el positivo por coronavirus de uno de los convocados y la posible vacunación exprés de todo el equipo. Una mezcla de imprevisión, prisas y escándalo público.

Un clásico en España.

El origen. Hay que buscarlo en la noche del domingo, cuando la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) comunica el positivo por coronavirus de Sergio Busquets, capitán de la selección. Todos los demás jugadores dieron negativo. Busquets fue apartado de forma inmediata, aunque su participación en el torneo no está descartada (sí en el primer partido). Las dudas comenzaron de inmediato: ¿hasta qué punto corría riesgo la participación de la selección en la Eurocopa si uno de los futbolistas, plenamente conviviente con el resto, se había contagiado?

El riesgo. Año y medio después todos estamos familiarizados con el protocolo a seguir cuando un contacto estrecho da positivo: prueba PCR y aislamiento de diez días. Hay circunstancias especiales, pero los expertos sanitarios han sido claros desde el inicio de la pandemia: un negativo por PCR no excluye de cumplir con la cuarentena. Por motivos evidentes, España seguirá otro camino. El aislamiento se reducirá a cuatro días y a burbujas de tres. Los entrenamientos continuarán, pero de forma individualizada. Todo ha supuesto gran un contratiempo.

También Portugal se a cogerá a circunstancias especiales: Busquets jugó el viernes un amistoso frente al combinado luso. Al contacto del deporte se sumaron saludos, abrazos y conversaciones antes, durante y después del encuentro. Según la UEFA, ninguno de los futbolistas portugueses en contacto con Busquets está en riesgo de contagio. Todos han dado negativo tras PCR. No se someterán a aislamiento.

La vacuna. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? En buena medida porque ningún jugador estaba vacunado. El Ministerio de Sanidad no había priorizado su inmunización. Es una estrategia seguida por otros países: ni Alemania ni Francia ni Inglaterra ni Portugal llegaban a la Eurocopa con la vacuna bajo el brazo. Algunos jugadores sí la habían recibido de forma individual (Mbappé), y también algunas selecciones, priorizadas por sus respectivos gobiernos (Italia, Polonia, Rusia). Había protocolos y muy especialmente una opinión pública reacia.

Al fin y al cabo sólo es fútbol.

La urgencia. Pero el fútbol, ya lo sabemos, es siempre algo más. El positivo de Busquets, la lista corta elaborada por Luis Enrique (sólo ha cubierto 24 de las 26 plazas habilitadas por la UEFA) y la perspectiva de rehacer la convocatoria por completo (hay cuatro incorporaciones provisionales en caso de que otros jugadores den positivo) ha movilizado al aparato del estado. Ayer Sanidad filtraba un rumor: el gobierno estudiaba vacunar por vía urgente a la selección. Hoy está más o menos confirmado. Se espera que todos los futbolistas reciban la primera dosis mañana.

Los problemas. Como en toda chapuza que se precie, la solución ahora es un parche repleto de incógnitas. Existe la posibilidad (si bien baja) de que alguno de los jugadores se haya contagiado pese a la PCR negativa, lo que generaría aún más dudas en torno al protocolo sanitario y limitaría la efectividad de la vacuna. Por otro lado, ninguno de los convocados alcanzará la plena inmunidad hasta dentro de varias semanas, cuando el torneo medie su ecuador. Son problemas derivados de haber postergado la inmunización y que dibujan más incertidumbres sobre la selección.

Luego está el ángulo político, más importante si cabe. Buena parte de la opinión pública ha recibido la inmunización exprés con abierta hostilidad. A esta hora proliferan artículos de opinión bajo el marco "futbolistas sí, cajeras no", ahondando en el agravio comparativo de una élite privilegiada de deportistas profesionales; y miles de tuits denunciando la aparente invulnerabilidad del fútbol respecto al mundo exterior ("el mensaje que se lanza es el de siempre… En el fútbol todo vale. Ellos se saltan las franjas de edad, los confinamientos, las restricciones, las cuarentenas").

La imagen. Nada de esto opera en el vacío. Llevamos meses debatiendo sobre qué es y qué no es un trabajador esencial (sanitarios y profesores ok; ¿pero qué hay de repartidores o camareros?). La selección ha entrado en la discusión, delicada, como un elefante en una cacharrería. Y lo ha hecho por hacerlo tarde y mal. Nadie ha debatido la conveniencia de vacunar a los deportistas olímpicos. Muchos de ellos ya están inmunizados. La selección de fútbol, sin embargo, proyecta la imagen de un niño caprichoso: no planifica, comete una torpeza y se acude raudo a su socorro mientras la mayor parte del país sigue esperando su vacuna.

Un ambiente idóneo para caer en cuartos en la tanda de penaltis.

Imagen: Manu Fernández/GTRES

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