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¿Terrazas cubiertas? El dilema de ayuntamientos y hostelería frente a un invierno de coronavirus

¿Terrazas cubiertas? El dilema de ayuntamientos y hostelería frente a un invierno de coronavirus
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Disponemos de pocas certezas sobre las vías de transmisión del coronavirus. Una de ellas, al menos, es clara: los contagios son mucho más plausibles en espacios interiores que exteriores. Desde un primer momento, diversos estudios evidenciaron la baja probabilidad de transmisión en lugares abiertos o al aire libre. Los gobiernos se valieron de este conocimiento para incentivar la socialización en las calles y en los parques. Una política que tenía fecha de caducidad: el invierno.

¿Qué hacer ahora cuando cierren todas las terrazas?

Cubrirlas. Es al menos lo que están planteando todas las autoridades españolas. Uno de los ayuntamientos más claros al respecto ha sido el de Madrid, sumergido en una campaña de defensa y apoyo de la hostelería. "A partir de mañana, los hosteleros también podrán instalar paneles protectores contra el frío y la lluvia", declaró Begoña Villacís el miércoles pasado. El consistorio también habilitaría (desregularía) procedimientos acelerados de obtención e instalación de estufas exteriores.

Tendencia. Zamora, Valladolid, Zaragoza, Barcelona. Los ejemplos son múltiples. Ya sea habilitando ayudas económicas para la adquisición de material o acortando los plazos administrativos, siempre tan tediosos, casi todos los gobiernos locales están allanando el terreno para que las terrazas continúen operando en invierno. En octubre el sector ya había advertido de los "nubarrones negros" que traía el otoño, y de cómo las terrazas habían "salvado" la temporada durante el verano.

Técnicas. ¿Pero cómo hacerlo? Aquí reside el problema. Sabemos que las terrazas son más seguras que los interiores. Cubrirlas y cerrarlas para evitar el frío, en un contexto de crecientes rebrotes, no tendría mucho sentido. Madrid ha optado por estufas exteriores y mamparas móviles. Estas últimas determinarán el éxito o fracaso de las terrazas de invierno. Deberán ser móviles, no fijas, y tendrán que ser transparente. Otros ayuntamientos obligarán a que sean plegables o enrollables.

Para el caso de la capital, no podrán superar los 1,40 metros de altura y no podrán estar fijas al suelo. La cuestión es, ¿hasta qué punto esto neutralizará el beneficio de socializar al aire libre? El Ayuntamiento de Zaragoza, por ejemplo, permitirá unificar veladores y terrazas hasta que la nueva ordenanza municipal esté publicada. Lo mismo hará el de Pamplona. Sucede que muchos de estos veladores están cerrados por los cuatro costados, aunque incumplan las normativas.

Experiencias. La mayoría de ordenanzas obligan a cerrar como máximo tres lados de cada terraza. Muchas de ellas se instalaron en los años posteriores a la ley-antitabaco como una alternativa para los fumadores. En 2015, un estudio de la OCU estimaba que el 87% de todas ellas pasaban por encima de las regulaciones. Al incorporar más de tres laterales cerrados (e incluso puertas) se convertían legalmente en "lugares cerrados" donde no estaba permitido fumar. Y sin embargo se hacía.

Otros estudios revelaron idénticas prácticas. Las terrazas exteriores se convirtieron en interiores externos, muy útiles en inviernos para extender aforo y sortear el frío.

Las evidencias. ¿Cómo puede afectar esto a los contagios? Si las autoridades permiten por activa o por pasiva la instalación de terrazas semi-cerradas o poco ventiladas, mal. Más allá de la afiladísima disputa en torno a los aerosoles, todos los organismos sanitarios mundiales coinciden en "ventilar" como una clave para reducir el impacto del virus. Diversos estudios han planteado hasta "seis cambios de hora" para una habitación de 10 metros cuadrados con tres o cuatro personas en su interior. Una terraza semi-cerrada más amplia y atestada necesitaría más.

Contrapesos. Las terrazas han ejercido de contrapeso a las limitaciones (y los miedos de los clientes) en interiores. Durante el verano, por ejemplo, los ayuntamientos retiraron plazas de aparcamiento en su favor. Es una tendencia que va más allá de España (para muestra, la enorme inversión que se está realizando en Nueva York). Puede que sea la única vía para que la hostelería opere con relativa normalidad este invierno.

La cuestión es hasta qué punto los espacios tornan en cerrados. Pero si deseamos salir a cenar en exterior este invierno, no quedará otra más que aceptar el frío. Y las terrazas de invierno.

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