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The New York Times está consiguiendo que sus lectores paguen por leerles. También por hacer sus crucigramas

The New York Times está consiguiendo que sus lectores paguen por leerles. También por hacer sus crucigramas
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Una noticia de última hora: el modelo periodístico está en crisis. Sí, probablemente con esta sea la vigésimo octava vez. En cualquier caso, no por habitual deja de ser cierto: los ingresos publicitarios caen, los buenos tiempos del papel se desvanecen (para aquellos que aún queden en el mercado que tuviesen una distribución física) y no todos los medios pueden ni quieren nutrirse de los teletipos y virales. Los despidos en las redacciones se van sucediendo. También los replanteamientos. 

Muro de pago: los medios estaban dependiendo enormemente de la publicidad, pero con Google y Facebook eso se acabó. Y si no se acabó, no importa, porque se está viendo lo enormemente dependientes que son de los designios de estos dos gigantes, lo cual no interesa. ¿Solución? Ingresos vía lectores, la locura de volver a hacer a los lectores pagar. Vamos, como hace 30 años. Entre otros, y en el mundo anglosajón, New York magazine y asociados, Wired, Vanity Fair y Quartz se han apuntado a la tendencia. También The New York Times.

Los 4.5 millones de clientes: por todo esto a muchos les interesa seguir la evolución de esta estrategia de The New York Times, periódico tradicional y máximo referente "de calidad" que se había animado a implantar el “paywall” a finales de 2014. En ese tiempo, y con las últimas cifras, vemos que el Times ha conseguido llegar a los 4.5 millones de suscriptores. Ahora mismo, más de la mitad de los ingresos de la compañía vienen de la gente, y sólo un poco más de un cuarto proviene de ingresos de anunciantes. 

¿Por qué te pagan los que te pagan? Veníamos de unos tiempos no tan lejanos (2012) donde los ingresos por suscripción rondaban el 10% y los de publicidad el 90%. Es decir, son unas cifras buenísimas para ese deseo de hacer periodismo independiente y de calidad. Ahora bien, dos matices: buena parte de las nuevas suscripciones han venido por el “efecto Trump” (el Times investigando y metiéndose con el actual presidente, es decir, fomentando el partidismo) y un quinto de esos nuevos suscriptores sólo lo son de la sección de crucigramas (es decir, por un producto no periodístico; es decir, que bien podrían ser ingresos por vender perritos calientes). 

La ambición del medio es doblar su cantidad de suscriptores de aquí a 2025. Es una forma de decir que su techo de clientes está en 10 millones. Para el medio de referencia más importante de la lengua que domina el mundo. 

No hay calidad para todos: es el runrún entre los medios estadounidenses y también españoles a la hora de valorar el modelo de “muro de pago”. El muro debería ponerse para acceder a una única cosa: información original y de calidad. Pero, ¿cuántos pueden permitírselo? ¿Cuántas suscripciones de a cinco, siete dólares al mes estará dispuesta la gente a pagar para informarse? El Times tiene una ventaja insalvable: es “el mejor” medio, y eso quiere decir que puede provocar un círculo vicioso. Puede publicar los mejores temas, que hará que intenten trabajar allí las mejores plumas, cosa que retroalimentará la tendencia. A los medios de las siguientes filas les costará muchísimo alcanzar el mismo equilibrio y mismas cifras de suscriptores que a ellos.

¿Calidad española? Como explicaba Ismael Nafría, periodista español experto en The New York Times, en España no existe “una propuesta de claro valor añadido para el suscriptor”, y es por eso que fracasaron El Mundo y El País cuando intentaron hacerlo. Pese a todo, muchos medios patrios están coqueteando con la reimplantación de este modelo, y también es posible que veamos alternativas híbridas, como el “freemium” de El Diario.

Reinventarse o morir: ¿y si existiesen alternativas a intentar ofrecer un periodismo de calidad? Hemos visto algunos coqueteos, como el The Salt Lake Tribune pasándose a erigirse como ONG, y El Mundo, que ahora es también una agencia de viajes con acceso a plumas muy seguidas, como el tour por el “éxtasis barroco” por el que podrías ver Roma junto a su jefe de opinión, Jorge Bustos. Son dos ejemplos excéntricos de otros que podrían estar por venir.

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