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Tres ganadores y cinco perdedores del vodevil electoral de Reino Unido

Tres ganadores y cinco perdedores del vodevil electoral de Reino Unido
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El infinito carrusel de emociones en el que se ha convertido la vida política de Reino Unido durante el último año culminó ayer en una inesperada, extraordinaria elección prematura. La convocatoria adelantada decretada por Theresa May preveía una victoria abrumadora de los conservadores, pero primero las encuestas (especialmente las de YouGov) y finalmente las urnas han dejado claro que quien se arrogue el derecho a predecir qué va a pasar en las islas está condenado a equivocarse.

De modo que sin más, hagamos un repaso rápido a lo que pasó anoche.

Gana Jeremy Corbyn

Corbyn había arrastrado a su partido a una posición indeterminada frente al Brexit y había sobrevivido a una brutal lucha intestina que casi se lo lleva por delante, a un alto coste mediático: sus números previos a la convocatoria de las elecciones eran bajísimos y auguraban otro cataclismo para el centro-izquierda europeo. ¿Qué ha sucedido? Primero, que May se equivocó, pero de eso ya hablaremos más adelante, y segundo que la campaña laborista ha sido muy buena.

Mezclando caras conocidas y un manifiesto que pasaba por nacionalizar ferrocarriles, insuflar más dinero en el sistema nacional de salud y en los programas sociales y prometer un gobierno "for the many, not for the few", Corbyn se aseguró primero el voto joven (podrían tomar nota otros dirigentes eurosocialistas) y después una fulgurante remontada en las encuestas. Al parecer, la solución a la socialdemocracia no era más centro, sino más izquierda.

Corbyn, un candidato ortodoxo dentro del socialismo y condenado a hundirse, ha disfrutado de los mejores resultados del laborismo (en términos de mejora) desde 1945... Cuando el laborismo era socialista.

Ganan los unionistas norirlandeses

O lo que es lo mismo, el DUP, que suma diez escaños y que ante los posibles 316 de Theresa May se antojarán claves para la gobernabilidad de Reino Unido. Tal fue la sorpresa en medio mundo que a primera hora de la mañana la página web del partido había reventado incapaz de sostener tantas visitas. El DUP es el partido conservador-protestante de Irlanda del Norte, alineado con los tories, unionista por naturaleza y extremadamente duro en temas de justicia social.

Su nombre es importante porque da vida a los conservadores, que posiblemente mantengan el gobierno gracias a ellos. Lo cual son malas noticias para quienes optan por un Brexit muy duro: el partido desea un acuerdo negociado y amistoso con la Unión Europea que mantenga la frontera con Irlanda, estado miembro, en términos accesibles y amistosos.

Ganan los negociadores de la Unión Europea

Una victoria inesperada, huelga decir: a escasos diez días de iniciarse las largas conversaciones entre el gobierno británico y la Unión Europea para arreglar el gigantesco desaguisado del Brexit, Reino Unido no está preparado. Lo ha dicho Tusk y lo ha dicho el negociador jefe de la Unión, Michel Barnier: Europa esperará lo necesario a los británicos, pero la cuenta atrás ya ha comenzado y el reloj corre en su contra. Mientras un bloque está organizado y lo tiene todo clarísimo, Reino Unido es un caos y un mar de incertidumbre.

Pierde Theresa May (aunque haya ganado)

La gran derrotada de la noche es en realidad la mujer que ha mejorado los números de Thatcher y que ha disparado a los tories a un 43% del voto, algo que no se había visto durante los últimos diez-quince años. Pero las cifras engañan: May ha conseguido tales números gracias al desplome del UKIP y a una elección muy polarizada vía el draconiano sistema electoral británico. La realidad es que pidió un "claro mandato" sobre el Brexit y que el pueblo británico le ha dicho que nones.

May sale particularmente perjudicada. Adelantó las elecciones con enorme cinismo esperando aplastar a los laboristas y se embarcó en una campaña errática repleta de surrealistas declaraciones sobre la nulidad de los derechos humanos y programas de bajadas de impuestos muy impopulares. Y además, tuvo el arrojo de decir que si perdía más de seis escaños Jeremy Corbyn sería primer ministro. Pues bien, a esta hora los conservadores se dejan el doble, 12.

¿Qué significa esto para los tories? Primero, que siguen viviendo en un estado de coma permanente tras la victoria del Brexit. Segundo, que no tienen un "mandato" ni remotamente claro sobre qué hacer con las negociaciones con la Unión Europea. Y tercero, que Theresa May ha quedado deslegitimada como líder pese a que el apoyo del DUP le sirva para mantenerse en Downing Street. Ha sido inesperado, ha sido brutal, ha sido cruel y no ha terminado: ya se oyen ruidos de sables.

Pierden los nacionalistas escoceses

En un contexto de alta polarización electoral (tanto conservadores como laboristas han mejorado con mucho sus números) el SNP, hegemónico en las dos últimas elecciones y decidido a lanzarse a un segundo referéndum por la independencia, se ha dejado 19 escaños (con sorprendente reparto para los tories en la progresista Escocia). Sobre los motivos habrá tiempo de discutir: la débil posición negociadora de Escocia o el desplazamiento del clivaje del independentismo al Brexit pueden haber contribuido.

Lo peor para el SNP: el resultado son malísimas noticias para sus aspiraciones independentistas. Así las cosas, la independencia de Escocia vuelve a tener un aspecto quimérico.

Pierde el UKIP

Que se hunde por el sumidero de la historia y pierde cualquier representación en la Cámara de los Comunes. No es que esto importara antes: pese a contar habitualmente con un 12% de los votos, los repartía tanto geográficamente que era incapaz de ser competitivo en el crudo sistema uninominal de Reino Unido. Pero la hecatombe de anoche no tiene parangón: diez puntos de caída y sólo medio millón de votos. Es lo que sucede cuando tu único programa electoral (Brexit) se cumple.

Un dato interesante: la suma de conservadores + UKIP es hoy del 44%. Cinco puntos por debajo de la de 2015.

Pierden los favorables a la permanencia en la UE

O lo que es lo mismo, los liberales-demócratas. Habían hecho una campaña fuerte en favor del Remain y de anular el resultado del referéndum (obteniendo mejores condiciones negociadoras y convocando otro). Su objetivo era acumular todo el voto europeísta posible, aquel desencantado con la polarización y la huida hacia adelante del país y con la tibieza de los laboristas. ¿Resultado? Algo mejor que en 2015, pero lejos de 2010, la última vez que fueron relevantes.

Su tema de conversación, la permanencia en la UE, está superado.

Y pierden los partidarios de un Brexit duro

Porque se ha demostrado que no hay suficiente consenso entre los británicos como para llevarlo a cabo. May había tonteado durante el último año con la idea de que marcharse de la Unión sin trato era mejor que hacerlo con uno malo para sus intereses. El planteamiento buscaba endurecer su postura negociadora a un potencial alto coste. El pueblo británico ha dicho hoy que quizá mejor no, y la pérdida de legitimidad conservadora obligará (junto a la alianza con el DUP) a negociar.

La cuestión es hasta qué punto estará dispuesto a ceder el ala más radical de los tories. ¿Libre mercado? Parece un escollo insalvable si se quiere cortar la libre circulación de personas. ¿Mantener lazos comerciales y monetarios y algún tipo de colaboración política, al modo de otros países europeos como Suiza o Noruega? Sería lo ideal, pero no la postura inicial de los conservadores. Sea como fuere, el "hard Brexit", hoy sí, se difumina un poco más.

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