Uber ha provocado que los accidentes de tráfico en Nueva York bajen. ¿La clave? Los borrachos

Uber ha provocado que los accidentes de tráfico en Nueva York bajen. ¿La clave? Los borrachos
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Una versión anterior de este artículo se publicó en 2018.

Conocemos bien los problemas de Uber. Sus múltiples dificultades para ajustarse a la legalidad, su golpe crítico a uno de los sectores laborales más importantes de las economías locales, la feroz competitividad que propone y que precariza las condiciones de los empleados. Sabemos, incluso, de los escándalos personales de los líderes de la compañía. Pero una década después de su llegada al mercado también es justo hablar de las influencias positivas de esta plataforma de transporte individual.

Uber salva vidas. O como mínimo, evita accidentes. Es la teoría de un estudio realizado por la Universidad de Nueva York, ciudad en la que este servicio está implantadísimo. Según sus estadísticas, y comparando la evolución de los siniestros de las grandes ciudades de distintos estados norteamericanos en el mismo periodo, la llegada de Uber ha ido de la mano de una bajada de entre el 25 y el 35% de los accidentes de coche relacionados con la conducción bajo los efectos del alcohol.

43 accidentes menos al mes. Con una media mayor a medida que la aplicación está más implementada entre la población, lo cual tiene sentido. También hizo pruebas de dónde se provocaban menos accidentes y es en aquellos sitios con mayor acceso a Uber, barrios como Queens o Manhattan veían bajar proporcionalmente sus accidentes en mayor medida que el Bronx.

La app estrella de los borrachos. Aquí entramos en el terreno de la especulación, pero se puede deber a la diferencia de uso entre un Uber y un taxi amarillo de toda la vida. En Nueva York tú no puedes pedir un taxi ordinario de cualquier manera. Debes indicar una ubicación que no sea un cruce o una estación de transporte y hay zonas a las afueras del centro por donde los taxistas ni se acercan a recogerte, por su incomodidad para las siguientes carreras, cosa que con Uber no pasa.

Es precisamente en esos trayectos de las afueras, en carreteras semi vacías, donde más conductores bebidos se la jugaban por no esperar horas a un taxi.

El servicio personalizado. Ha sido siempre la gran baza de Uber. El sector del taxi es un monopolio poco simpático para el consumidor. El cambio de modelo y la llegada de la competitividad ha perjudicado al trabajador (las licencias de NY costaban 600.000 dólares hace diez años, en 2017 han bajado a 241.000), pero ha traído novedosas ventajas que de otra forma, en un mercado anquilosado, no se hubieran tenido que inventar y nunca hubiesen llegado al consumidor.

Puede que a muchos les parezca ridículo esgrimir la superioridad de Uber por poder cargar el móvil en sus vehículos, pero poder ir más cómodamente a tu casa si estás borracho y evitar accidentes no es algo desdeñable.

Imagen: Humphrey Muleba/Unsplash

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