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Una compañía ha sacado novias holográficas y es el mayor canto a la soledad que hemos visto

Una compañía ha sacado novias holográficas y es el mayor canto a la soledad que hemos visto
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Una empresa ha lanzado un proyecto pionero: una cápsula tecnológica que te permite tener una compañera vital en forma de holograma miniaturizado. Una pequeña criatura animada que se comportará dentro de sus límites robóticos como la novia perfecta, lo que allí se entiende como Waifu. La empresa, como no podía ser de otra manera, es de origen japonés, y con su primera remesa, aún en fase de pruebas, espera darle calor emocional a más de 300 solteros del país.

Desde luego esta Gatebox de Vinclu ha despertado el interés de buena parte de los consumidores locales. Es un producto que viene a cubrir un hueco de demanda creciente. También ha causado rechazo y una sensación de fatalidad entre muchos espectadores del resto del mundo, que consideran que justamente una falsa novia hecha de inteligencia artificial es el tipo de constatación de que las relaciones reales, humanas, están heridas de muerte. Para entender mejor ambos lados del asunto sólo tienes que ver el siguiente video.

Es cierto. Es inquietante hasta decir basta que una parte de la sociedad pueda sentir confort en un programa que te manda mensajes de texto tan personalizados como los emails de felicitación de cumpleaños de las cadenas textiles. “Me gusta sentir que hay alguien esperándome en casa”, dice el genérico protagonista, como advirtiéndole a Spike Jonze de que sus ingenios futuristas están encontrando un hueco en el mercado de 2016.

Pero, en el fondo, es de lo más comprensible e incluso respetable que haya japoneses que quieran abrazar (ehm, en el sentido figurado) a estas waifus. No es que los japoneses tengan un creciente problema con el contacto físico, es que lo tienen con las interacciones sexuales y románticas con el género opuesto.

Los jóvenes japoneses no quieren tener sexo (porque el sistema les odia)

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Un estudio de 2011 evidenció que el 61% de los hombres y un 49% de las mujeres del país entre 18 y 34 años que no estaban casados no tienen ningún tipo de relación romántica. Es un incremento del 10% con respecto a los resultados de cinco años atrás. Un tercio de la población menor de 30 no tiene citas jamás. A fecha de 2013 un 45% de las mujeres menores de 24 no tenían ningún interés en mantener relaciones sexuales con otra persona, ni ahora ni en el futuro.

El gobierno, escandalizado con este grave problema nacional (sin relaciones sexuales ve olvidándote de niños) lo llama “síndrome del celibato” y hace esporádicas campañas de concienciación para intentar evitar que el país pierda un tercio de su densidad demográfica de aquí a 2060, tal y como apuntan las previsiones actuales. Pero lo cierto es que a la gestación de esta dinámica es profunda, y se explica principalmente en dos pilares estructurales bien enraizados en su sociedad, la deriva socioeconómica de Japón en los últimos tiempos y su pasión por la tecnología.

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Desde los 70, buena parte de las políticas económicas del país se han basado en los salarymen, en las empresas pseudo monopolísticas que daban trabajo fijo y altamente exigente a muchos varones de la población. Es la visión clásica del trabajo nipón: el hombre trajeado que se queda 14 horas en su puesto y termina la jornada en un conbini para irse a dormir a un hotel cápsula. Algo que ya hacía difícil plantearse cualquier tipo de vida familiar, incluso cuando hay una persona en la familia plenamente dedicada al hogar.

Pero desde su eterna recesión y la irrupción (aún baja, pero constante) de la mujer en el mercado de trabajo, esos puestos de altos salarios se han ido disolviendo, sobre todo para los jóvenes. Es decir, ellos ahora no pueden ser esa clásica figura proveedora, mucho menos en un país con rígidas estructuras familiares (la administración pone trabas a la vida en pareja fuera del matrimonio) y altísimos precios de vivienda.

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Y ellas, si quieren independizarse y hacerse profesionales, deben renunciar a formar familia, ya que el mercado sigue siendo altamente misógino. Se considera que las mujeres que deciden quedarse embarazadas no van a tener tiempo de aguantar las jornadas maratonianas de trabajo y deberán abandonar su carrera profesional. Las habitantes de uno de los peores países en materia de igualdad laboral piensan que es más sencillo curarse en salud y renunciar siquiera a tener esposo.

En el resto de países desarrollados ocurre lo mismo, más agravado cuando mayor sea el núcleo urbano sobre el que pongamos la lupa. Los jóvenes ya no ven demasiados valores positivos en el matrimonio o la familia. Pero el panorama laboral japonés, así como su histórica cultura en torno al sacrificio, han hecho que la tendencia se recrudezca en el país asiático.

Si no hay éxito laboral y familiar buenas son las fantasías escapistas

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Y de esa creciente soledad, de esa visión de la realidad como territorio lleno de obstáculos, llegamos a la segunda parte, a un país en el que se han creado obras como el Tamagotchi, Pokemon, Summer Lesson o las Project Divas. Por cada juego hentai depravado, los japoneses tienen otro dedicado a invertir capital emocional en mascotas que deben cuidar, que viven (virtualmente) para ellos. Un cariño artificial y limitado, pero menos exigente y problemático que la alternativa en carne y hueso.

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Su industria del entretenimiento pone a disposición de los ciudadanos decenas, cientos de mundos simulados en su móvil o consola que se repliegan a sus necesidades y exigencias (también de tiempo), no como la ruidosa y saturada ciudad en la que la recesión y el modelo de vida tradicional les señala como fracaso al no cumplir las expectativas sociales. Oniyome, mendokusai o soshoku danshi son algunos de los términos despectivos que se utilizan para definir a una parte de la población que casi siente como una rebelión contra el sistema su creciente desvinculación con otros seres humanos.

Por supuesto, y al igual que ocurre aquí, los japoneses también pasan cada vez más tiempo en contacto con conocidos a través de las redes sociales. El chateo diario también hace que se dilate la necesidad del contacto en persona.

A día de hoy, una de cada cuatro mujeres de veintitantos no se casará jamás, y un 40% de las mujeres optará por no tener hijos para centrarse en su carrera. Seis de cada 10 hombres jóvenes prefiere no tener sexo con las mujeres, y sólo algunos de ellos se acabarán comprando esposas virtuales como las de Gatebox.

Puede que productos como el que ha presentado ahora Vinclu, desde la distancia, nos parezcan algo deprimentes. Pero lo que debería analizarse con más profundidad son las raíces que hacen que este tipo de propuestas no sólo sean imaginadas, sino también económicamente viables.

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