La vacuna no utiliza células de fetos abortados. Y aunque así fuera, al Vaticano le parecería bien

El papa Francisco, en el Vaticano.
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En la Ciudad del Vaticano se vive durante estos meses otro debate sobre la vacunación contra el Covid, cada vez más cercana. En este caso, surge de un rumor que asocia la producción de las nuevas vacunas con células extraídas de fetos abortados. Un rumor falso. Pese al hipotético dilema moral que supondría para la Iglesia, la Congregación de la Doctrina de la Fe ha sido clara: "Si los ciudadanos no pueden elegir la vacuna que les van a poner, es moralmente aceptable utilizar las que han utilizado líneas celulares de fetos abortados en su proceso de investigación y producción". Pero lo cierto es que no se han utilizado células de fetos abortados, ni tampoco se ha investigado con fetos originales.

La polémica. Hace unos meses se propagó un rumor en Estados Unidos y Canadá que decía que la vacuna de AstraZeneca estaba fabricada con células de fetos. Pese a lo extenso del rumor, no es cierto que los medicamentos se hayan fabricado con tejidos de fetos humanos extraídos de un aborto. En lugar de eso, se usan líneas celulares creadas por medio de cultivos, copias y desarrollos de las células extraídas de tejidos humanos mucho tiempo después de su obtención.

Un mensaje equivocado. Aunque la institución eclesiástica sigue relacionando equívocamente la fabricación de vacunas con el aprovechamiento de células de fetos abortados, no se detienen en su decisión de someterse a la vacunación: "El deber moral de evitar esa cooperación material pasiva —con el mal— no es vinculante si existe un peligro grave, como la propagación, por lo demás incontenible, de un agente patógeno grave como el SARS-CoV-2", escribía el prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Luis F. Ladaria.

Esta valoración de "moralmente aceptable" se aplica, según la nota de la congregación, "cuando no estén disponibles vacunas Covid-19 éticamente irreprochables" y "cuando se distribuyen varios tipos de vacunas en el mismo país pero, por parte de las autoridades sanitarias, no se permite a los ciudadanos elegir la vacuna que se va a inocular". Además, han hecho un llamamiento a la industria farmacéutica a que distribuyan vacunas "éticamente aceptables, que no creen problemas de conciencia, ni al personal sanitario ni a los propios vacunados".

El demonio. En España el rumor ya se había propagado lo suficiente como para que algunos miembros de la Conferencia Episcopal, como el cardenal Antonio Cañizares, hiciera en junio una afirmación tan polémica como esta: "El demonio existe en plena pandemia, intentando llevar a cabo investigaciones para vacunas y para curaciones. Nos encontramos con la dolorosísima noticia de que una de las vacunas se fabrica a base de células de fetos abortados". Demonio y cura no parecen ir de la mano en la misma frase.

La realidad. La respuesta de Sanidad a la polémica es rotunda: están equivocados. Para la fabricación de las vacunas del Covid ni se han utilizado células de fetos abortados ni se ha investigado con fetos originales. En el caso concreto de la vacuna de AstraZeneca contra el Covid se ha utilizado adenovirus de chimpancé, que se ha probado en líneas celulares humanas, y que no forman parte de los ingredientes.

De hecho, los científicos que elaboran las vacunas no trabajan con material genético original, sino que utilizan líneas celulares creadas por medio de cultivos, copias y desarrollos de las células extraídas. El Comité Asesor de Vacunas (CAV) de la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha negado también rotundamente el uso de células de abortos para los preparados de antígenos.

Fabricación. Para la elaboración de otras vacunas virales, en cambio, sí se usan cultivos de células de origen humano, fibroblastos, obtenidos en el laboratorio. Son las llamadas WI-38 y MRC-5, y cuyo origen remoto fueron tejidos pulmonares de dos únicos fetos producto de abortos (uno en 1962 en Suecia y el otro en 1966 en el Reino Unido) efectuados de acuerdo con la legislación vigente entonces. Gracias a su uso, se han podido elaborar varias vacunas virales como las de la rubeola, varicela, herpes zóster, rabia y hepatitis A.

Por lo tanto, lo que realmente se ha utilizado para la fabricación de vacunas son nuevas células creadas en laboratorio, y no "células de fetos abortados". Por mucho que las instituciones eclesiásticas y otras asociaciones antivacunas sigan empeñadas en hacer estrambóticas afirmaciones. Es una buena noticia, sin embargo, que un país tan envejecido y en máximo riesgo por la pandemia como es el Vaticano haya decidido, no obstante, alentar a la vacunación, aunque para ello haya que aliarse (temporalmente) con "el mal".

Imagen: Andrew Medichini / AP

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