Un vaso de agua con sal, la tendencia "wellness" más absurda que ha producido Silicon Valley

Un vaso de agua con sal, la tendencia "wellness" más absurda que ha producido Silicon Valley
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Todo empezó una inocente mañana de verano en 2018. Fue entonces cuando Jack Dorsey, CEO de Twitter y a la sazón una de las personalidades más influyentes de Silicon Valley, desveló su rutina matutina. En los primeros veinte minutos del día, toda persona con un mínimo de amor por sí misma debía beber un vaso de agua con sal y jugo de limón. Aquel y no otro era el secreto para su exuberante actividad vital, la clave para su escalada de posiciones en el listado de hombres más ricos de la Tierra.

La receta. Tan elemental preparado causó furor. Durante los dos últimos años el preparado de Dorsey, bautizado como "saltjuice", "zumo de sal", ha recorrido las redes sociales y los medios de comunicación con frecuencia. Las recetas se expandieron por la red. Aquí se pueden leer algunas de ellas. En su formulación más básica se trata de añadir 400 mililitros de agua, zumo de medio limón ("fresco y preferiblemente orgánico") y una cucharita de "sal del Himalaya" o sal normal. Casi todas las variantes sugieren utilizar la del Himalaya, muy popular en los círculos del "wellness".

Por supuesto, tiene su propia cuenta de Twitter.

¿Es para tanto? Evidentemente no. Es agua con sal y un poquito de limón, a dos pasos de la isotónica casera. Sucede que en nuestra obsesión con los multimillonarios de nuestra era el "zumo" se convirtió en un paradigma del bienestar y del cuidado personal plagado de propiedades casi milagrosas. Aumenta tu "función inmune", "mejora tu digestión", "equilibra tu cuerpo", y "depura tus toxinas". Al abanico de conceptos abstractos y vacíos de contenido, pero tan caros a la cultura del "bienestar", podemos añadir una aceleración del adelgazamiento.

¿Funciona? No. No funciona porque es agua con sal. Es decir, está bien si lo tomas, beber agua siempre es una buena idea, pero ni tu cuerpo necesita más sal de la que ya consumes habitualmente ni un juguito de limón va a cambiar nada. En su momento, los redactores de Vice dedicaron uno de sus reportajes gonzo al zumito de barras, mostrando un entusiasmo moderado pero adivinando un futuro no muy lejano en el que se oferta a 4,99€ el vaso en los locales de moda (recordemos: Estados Unidos alberga un movimiento "sobrio" bastante proactivo y vocal).

¿Por qué es interesante? Primero por el carácter profético que han adquirido los multimillonarios hechos-a-sí-mismos como Jack Dorsey en la sociedad contemporánea. No importa cuán ridícula sea la idea que propongan, de algún modo permea en el resto de la población. Como explican en InsideHook, estamos obsesionados con el éxito y el dinero. Cualquier pista o truco que nos sirva para imitar a los más exitosos y millonarios, cualquier rutina matutina que maximice nuestra productividad y bienestar, contará con una amplia audiencia.

La personalidad. Y segundo, porque en este proceso alimentamos las excentricidades del 0,001%. Dorsey es un caso paradigmático. Ha construido su personaje en oposición al carácter más vocal y despendolado de Elon Musk (más suave, más blando y con mayores parabienes para con el resto de los humanos: en abril donó el 25% de su fortuna a combatir el coronavirus), pero incurre en similares excesos. Dorsey medita dos veces al día, trabaja 16 horas al día, pasa 15 minutos diarios en la sauna, se recrea en baños helados y pasa todos los fines de semana en ayunas.

También desaparece, ya sea en la Polinesia Francesa o en resorts increíblemente elitistas de Vietnam. Siempre con su zumito de sales al lado.

Imagen: Tracey Hocking

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