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Venecia ha perdido más población por culpa del turismo que a causa de la peste
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Venecia ha perdido más población por culpa del turismo que a causa de la peste

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Las consecuencias negativas o positivas del turismo vuelven a copar las hojas de los periódicos y los debates en la red. Las recientes acciones de boicoteo de un grupo político juvenil a infraestructuras turísticas en Barcelona o Palma han servido a uno y otro lado del arco ideológico para reafirmar sus ideas: o bien el turismo es una carcoma que acaba con el tejido de las ciudades o bien un maná dorado.

No hay término medio.

Pese a que sí lo hay, es interesante observar qué puede suceder a largo plazo con algunas de las ciudades europeas más atestadas si determinadas dinámicas se enquistan. Y qué mejor ciudad a la que mirar cuando hablamos de turismo masivo que Venecia, la acanalada ciudad del Adriático que se ha convertido en el lugar común por antonomasia del turismo moderno.

Venecia, ciudad milenaria repleta de preciosos canales, exuberante arquitectura, salas de arte, encanto romántico y fabulosa comida, recibe alrededor de 66.000 turistas diarios, la mayor parte de ellos internacionales y a lomos de los gigantescos cruceros que cruzan el Mediterráneo durante los meses estivales. Las cifras anuales varían, pero estiman que entre 15 y hasta 30 millones de turistas visitan Venecia.

Es un impacto muy grande para una ciudad que en sus días de esplendor alcanzó, en el casco antiguo, no más de 180.000 habitantes.

Un turismo de consecuencias bubónicas

¿Cómo se ha manifestado ese impacto? De dos modos. El primero, el positivo: antaño potencia comercial e imperial del Mediterráneo, Venecia cayó en desgracia a partir del siglo XVIII, terminó absorbida por el Imperio Austrohúngaro y, más tarde, por el Reino de Italia. Durante ese periodo su economía languideció y quedó al margen del motor económico de su nuevo estado.

Chris Barbalis Quedan vecinos en Venecia, pero cada año son muchos menos. (Chris Barbalis/Unsplash)

La explosión del turismo internacional durante la segunda mitad del siglo XX le permitió reflotar. Las divisas depositadas por los acaudalados y privilegiados turistas reactivaron la olvidada economía local y ofrecieron oportunidades laborales y de negocio para decenas de miles de venecianos en forma de restaurantes, hoteles, paseos en góndola y toda una variedad de labores.

Ahora bien, la explosión, entonces celebrada, tuvo un precio.

Ese precio ha sido la sistemática despoblación de Venecia. Desde 1950 hasta la actualidad, la ciudad (su casco histórico, la comuna incluye otras localidades en la Venecia continental y en las islas aledañas) ha perdido alrededor de ¡100.000 habitantes! Venecia es una ciudad en progresiva decadencia demográfica donde los turistas han sustituido (literalmente) a los vecinos, y que podría morir tan pronto como 2040.

Hoy sólo quedan unos 55.000 locales. Y esta gráfica sobre la evolución demográfica de Venecia desde el siglo XVI es lo suficientemente ilustrativa:

Gragica

Ese círculo rojo a la izquierda señala los años negros de 1629, 1630 y 1631, cuando una brutal epidemia de peste desarrollada por toda la península itálica acabó con la vida de unos 50.000 venecianos, propiciando el inicio de la decadencia comercial de la República. A la derecha, la curva de la actualidad, que alcanza su pico en 1950 y que desde entonces va hacia abajo con igual pendiente al declive demográfico de hace varios siglos. Solo que más largo.

En cifras, la pérdida poblacional de Venecia es similar a la de 1629 (donde pereció casi un tercio de la población; ahora hablamos de dos tercios) o a la de la Peste Negra, en 1340, cuando su población quedó arrasada a consecuencia de su carácter comercial y portuario.

Ambos estallidos de peste bubónica causaron graves estragos económicos y sociales en la Venecia de la época, siendo especialmente terrorífico el de 1629. En el contexto de una plaga generalizada en toda Italia, la pérdida demográfica asociada a la segunda ola de peste negra (hubo 22 epidemias en un par de siglos) se considera una causa pivotal para la caída de Venecia. A la pérdida de capital humano le siguió la pérdida de capital comercial, paralizando su posición prominente en el Mediterráneo.

Hernan Lucio Bonita pero vacía. (Hernan Lucio/Unsplash)

Hoy, la historia en Venecia es muy distinta, aunque las cifras sean más exageradas. Si en el siglo XVII su catástrofe demográfica se debió a una tragedia, la actual está íntimamente asociada a su éxito como nodo turístico.

Una ciudad para el turista: la razón del éxodo

¿Pero por qué se están marchando los venecianos de Venecia? La respuesta más intuitiva, como en Barcelona, son los precios de los pisos. Pero en el caso de Venecia hay excepcionalidades más importantes. La principal, la transformación de las infraestructuras del casco viejo: de una ciudad diseñada y orientada al vecino (infraestructuras, servicios, tiendas, centros comerciales) se ha pasado a una pensada para el turista, cada vez más numeroso.

Este artículo de The New York Times es una buena aproximación: gran parte de los venecianos se han marchado a ciudades continentales como Mestre o Marghera, dentro de la misma comuna. Allí hay turistas, pero no tantos. Las ciudades tienen facilidades variadas, polideportivos, centros de ocio destinados a los ciudadanos y un largo etcétera. Elementos comunes en el día a día de los que Venecia se ha despojado y que hacen de la vida algo cómodo y agradable.

La mayor parte de los venecianos se han ido a ciudades colindantes y continentales como Mestre, asumiendo el inexorable declive de Venecia

El casco antiguo no sólo es lo opuesto, sino que es más caro gracias a una tormenta perfecta de factores. Por un lado, los turistas, cuya riqueza eventual ha permitido a muchos comerciantes subir los precios. Y si con anterioridad ofrecían sus productos rebajados a los ciudadanos de Venecia, la crisis provocó que el precio más alto primara tanto para turistas como para vecinos.

Winston Owen ¿Venecia sin gente? Una rareza. (Weston Owen/Unsplash)

Esto se ha extendido al alojamiento. Se calcula que apenas un 50% de los turistas se alojan en los hoteles de Venecia, en un descenso dramático promovido durante los últimos años por el florecimiento de pisos particulares y hosteles. La reducción del parque de viviendas y su dejadez (que obliga a carísimas reformas sólo costeables por grandes agencias o inversores) ha generado un aumento de los precios natural.

Ahora bien, otro factor muy relevante y no achacable al turismo es su carácter isleño: el casco antiguo está alejado de los centros de producción y distribución, y todo, absolutamente todo, tiene que ser llevado allí en barco (no hay coches en Venecia). El gasto de transportar, por ejemplo, una tonelada de ladrillos para la renovación de un bloque de pisos se multiplica al tener que cubrir la cara gasolina de las embarcaciones. Y esto es aplicable a cualquier producto.

Al ser una isla, todo en Venecia es más caro, lo que unido al turismo y a la pequeñez de la misma ha provocado aglomeraciones y una escalada de precios inasumible para los locales, que se han ido

Sucede, además, que ya no hay espacio en Venecia, una ciudad que merece la pena conocer o en invierno o durante la madrugada para evitar las numerosas colas y aglomeraciones. Y que esa carencia de espacio, dedicada a la comodidad del turista, ha provocado que otros elementos de la vida cotidiana se externalicen al continente. Como por ejemplo la limpieza de las sábanas de los hoteles, que se hace en Mestre cada noche y se devuelven a Venecia en el día.

La mezcla de aumento de precios, aglomeraciones imposibles y giro de las prioridades del gobierno de la ciudad del ciudadano al turista ha causado el éxodo perfecto. En otra gráfica:

Population En amarillo, el crecimiento poblacional de las ciudades continentales cercanas a Venecia. En azul, Venecia. (Rene Seindal)

Naturalmente y al igual que ahora en Barcelona, los venecianos han protestado y continuará protestando por lo que juzgan una colonización de su ciudad. Venecia ya no es de los que viven allí, sino de los que pasan el día. Un turismo, además, eventual, que llega y se marcha haciendo apenas una noche gracias a los descomunales cruceros que atracan en el centro de la ciudad (el tráfico de turismos en el Adriático ha crecido un 400% en 15 años. Un 400%).

Movimientos como #Venexodus o protestas eventuales como esta reciente recogida por The Guardian han dado voz a unos vecinos que se saben en peligro de extinción. Venecia pierde según algunas estimaciones un millar de personas (habitantes, no turistas, cuyo conteo siempre es al alza) anualmente.

Una decadencia demográfica similar a la de la peste bubónica. Solo que causada por la saturación turística.

Imagen | Luca Bruno/AP

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