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Vuelve la guerra por las mascarillas: el debate en torno a la doble capa, la FFP2 y la casera

Vuelve la guerra por las mascarillas: el debate en torno a la doble capa, la FFP2 y la casera
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Pese a que hoy son imperativas en todas las circunstancias sociales, pocas cuestiones han suscitado debates tan áridos durante los últimos doce meses como las mascarillas. No recomendadas originalmente ni por la OMS ni por los gobiernos europeos, entre ellos el español, se han impuesto poco a poco conforme el abastecimiento se regularizó y la ciencia disponible evidenció su eficiencia. Hoy, doce meses después, vuelven a la palestra. No tanto como objeto de disputa en sí mismas, sino por sus tipologías.

¿Hora de actualizar? Varios estados europeos han adoptado políticas más estrictas en materia de mascarillas. La preocupación por las nuevas variantes (de la británica a la brasileña pasando por la sudafricana) ha provocado, por ejemplo, que Alemania o Austria obliguen a sus ciudadanos a portar una FFP2 tanto en tiendas como en transporte público. Ya no bastarán las quirúrgicas. La idea es simple: mascarillas más sofisticadas para una mayor protección.

Adiós, telares. Otros países no han llegado tan lejos, si bien sí han actualizado sus recomendaciones en la materia. Francia prohibió a finales del mes pasado el uso de "mascarillas caseras", fabricadas con tela . El gobierno las juzgaba ya insuficientes. La medida causó cierta controversia porque la evidencia científica es mixta y porque es difícil de supervisar por las autoridades. Diferenciar una "casera" de otra de tela cumplidora con los estándares sanitarios es difícil a simple vista.

"No imagino a la policía preguntando a la gente qué nivel de protección tiene su mascarilla", explicó un portavoz del primer ministro. Las mascarillas de tela se han convertido en uno de los pilares de la nueva disputa. En España, el Ministerio de Sanidad ha descartado su prohibición; si bien Consumo ya tantea la posibilidad de retirar del mercado aquellas de baja filtración (por debajo del 90%). Todo esto meses después de que casi todos los ejecutivos las recomendaran como último recurso.

Sin acuerdo. Sucede que no hay consenso, en un renovado capítulo de las "Mask Wars", las guerras políticas y científicas por determinar qué nos ponemos en la boca para protegernos del virus. Lo cuenta Politico: muchos estados europeos y expertos no consideran que los estudios sobre la efectividad de las mascarillas FFP2 sean suficiente para vetar el uso de otras opciones. En teoría, las FFP2 protegen tanto a los demás como al propio portador de contraer el virus. Son las únicas.

El problema es que su efectividad, por el momento, surge de hipótesis de laboratorio, no de estudios con humanos controlados aleatoriamente en situaciones reales. "Por el momento sólo hay una limitada e inconsistente evidencia científica que apoye la efectividad del uso de las mascarillas entre gente no contagiada para prevenir la infección de virus respiratorios", insistía la OMS en su documento del pasado mes de diciembre. Su recomendación no varía: lo prudente, en cualquier caso, es llevarla en espacios cerrados para minimizar riesgos.

La política. Hay otro factor que puede ahondar en una "guerra" por los distintos tipos de mascarillas. El económico. Las FFP2 oscilan entre los 1€ y los 3€ en función del modelo, aunque algunas pueden ser reutilizadas. En contraste, las quirúrgicas ya se venden a 0,15€ en los supermercados. Muchas familias con hijos ni siquiera optaban por ellas por suponer un gasto alto durante el curso lectivo (18€ al mes para una familia de cuatro miembros asumiendo que sólo utilizan una todos los días de la semana). En su lugar recurrieron a las de tela, lavables.

En España, muchos colegios optaron por prohibirlas.

Doblemente. Tirando del hilo económico llegamos al último eslabón de esta historia, tan nueva y tan vieja: la doble mascarilla. Es la última recomendación de las autoridades sanitarias estadounidenses, junto a los nudos en las gomas, para mejorar su eficacia ante el mal uso generalizado de las mascarillas por parte de casi todo el mundo. La lógica es muy simple: mejor dos capas que una y mejor tres que dos (de ahí que se recomiende también utilizar medias o bragas de nylon como complemento).

Si 2021 puede ser probablemente el año de la doble mascarilla para "evitar fugas", un posible endurecimiento del protocolo (FFP2, basta de caseras) puede convertirse en la nueva norma en muy poco tiempo. Entre un debate que a buen seguro redundará en los mismos vicios de la primavera pasada. Es uno de los debates más recurrentes de la epidemia. Uno que ha regresado cuando ya parecía superado por (casi) todos.

Imagen: EVG

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