Vuelven las "minas zombi": la fiebre por las materias primas ha resucitado explotaciones abandonadas

Vuelven las "minas zombi": la fiebre por las materias primas ha resucitado explotaciones abandonadas
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Hemos hablado ya en muchas ocasiones de la crisis logística que atraviesa la economía global. La reanudación de la actividad económica tras los confinamientos provocó un incremento repentino de la demanda, colapsando las líneas de suministro paralizadas y empequeñecidas durante meses. Este proceso se traduce hoy en precios más altos: para la madera, para el café, para los frutos secos, para los chips, etcétera.

Esto incluye a los minerales.

Breve repaso. Todos sus precios han subido. La plata, por ejemplo, muy solicitada por su importancia en la fabricación de paneles solares, ha aumentado un 96% respecto a su precio en marzo del año pasado. El níquel ha subido casi un 40% desde mayo de 2020; el uranio, un 77% sobre su valor pre-pandemia; la mena de hierro, uno de los materiales más ubicuos en los procesos industriales de todo el planeta, más de un 200%; y hasta el cobre, un material tradicionalmente barato, ha duplicado su precio.

Reapertura. La dinámica alcista del mercado ha provocado que el umbral de rentabilidad para determinadas operaciones cambie. Y que minas antaño obsoletas y condenadas al cierre por sus elevados costes, tanto económicos como medioambientales, gocen de un renovado interés por parte de la industria. Lo cuenta Bloomberg: "minas zombi" de níquel, uranio y plata están volviendo a la actividad en lugares tan dispares como los Balcanes, Australia o Sudáfrica para aprovechar el repunte de precios.

La lógica. "Muchas de estas minas se ubican en la parte más alta de la curva de costes", explica en el reportaje una fuente del sector, "por eso mismo no están en producción ahora mismo". Pero la fiebre cambia la ecuación. Pueden dar dinero. Y siguen siendo más baratas que iniciar nuevas explotaciones. Al fin y al cabo la infraestructura no se ha movido: ya están abiertas, cuentan con líneas férreas, tienen carreteras establecidas y, en ocasiones, el esqueleto para abastecerse de energía.

Problemas. Las grandes empresas de la industria matan así dos pájaros de un tiro. En Australia, la potencia global de la minería, las "minas zombi" se han convertido en un problema enquistado. Muchas de ellas ni siquiera son antiguas explotaciones abandonadas, sino proyectos que o bien se quedan a mitad de camino o bien jamás ven la luz del día, pero cuentan con la aprobación de las autoridades. En el camino generan distorsiones en la zona, hipotecadas a minas que no están vivas, pero tampoco muertas. No vas a invertir donde puede que mañana abran una mina.

En letargo. Más que "zombis", muchas de las minas tan sólo están en suspenso hasta nuevo aviso. Dormidas. Sólo en Estados Unidos hay unas 150 explotaciones de carbón paralizadas y una docena de uranio en el mismo limbo. Sus propietarios las apagan temporalmente, en ocasiones durante años, al tiempo que regatean a las regulaciones locales y nacionales para no cerrarlas del todo. Cuando la dinámica del mercado cambia y extraer mineral vuelve a ser rentable, están listas para reabrir.

Es una lógica indiscutible dentro de un sector muy dependiente de los cambios de precio y de mercado. Y una que, ahora, en plena crisis de oferta, ha dotado de un nuevo atractivo a las "minas zombi".

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