Estados Unidos perdió al menos tres bombas nucleares durante la Guerra Fría. Y nunca han sido localizadas

Estados Unidos perdió al menos tres bombas nucleares durante la Guerra Fría. Y nunca han sido localizadas
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Si a finales de los 90 te paseabas por Wassaw Sound, una sinuosa bahía de la costa de Georgia (EEUU), bañada por las aguas del Atlántico, podías encontrarte con un peculiar dúo de marineros explorando la costa. Peculiar no por quiénes eran, ni su embarcación —un simple bote—, ni su forma de navegar. Lo extraordinario era qué buscaban: una bomba atómica extraviada 40 años antes por el ejército. Junto a los aparejos de navegación, de hecho, llevaban un contador Geiger.

La de Georgia no es la única bomba nuclear que EEUU perdió en la segunda mitad del XX.

Entre las décadas de 1950 y 1960, en plena Guerra Fría, cuando la Destrucción Mutua Asegurada (MAD) quitaba el sueño a medio planeta y la operación Chrome Dome mantenía en alerta en todo momento a bombarderos armados con armas termonucleares, EEUU sufrió un buen puñado de incidentes bautizados como “flecha rota”, en los que se vieron implicadas este tipo de bombas.

Para ser precisos y según detalla la BBC, desde 1950 se registraron al menos 32.

¿El motivo? A menudo emergencias que obligan a desprenderse de las armas por una cuestión de seguridad o, simple y llanamente, un error que se complicaba de mala manera.

En España estamos familiarizados con el término.

Un sistema con fallos

Por esas fechas, a principios de 1966, los vecinos de Palomares, en Almería, vieron cómo caían del cielo cuatro bombas termonucleares B28 tras el choque, en pleno vuelo, de dos aviones de la Fuerza Aérea de EEUU. Tres se recuperaron con rapidez en tierra. Para hacerse con la cuarta, provista de una ojiva de 1,1 megatones, el equipo movilizado por Washington tuvo que echar mano de un submarino puntero para la época y mucha, mucha, sangre fría y pulso firme.

No todas las armas extraviadas corrieron la misma suerte.

Buen ejemplo es la bomba termonuclear que en 1998 empezaron a buscar en las aguas de Georgia, con más voluntad que puntería, un militar retirado y su compañero de faenas. El bombardero B-47 que transportaba el arma —una Mark 15 de 3.400 kilos— acabó soltándola en el mar frente a Tybee Island en febrero de 1958, durante una desafortunada maniobra de entrenamiento.

El dispositivo se buscó durante diez semanas, sin éxito; y a las autoridades no les quedó más remedio que darlo por perdido en abril. El piloto asegura que que la cápsula de la bomba no se había cargado antes del entrenamiento; pero años después, en 1966, una carta del Secretario de Defensa afirmaba que el arma estaba “completa”, con lo que incluiría un núcleo de plutonio.

Lo cierto es que 64 años después aún no se tiene constancia de que se haya encontrado —no, la intrépida expedición de finales de los 90 no tuvo éxito— y se cree que el explosivo sigue oculto en algún lugar remoto de Wassaw Sound, enterrado bajo más de un metro y medio de cieno.

En 1965 EEUU volvió a sufrir otro episodio trágico como resultado de una maniobra de entrenamiento fallida. En aquella ocasión la protagonista fue una bomba B-43. Resultado: el arma acabó desapareciendo en el mar de Filipinas, donde se supone que sigue a día de hoy bajo 4.900 metros de agua, cerca de una isla japonesa. La BBC aún detalla una tercera bomba sin paradero exacto: una termonuclear B28FI extraviada en 1968 en Groenlandia durante un incendio.

¿Los conocidos como “flechas rotas” significan que EEUU era especialmente negligente con su armamento nuclear? Lo más probable es que no. De otras naciones, como Reino Unido, Francia, Rusia o China, sencillamente no manejamos la misma cantidad de información. “No sabemos tanto sobre otros países. Así que no creo que tengamos nada parecido a una contabilidad completa”, señala Jeffrey Lewis, del Programa de No Proliferación de Asia Oriental.

Sí conocemos algún caso de la URSS, que hacia la década de 1980 estaba provista de un contundente arsenal nuclear y también ha perdido armas que nunca llegaron a recuperarse. En su caso, los incidentes ocurrieron con submarinos y, si bien se tienen localizados, el acceso al material resulta complejo. Un caso no tan distante ocurrió en abril de 1970 en el Golfo de Vizcaya, donde se hundió un submarino nuclear soviético K-8 con cuatro torpedos nucleares a bordo.

La pregunta del millón es, sin embargo, el riesgo que pueden suponer los explosivos tras tantas décadas extraviados. A día de hoy se cree que es bajo. El propio Lewis cree de hecho que si las bombas perdidas generan tanta fascinación es más por las fallas que muestran en el sistema que por la amenaza que representan: "La realidad es que las organizaciones que tenemos para manejar las armas nucleares Las armas son como cualquier otra organización humana. Cometen errores".

Lo que ve improbable también es que lleguemos a recuperar las bombas.

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