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Este hombre ha escrito la mitad de los grandes jitazos clásicos de la música española

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Y es probable que no hayas escuchado su nombre jamás.

Manuel Alejandro es el compositor detrás de algunas de las canciones más reconocibles de nuestra esfera popular, a un lado y a otro del Atlántico. A lo largo de su extensa carrera, han sido numerosos las grandes voces que han interpretado para audiencias millonarias, ya sea en los conciertos o a través de las radios y de las grabaciones, sus composiciones. Con todo, su celebridad ha quedado siempre en un segundo plano, relegada a una esfera sombreada en la que gran parte de los compositores de su tiempo se instalaron.

Manuel Alejandro 2

De su tiempo o del nuestro. Al igual que los compositores melódicos de los sesenta y de los setenta, los grandes éxitos raramente son fruto de la mente de una sola persona. Baste contemplar la lista de números uno obtenida por Max Martin, compositor y productor sueco responsable, por ejemplo, de gran parte de 1989, el último disco de Taylor Swift. Se puede decir lo mismo de productores como Greg Kurstin, Shelllback, Ryan Tedder, Paul Epworth o Ariel Rechtshaid. 25 de Adele, por ejemplo, no cuenta con una sola composición firmada íntegramente por la intérprete. Sucede lo mismo con otras grandes estrellas.

La fama requiere de cuatro o más manos. Ninguno de los nombres antes citados copa las listas de éxitos ni acude a los programas de televisión, pero trabajan codo con codo con quienes sí lo hacen, y son sostenes indispensables, por su conocimiento de las tendencias, de la industria y por su bagaje musical, para que la ruleta de la fortuna siga girando. En España y cuarenta años atrás, ese papel lo representó Manuel Alejandro, escribiendo parte de las canciones más emblemáticas de artistas tan enraizados en el imaginario popular como Raphael, Julio Iglesias, Nino Bravo, Jeanette o Rocío Jurado.

Los '60 y Raphael, el inicio de una celebridad

Por encima de cualquier otro intérprete de talla internacional, el nombre de Manuel Alejandro está firmemente asociado al de Miguel Rafael Martos Sánchez, conocido popularmente como Raphael. Sus primeros éxitos estuvieron firmados por Alejandro, y cuesta entender el desarrollo posterior de su carrera sin la indeleble marca del escritor y arreglista gaditano. Por ejemplo, 'Yo soy aquel', single archiconocido de Raphael lanzado tras su llegada a Hispavox, llevaba el marchamo de calidad de Alejandro:

La canción capturaba la intensidad melodramática del jovencísimo Raphael, la misma que posteriormente le catapultaría a la eternidad, sobre una melodía al ralentí y de poso melancólico, preñada de exquisitos arreglos orquestales, tan en boga durante la década de los sesenta. La canción fue seleccionada por Televisión Española para representar a España en el Festival de Eurovisión, cuando aún significaba algo en Europa occidental. Allí, conducida la orquesta por Rafael de Ibarbia Serra, quedó en séptima plaza (1966).

Ahora algo ensombrecida por el actual éxito de 'Mi gran noche', 'Yo soy aquel' es quizá la canción que mejor define la figura artística de Raphael, y una de las más reconocibles a lo largo de toda su carrera. La colaboración entre Raphael, estética y voz indispensables, y Alejandro, sentido artístico incomparable, se prodigó durante la recta final de los sesenta. En 1967, Raphael repitió participación en Eurovisión, en esta ocasión con 'Hablemos del amor'.

De nuevo, tanto el armazón orquestal como las letras correspondían a la imaginación de Manuel Alejandro, único escritor acreditado del tema. 'Hablemos del amor' obtuvo la misma acogida tibia en Eurovisión, pero contribuyó a apuntalar la figura de Raphael en una parcela, la canción melódica, atestada de candidatos en los sesenta. Alejandro aprovechó las virtudes exageradas de Raphael a nivel vocal a través de estrofas relajadas y estribillos encendidos. El entendimiento entre compositor e intérprete ha sido siempre esencial.

Y entre Alejandro y Raphael se mantuvo durante muchos años vivo, en plenitud de facultades. Se les descuelgan de los bolsillos a ambos los éxitos fabricados mano a mano: la esencial 'Qué sabe nadie', 'Provocación', 'En carne viva', 'Ave María', 'Cierro mis ojos', 'Yo no tengo a nadie', etcétera. Es posible que cierta injusticia se apoderada de la carrera de Raphael, primero con 'Escándalo', éxito visible a ambos lados del Atlántico y compuesto por Willy Chirino, y después con 'Mi Gran Noche', adaptación al castellano de 'Tenez vous bien', de Salvadore Adamo (y reformulada por Rafael de León).

Sea como fuere, la clave del éxito de Raphael se encuentra en Alejandro. Años después, a modo de homenaje mutuo, ambos volvieron a reunirse para fabricar nuevas canciones. Su tiempo había pasado, pese al repentino renacimiento popular de Raphael entre el público menos inesperado, pero tanto la gira como el disco surgido de su reunión dio excelentes frutos: El reencuentro son nuevas canciones de Alejandro interpretadas por Raphael, y su gira, iniciada en el Teatro de la Zarzuela, les devolvió a la actualidad tres décadas después.

Los '70: la época dorada de Alejandro

Pese a ser su relación artística más perdurable, las de Raphael no son las canciones que de forma más transversal han atravesado el corazón de la música popular española. Si hablamos de un éxito incontestable, en términos de atracción repentina y herencia histórica, hay que mirar fijamente a 'Soy rebelde', la emblemática balada escrita para Jeanette.

Lanzada como single en 1971, Jeanette se valió de una constelación de estrellas de la música española del momento, agrupada por Hispavox, para lanzar una carrera que, a principios de los setenta, navegaba entre la incertidumbre tras la separación de Pic-Nic. 'Soy rebelde' fue compuesta por Manuel Alejandro, producida por Rafael Trabucchelli (otro de los grandes hombres a la sombra de la historia del pop español) y conducida por Waldo de los Ríos. Fue un éxito incontestable e inmediato, en España y a nivel internacional.

Fue en los setenta y tras la catapulta de Raphael, con el que Alejandro amasó fortuna y reconocimiento, cuando su papel como compositor comienza a ser transversal en España y en América. En un tiempo, a principios de los setenta, cuando la canción melódica latina aún estaba en boga en gran parte del continente europeo, Alejandro comienza a colaborar con nombres de la talla de Julio Iglesias, Nino Bravo o Marisol. Para este último caso, véase 'Háblame del sol, marinero', una de sus canciones más reconocibles.

Es con Bravo y muy especialmente con Iglesias con quienes más ha perdurado su obra. Este último, ahora devuelto a la actualidad popular de forma medio irónica medio en serio por parte de determinados foros musicales, cuenta con algunas de las composiciones más brillantes de su repertorio escritas por Alejandro. 'Manuela' o 'Niña', claro, pero también 'Lo mejor de tu vida' o 'Te voy a dejar de querer', desligadas ya del canon de los sesenta y, algunas, acompañadas de teclados (durante los ochenta) y una producción de aire grandioso.

La proyección internacional de Iglesias, incomparable en términos de popularidad con la de cualquier otro artista español para el que haya trabajado Alejandro, empequeñece quizá los logros que éste consiguió junto a Nino Bravo. No fueron 'Libre', 'Noelia' o 'Un beso y una flor', tres de las canciones más emblemáticas interpretadas por el valenciano, escritas por Manuel Alejandro, pero sí 'Es el viento', fantástico ejemplo del derroche vocal de Bravo, abierta en canal desde el primer segundo con un estribillo fantástico.

Junto a 'Como todos' y 'No debo pensar en ti', 'Es el viento' contribuyó a moldear la primitiva figura de Bravo en Te quiero, te quiero, el primer disco lanzado a su nombre en 1970 (editado por Fonogram). Pese a que la mayor parte de las composiciones de Alejandro se enmarcan dentro de la balada, también supo desenvolverse dentro de los terrenos del pop. 'No debo pensar en ti', acompañada de una vívida sección de vientos y sostenida sobre un ritmo de carácter beat, le muestran como un compositor de notable versatilidad.

El final de los '70 y los '80: folclore y América

La lista es interminable, y no merece la pena, por una mera cuestión de concisión, entrar en detalle en todas y cada una de las colaboraciones de Manuel Alejandro. Baste citar dos nombres para entender las ramificaciones de su talento y su capacidad para espolear carreras: Rocío Jurado y José José. La primera como representante y máximo exponente de un sector cultural a menudo ignorado y mal comprendido por la crítica nacional, y el segundo como ejemplo de su penetración en latinoamérica, donde Alejandro triunfó.

La Jurado y 'Ese Hombre', en modo funk y derrochando flow.

Alejandro participó en varios trabajos de Rocío Jurado tanto en la década de los setenta como en los ochenta. De Paloma Brava, por ejemplo, surgieron algunas de sus canciones más reconocibles a posteriori, como 'Mi bruto bello' o 'Lo sabemos los tres'. De aquel disco también salió 'Se nos rompió el amor', canción con la que Jurado homenajearía a Lola Flores tras su muerte, y balada de carácter folclórico que, de nuevo, demostraba la variedad de registros y de artistas, de muy diverso calado, manejados por Alejandro.

Al otro lado del charco y ya en la década de los ochenta, Manuel Alejandro trabajó codo con codo con José José. Son conocidas sus opiniones sobre el relativo escaso éxito comercial de los artistas latinoamericanos en España y la nula bidireccionalidad de esa relación. Mientras Raphael o Julio Iglesias atestaban estadios en los países americanos, ¿qué había de José José o Emmanuel en España, artistas de igual talla a los peninsulares? Más bien nada, pero la obra total de Manuel Alejandro no se explica sin ellos.

La cuestión es que con álbumes como Secretos, compuesto y producido en su totalidad por Manuel Alejandro, José José alcanzó otro estadio popular. Con anterioridad había logrado colarse de forma redundante en las listas de éxito de México, pero no fue hasta la llegada de Alejandro, en su décimonoveno álbum, cuando sencillamente rompió todos los moldes. Disco más vendido de su carrea y aún a día de hoy el disco mexicano con más copias colocadas de siempre. 15 millones de ventas le avalan, nada menos.

Algo semejante se puede decir de Emmanuel, otro de los grandes nombres de la canción melódica mexicana. Su carrera es extensa y larga, pero alcanzó cotas de excelencia de la mano de Alejandro. Especialmente atendiendo a composiciones tan arrebatadas, y de clara inspiración en la producción engolada de los ochenta, como 'Quiero morir cansado':

Durante los '80, Alejandro continuó colaborando con autores de amplísimo reconocimiento internacional. Raphael se puso en sus manos en dos álbumes distintos para recuperar la pulsión de antaño; El Puma trabajó mano a mano con el gaditano en su LP Dueño de nada; Emmanuel publicó dos discos a su vera; Julio Iglesias se puso exclusivamente en sus manos en Un hombre solo; y hasta Plácido Domingo hizo lo propio en Soñadores de España, amén de otro sinfín de canciones y colaboraciones con una infinidad de artistas.

500 canciones después, Manuel Alejandro

Su estela se apagó de forma progresiva, y aún hoy, pese a haber recibido numerosos galardones (un Premio de la Música en 2008; un Grammy Latino en 2011 por su carrera; la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes hace dos años, entregada por el actual rey de España y por el Ministerio de Cultura), el nombre de Manuel Alejandro no despertaría más que una vaga noción en la mayor parte de los españoles. Ya retirado, su herencia, sin embargo, pervivió algunos años más, y se introdujo en los '90 e incluso en el siglo XXI.

Bunbury, entre cuyas virtudes sí se encuentra saber hacer acopio del cancionero popular español y latinoamericano, versionó 'Frente a frente' de Manuel Alejandro, escrita a principios de los ochenta para Jeanette, en Las consecuencias (2010), su sexto álbum de estudio. Fue entonces cuando Alejandro apareció relacionado con los artistas contemporáneos y con la escena rock, aunque sólo de forma lateral y no con una nueva composición, sino con otra fantástica balada de Jeanette, para quien Alejandro pareció reservarse sus mejores joyas.

Pese a todo, medio millar de canciones prueban el genio del compositor y su importantísima herencia en la escena musical española. Tratar de explicar el cancionero popular de nuestro país y de gran parte de hispanoamérica es sencillamente realizar una observación parcial, incompleta. Alejandro fue uno de los más notables compositores a la sombra de España, una figura hoy moldeada y transformada gracias a la tecnología y a la industria moderna, pero emblemática y memorable. Tanto como las enormes canciones que ha escrito.

Imagen | CordonPress

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