Futbolista con 60 años, vicepresidente de Surinam, 50 hijos y narco: la alucinante vida de Ronnie Brunswijk

Futbolista con 60 años, vicepresidente de Surinam, 50 hijos y narco: la alucinante vida de Ronnie Brunswijk
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El Inter Moengotapoe se enfrentaba al Olimpia de Honduras en la Liga Concacaf, la competencia de segundo nivel de América del Norte y Central. En medio de la contienda futbolística salía al campo un hombre de casi dos metros. Nada fuera de lo normal, más allá de que el tipo en cuestión tiene 60 años. Ah, y que fue el vicepresidente de Surinam. También se me olvidaba mencionar que ha sido durante años guardaespaldas de un dictador militar. Y bueno, que fue condenado por robo a un banco y reverenciado por sus limosnas a los pobres. Narcotraficante condenado en dos países europeos y buscado por la Interpol.

En su currículum también podemos añadir que es padre de al menos 50 hijos, según The New York Times. Él es Ronnie Brunswijk, el hombre que lo ha hecho todo. TODO.

Hijo de agricultores de subsistencia de una de las regiones más pobres de una de las naciones más pobres del hemisferio occidental, Brunswijk se ha dado a conocer en todo el mundo después de su debut como el futbolista profesional más viejo del mundo. Se apuntó a la alineación titular del Inter Moengotapoe. Con el número 61, un tributo a su año de nacimiento 1961, jugó 54 minutos como delantero junto a su hijo, Damian.

Digamos que Brunswijk tuvo una presencia peculiarmente imponente en el campo. Con 60 años, ha superado al japonés Kazuyoshi Miura, que a los 54 todavía juega en el Yokohama FC. Nació el 3 de marzo de 1961, lo que lo hace seis meses mayor que la propia Concacaf, la liga donde juega. Para entender todo el revuelo que se ha formado en torno a este jugador en los medios deportivos, hay que comprender algunos datos importantes de su vida privada y profesional.

Después de asistir a un internado a la edad de 10 años, Brunswijk se hizo paracaidista del ejército de Surinam y finalmente se convirtió en el guardaespaldas personal del dictador militar Desiré Bouterse, quien asumió el control del pequeño país sudamericano en 1980 después de un golpe de estado. Pero tras varios encontronazos (Brunswijk dijo que era el trato violento de Bouterse a los oponentes políticos, incluida una comunidad de descendientes de personas esclavizadas llamadas Maroons), se separaron.

Con el tiempo, Brunswijk se ganó la reputación de ser una especie de Robin Hood, robando fondos del gobierno y dándole el dinero a los pobres. En un reportaje del New York Times del año pasado, Brunswijk explicaba que los cargos criminales en su contra fueron inventados por el régimen de Bouterse y que hizo su dinero con una mina de oro. No debió ser así, porque terminó liderando a un ejército rebelde de 1.200 efectivos en la devastadora guerra civil de seis años de Surinam, de la que el país todavía se está recuperando tres décadas después.

Brunswijk también ha sido acusado de utilizar el tráfico de drogas para financiar su causa, y en 1999 un tribunal holandés lo condenó in absentia por operar una red de contrabando de cocaína y le dictó una sentencia de seis años de prisión. Un año después, un tribunal francés emitió una condena similar. Brunswijk negó cualquier participación en el tráfico de drogas, diciendo que su riqueza proviene de la extracción de madera y oro establecida después de que terminó la guerra civil en 1992.

Ronnie Brunswijk.

Tal es la épica de su historia, que su perseguidor acabó formando equipo con él. Chandrikapersad Santokhi, un exoficial de policía que tenía la tarea de localizar a Brunswijk en los 80, se convirtió en presidente de Surinam. Brunswijk, que se había convertido en un actor de poder político en el país y brevemente había presidido la Asamblea Nacional del país, fue elegido vicepresidente después de formar un gobierno de coalición con Santokhi, convirtiéndose en la primera persona cimarrona en ocupar el cargo.

Desde entonces ha seguido repartiendo su riqueza entre la empobrecida comunidad de Maroon. Incluso se ha mencionado en varias ocasiones que ha comprado coches para todo su equipo de fútbol. Después del partido de debut, un Brunswijk sin camiseta fue visto entregando dinero en efectivo a los jugadores del equipo contrario Olimpia en el vestuario, una generosidad cuestionable que ha despertado el interés de la propia Concacaf. Hay vídeo del momento.

"Estamos extremadamente preocupados por el contenido de un video que circula en las redes sociales y que plantea posibles problemas de integridad en torno al partido de la Liga Concacaf entre Inter Moengotapoe y CD Olimpia", explicó la institución en un comunicado. "El asunto se remitirá al Comité Disciplinario, quien iniciará una investigación formal y se proporcionará una actualización cuando ese proceso haya concluido".

No, la presencia de Brunswijk en el campo no dio mucha fuerza a su equipo: perdieron por 6-0. Pero a él poco le importa. Ya lo ha hecho todo.

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