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La brutal carta de un policía tras sobrevivir al incendio que mató a dos personas en Galicia

La brutal carta de un policía tras sobrevivir al incendio que mató a dos personas en Galicia
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Se apagan las llamas, reposan las cenizas y Galicia se pregunta, un año más, un verano más, qué ha podido pasar para llegar a estas situación. Los múltiples incendios del pasado fin de semana han deparado tres muertos, numerosas hectáreas calcinadas y un eterno debate sobre medios, medidas de prevención y responsabilidades, imaginadas o reales.

Ha habido muchas historias admirables alrededor del fuego, como siempre. En Galicia, la ausencia de más de 400 brigadas forestales cuyo contrató quedó rescindido el 30 de septiembre por la Xunta (como todos los veranos) obligó a muchos vecinos a salir al monte a apagar fuegos que amenazaban sus terrenos, sus casas y sus vidas. Hubo cadenas humanas, hubo bomberos improvisados. Hubo luchas desesperadas.

Pero también hubo policías. Fueron ellos quienes acudieron a los pueblos para ayudar y desalojar a los vecinos. Y detrás de los números o los datos hay dramas, historias que hablan de personas al pie del cañón, en situaciones límites y haciendo funambulismo sobre la delgada línea que separa la vida de la muerte. Uno de esos policías decidió expresar toda la rabia que llevaba dentro en una carta publicada por La Opinión de la Coruña que se puede leer aquí.

Ayer, mientras estaba de vacaciones disfrutando de mis hijas, nos convocan del trabajo porque los compañeros están sobrepasados por los incendios.

En menos de 5 minutos me pongo en marcha. Nada más estar disponibles nos mandan a una zona lejana a la ciudad y en demarcación de la Guardia Civil. Allí hacemos lo que podemos con los medios disponibles. Pero de repente nos mandan a otro sitio donde la cosa es crítica.

Pues resumiendo: después de más de dos horas desalojando casas, sacando gente con los zetas, peleándonos con la gente que no quería dejar su domicilio (llegando a encerrarse y a esconderse dentro), la cosa se pone muy, muy jodida, y estamos a punto de ser rodeados por varios frentes de fuego con llamas de más de 20 metros de altura.

El trabajador, que no estaba de guardia, tuvo que desplazarse a Nigrán, lugar donde se encendió uno de los fuegos más importantes del pasado fin de semana. Su relato es el de la calma tras el drama, el de los restos que deja la tempestad cuando se ha marchado. Y cuenta cómo es el día a día de un bombero forestal en situaciones límite: lidiando contra un fuego que no sólo se puede llevar por delante el monte, sino su propia vida y la de sus compañeros.

"Cuando llevamos un kilómetro recorrido un golpe de fuego nos envuelve y nos obliga a retroceder mientras los 3 coches que van delante casi no salen", explica. Las siempre caprichosas llamas del destino jugaron una mala pasada a su equipo. Según cuenta, mientras trataba de poner a salvo a vecinos (en ocasiones encerrados en sus casas) el fuego terminó rodeando el pueblo.

La situación era desesperada. El equipo solicitó que los bomberos acudieran en su rescate, pero no podían acceder al punto en el que se encontraban por la peligrosidad del fuego.

La historia termina relativamente bien para ellos: tras tres horas de estrés, de vivir una situación extrema y de poner a salvo a la mayor parte de los vecinos, logran salir. Sin embargo, ha habido víctimas: dos personas han muerto en Chandebrito, y un familair les culpa por no haber impedido sus trágicos destinos. "Nos deja un poco hechos polvo", reflexiona a la mañana siguiente.

Y remata su relato con un párrafo estremecedor, prueba de la desesperación de un incendio:

Todos los que allí estuvimos tenemos la conciencia muy tranquila. Hicimos lo que pudimos, poniendo en riesgo nuestras vidas por salvar la de ellos. Inclusive hubo compañeros que llamaron a su familia para despedirse o desenfundaron la reglamentaria por si se avecinaba el desastre morir sin sufrir (para que os hagáis una idea de los momentos que allí vivimos).

El fuego empuja a ideas escalofriantes. Es la otra cara de los incendios, dramas que van mucho más allá de la superficie perdida e incinerada y que se enmarcan en la vida diaria de miles de personas, cuyas vidas se exponen a situaciones en muchas ocasiones incontrolables. La misiva termina con el pésame para los familiares de las dos personas muertas y dando las gracias a quienes les apoyaron.

El sindicato policial UFP, en señal de reconocimiento, pide que se condecore a los 15 policías desplegados en los fuegos gallegos del domingo.

Imagen | Lalo R. Villar/AP

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