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La mejor canción del año, y quizá de la historia, es esta jota aragonesa del Coro del Ejército Rojo ruso

La mejor canción del año, y quizá de la historia, es esta jota aragonesa del Coro del Ejército Rojo ruso
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Vive tiempos de duelo la jota aragonesa: esta misma semana moría José Iranzo, autor de 'La palomica' y reputado y vibrante cantante que vertebró el género durante el siglo XX. Pero en la jota aragonesa, cuando un alma se va otra la sustituye.

Lo que nadie podía prever es que el futuro de la jota estuviera en Rusia. El pasado 6 de noviembre, esta cuenta de YouTube subía este sublime documento: "Jota Aragonesa - Red Army Choir (2016)". El protagonista, un inspirado vocalista del Coro del Ejército Rojo, que continúa operando bajo distintas marcas pese a que ya no exista tal cosa como el Ejército Rojo (creemos), inflado de emoción y cantando en una suerte de español rusificado a la "moza" de su "barrio".

De fondo, el mayor despliegue de medios orquestales que se haya visto jamás en una jota. El resultado esta maravillosa versión de 'La Dolores', autohomenaje aragonés a la jota: "Grande como el mismo sol es esta jota". Nada menos.

Nuestro entrañable intérprete atiende al nombre de Vladislav Golikov, quien a partir de ahora será conocido como el "Joterico de Krasnoyarsk" o "Vladislav el de Mallén". Su inmersión en la jota es plena: escasas palabras se entienden de su encendido recitado, pero el espíritu es puramente aragonés, mentón hacia arriba, mirada henchida de energía y gozo, auténtica honestidad bruta(l).

Lamentablemente no canta con los brazos en jarra en un suave pero estudiado vaivén de lado a lado, por lo que nuestra nota debe reducirse medio punto (9,5).

La orquesta también está a la altura: se trata de una jota ligeramente más ornamentada que las tradicionales aragonesas, compuestas a menudo de meras bandurrias con su característico arpeggio de entrada y salida, pero brillante en su exceso. Donde aquí se emplean bandurrias allí se optan por balalaikas, unido todo ello a una última estrofa cantada por todo el coro y diversos instrumentos de viento. El ritmo, inapelable.

Qué hace un ruso cantándole a la mocica de su barrio

La cuestión es, ¿por qué?

La respuesta la debemos encontrar en el compositor, Mijaíl Ivánovich Glinka. Glinka fue uno de los compositores rusos más notables del siglo XIX, viajado y capacitado para exportar la sensibilidad orquestal rusa al resto del mundo. Pese a estar estrechamente ligado al nacionalismo ruso, como otros tantos compositores de su siglo, Glinka exploró géneros folclóricos de otros países. Conocía España y acabó prendido de sus músicas, manifestado en su libro La jota aragonesa. Recuerdos de Castilla.

En 1845 compuso Capricho brillante sobre la Jota aragonesa - Obertura española n.°1, y en 1851 Noche de verano en Madrid - Obertura española n.°2. La interpretación de Vladislav el de Mallén se enmarca en el contexto de la primera, versión de una jota que Glinka escuchó en Madrid. Glinka ha tenido una enorme influencia en la historia musical rusa, y su impronta pervive aún hoy.

Eso no responde, claro, que sea el Coro del Ejército Rojo quien la interprete. Pero lo cierto es que esto tampoco es tan extraño: la finura rusa para las artes escénicas, desde el teatro hasta la música, estuvo muy ligada al aparato estatal comunista. Cuando la URSS cayó, su estructura no lo hizo de la noche a la mañana. Y el coro del Ejército Rojo mantuvo su idiosincrasia y su prestigio: continuó con vida, pero dividido. A día de hoy, hay dos grupos que reivindican su nombre: el conjunto MVD y el conjunto de Alexandrov.

El primero se engloba dentro del Ministerio de Interior ruso, y el segundo es el coro oficial de las Fuerzas Armadas Rusas actuales. Ambos gozan de gran prestigio y atención en Rusia, y ambos pueden clamar en derecho ser herederos del "Coro del Ejército Rojo", el nombre que, pese a no existir, les da fama mundial.

Sea como fuere, hay que agradecer a todos, a Glinka, a los coros, al Joterico de Joterico de Krasnoyarsk y a YouTube por entregarnos semejante joya en forma de jota aragonesa al modo ruso. 2016, no todo podía ser malo.

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