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Pero qué demonios es el instrumento que toca el hombre de este vídeo

Pero qué demonios es el instrumento que toca el hombre de este vídeo
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Los instrumentos más conocidos suelen ser relativamente simples. Cumplen una sola función, acaso dos, pero no más. Ahora bien, el profundo, riquísimo universo del mundo sonoro provee con toda clase de invenciones disparatadas capaces de colocar toda la instrumentación de una orquesta en un sólo cacharro. Es lo que podemos encontrarnos en este vídeo viral que acumula más de un millón de visitas en YouTube desde que se subió: toda una colección de sonidos a la vez, tocados a una velocidad casi absurda y por un solo hombre.

Una cosa alucinante.

La melodía combina, además de elementos clásicos sonoros como el piano, toda clase de efectos y ruidos en apariencia aleatorios, elementos que hoy en día se introducen en samples a través de programas digitales. ¿Pero cómo funciona un trasto así y, más importante aún, quién en su sano juicio ideó una locura tan maravillosa?

¿Cine mudo? No cuando tienes un fotoplayer

Para responderse a la pregunta hay que retrotraerse a principios del siglo XX, cuando las películas mudas comenzaban a hacer las mieles de los espectadores de las dos primeras décadas de la centuria. Dado que las películas aún no soportaban audio, eran las propias salas de cine las encargadas de incorporarlo a la experiencia del asistente. Por aquel entonces ya se había descubierto la magia audiovisual, y la elevación de las emociones humanas combinando los fotogramas del cine y las melodías del audio.

¿Cómo lo hacían? Contratar a toda una orquesta para que tocara al mismo tiempo que se reproduce el filme era, además de un tanto aparatoso desde el punto de vista logístico, demasiado caro. Surgieron entonces los aparatos que vemos tocar con tanto entusiasmo al hombre de nuestro vídeo: los fotoplayers.

Su funcionamiento era similar al de las clásicas pianolas, pianos que podían automatizarse a través de rollos de papel perforados para que repitieran una melodía de forma constante, sin necesidad de intérprete. La diferencia consistía en la riqueza de matices: dado que las películas combinaban un amplio rango de emociones, un sólo piano se hubiera quedado corto. Los fotoplayers, cuyo mercado más prolífico era Estados Unidos, incluían más instrumentos. Desde una percusión que mantuviera el ritmo hasta otros tipos de efectos sonoros.

Es normal que el fotoplayer te suene a Disney

El fotoplayer del vídeo es, en concreto, una variedad de este instrumento llamado American Fotolpayer. Desarrollado de forma muy breve (ahora veremos por qué), por la empresa American Fotoplayer Company, incorporaba un sinfín de elementos: desde sonidos de barcos de vapor hasta claxons, silbatos, el piar de los pájaros, teléfonos sonando, truenos y un largo etcétera. La pianola se tocaba de forma automática mediante el rollo perforado, mientras que el maestro añadía los sonidos manualmente conforme la película lo requería.

Ben Turpin Ben Turpin, el célebre y poco agraciado actor de cine mudo, junto a un fotoplayer.

Además de una experiencia visual alucinante (pasan un montón de cosas a la vez, hay más tramas que en una tragedia shakesperiena), es un reto para el oído, porque los sonidos se amontonan de forma dulce y armónica pero apresurada y alborotada. El resultado es una canción vivaz y de tinte surrealista permitió a un joven Walt Disney encontrar la banda sonora perfecta para sus aventuras gráficas (y que marcó el aire sonoro de la compañía durante décadas).

Entre 1910 y 1928 se fabricaron del orden de 10.000 fotoplayers. de los cuales hoy, al parecer, sobreviven unos 50. El hombre que toca el fotoplayer del vídeo, Joe Rinaudo, es un apasionado de la restauración de reliquias fonográficas de este tipo, y además de tocarlo a las mil maravillas, posee algunos otros. Este, en concreto, es de 1926.

¿Por qué murieron? Simple, por el mismo motivo por el que lo hizo el cine mudo: por la llegada del audio. Cuando las películas incorporaron sus propios sonidos, sus voces y sus bandas sonoras específicas, el gasto requerido para mantener un fotoplayer y un ocasional intérprete en las salas de cine se convirtió en un lujo totalmente innecesario. Su decadencia les arrastró al olvido. Pero aún hoy, siguen teniendo un aspecto alucinante.

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