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Saltar de un pico de los Alpes al interior de una avioneta: la increíble hazaña de dos wingsuiters

Saltar de un pico de los Alpes al interior de una avioneta: la increíble hazaña de dos wingsuiters
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Desde que los hermanos Wright lograran elevar su primitivo avión un puñado de metros del suelo, el ser humano ha anhelado más y mejores formas de volar. Hasta la fecha, su hazaña visual más impresionante es el wingsuit: un traje aéreo que imita la anatomía de los pájaros y que fue estandarizado en su moderna forma en 1999. Desde entonces, es el no va más del deporte extremo.

Dado que consiste en planear sobre el aire al modo de una rapaz, con el consiguiente riesgo asociado, el traje aéreo se presta a las mentes más locuelas del universo deportivo. Es el caso de Fred Fugen y Vince Reffet, una pareja de wingsuiters bautizada como Soul Flyers. Su última hazaña se ha colado en las redes sociales con gran intensidad por motivos evidentes: han saltado desde un pico alpino a 4.000 metros de altura al interior de una avioneta. En el aire. En pleno movimiento.

Tan fascinante asunto es una tarea compleja, como cabe imaginar. El más mínimo error de cálculo podría derivar en un accidente trágico (al fin y al cabo, estos dos buenos señores se dedican a sobrevolar los aires con la única amortiguación de su cuerpo en caso de choque), circunstancia plausible cuando se trata de entrar en una puerta de metro y medio de ancho y largo a más de 130 kilómetros por hora. Puerta que, para más inri, se mueve.

Siguiendo los movimientos naturales y muy fascinantes del repostaje de las aeronaves militares o de las espectaculares maniobras técnicas de los cazas de exhibición, Fugen y Reffet se lanzaron a su aventura equipados con sus trajes patrocinados por Red Bull (presente allí donde haya cualquier cosa relacionada con el deporte extremo), sus GoPros y su comunicación permanente con la avioneta. Su aventura fue grabada con todo lujo de detalles y edición, y el resultado es este.

El vídeo acumula casi dos millones de visitas en un día.

Fue un éxito, claro, porque de lo contrario no estaríamos hablando de él. Tras lanzarse a más de 4.000 metros de altura, descender unos cuantos y sobrevolar el alucinante paisaje alpino, Fugen y Reffet se estampan en el interior acolchado (por fortuna) de la avioneta y cumplen con éxito su misión. Habían practicado durante un año la maniobra, fundamentalmente en Empuriabrava, donde habían fijado su residencia temporal.

Queda saber qué nuevos y apasionantes retos nos tienen preparados, y cuántos. No en vano, ambos reconocen haberse inspirado en otro skydiver legendario, Patrick de Gayardon, que en los noventa logró saltar de un avión a otro a miles de metros de altura. Gayardon, una leyenda del asunto, perdió la vida tempranamente en un accidente fatal mientras probaba su wingsuit en Hawaii. Deseamos a la preclara y un tanto suicida pareja un destino menos fatídico.

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