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Las 50 mejores canciones de Bob Dylan
Nuestro tsundoku

Las 50 mejores canciones de Bob Dylan

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Este post fue publicado originalmente en Hipersónica.

Una bomba que acaba de dejar boquiabiertos a todos los seguidores de la carrera por el Nobel: el ganador del premio de Literatura de este 2016 es Bob Dylan. Aunque las quinielas le tenían como uno de los favoritos, se mantenía un rechazo en el ambiente a creer que la academia sueca se atreviese a contestar con un gesto tan insólito y, al tiempo, inapelable.

Pero ya está hecho, el cantante nacido en un pueblo de Minnesota se ha llevado el máximo galardón de las letras "por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción". Bob Dylan ha sido muchas cosas, pero la principal de todas la demostró Tempest (2012): un músico de talento descomunal e imprevisible, inquieto e incapaz de quedarse siempre en el mismo lugar por más que el tiempo haya pasado. La parodia, posiblemente, sacaría los rasgos comunes que muchos parecen ver en él. La realidad es que su carrera es de todo menos monolítica.

A continuación te dejamos un repaso por las cincuenta mejores canciones de Bob Dylan, que son también cincuenta maneras extraordinarias de empezar a conocerle a fondo si aún no lo habéis hecho.

50. Lay Lady Lay (1969)

'Lay Lady Lay' es muchas cosas. Es el ejemplo de lo que la procrastinación puede traernos, puesto que a Dylan se la encargaron para la BSO de 'Cowboy de Medianoche' y no la entregó a tiempo, lo que provocó que 'Everybody's Talkin'' se llevase ese honor. Es, además, el último gran éxito masivo de Dylan en los 60. Es, también, la canción en la que Kris Kristofersson, por aquel entonces sólo un conserje en un estudio de Nashville, sujetó los bongos y el cencerro (y nada más).

Y es, también, una de las canciones más radicalmente diferentes de Dylan hasta entonces: más suave, más canción melódica, más adulta (en el peor y a la vez en el mejor sentido de la palabra). Atípica en él hasta el extremo de que a Dylan nunca le ha gustado. Sólo por la insistencia de Clive Davis, más tarde fundador de Arista Records, salió como single del disco. Fue top 7 en Billboard, impulsada por su cálido sonido y también por su letra.

49. Girl From The North Country (1963)

Quizás la canción de amor mas emblemática del primer Dylan. Uno de los juegos más habituales en las biografías de su autor es saber a quién narices le estaba dedicando una canción tan prístina que emociona por su pureza. Ese amor en el lugar donde los ríos se hielan cerca de la frontera nunca se ha desvelado del todo.

De hecho, el propio Bob se encargó de que sus diferentes "novias del norte" pensasen que la canción era sólo para cada una de ellas. Seguramente sean todas a la vez y Dylan veía la huella del eterno femenino en su chica del norte, del mismo modo que los Beach Boys deseaban que todas fuesen californianas.

Inspirada en la melodía de 'Scarborough Fair', 'Girl From The North Country' no deja de arrastrar ese enigma, en ocasiones convertido en obsesión: Bonnie Beecher, una de las primeras novias del cantautor, confesó que había sufrido una agresión por parte de otra mujer que quería saber, de manera vehemente, si Bonnie era realmente la chica del norte.

48. Red River Shore (1997)

¿Cómo ha manejado Dylan los descartes de canciones? Es uno de los grandes misterios de la carrera del artista: saber los mecanismos mentales que le llevaron a dejar fuera de sus discos alguna de sus mejores canciones. No sólo ocurre con 'Red River Shore', aunque con ella sea más llamativo teniendo en cuenta que hasta quienes estuvieron en las sesiones de Time Out Of Mind hablaban de ella como una de las mejores canciones del lote.

"Algunos hemos apagado las luces (…) algunos hemos preferido morirnos de miedo en la oscuridad en vez de estar donde vuelan los ángeles"

Eso entona nada más comenzar la canción. Y lo hace con una tristeza honda, que podría ser profunda melancolía si no fuese porque, en realidad, tanta pena no tiene nada de reposada. Roto por el amor, el Dylan de 'Red River Shore' trata de enterrar los recuerdos en canciones, pero sólo le sale escribir sobre ella. Y, al final, nos quedamos sin saber si, en realidad, aquella chica era real; si algo lo fue, de hecho.

47. Love Sick (1997)

"I'm Sick of love but I'm thick of it"

El Dylan reciente deja estampas musicales asombrosas también, incluso algunas como 'Love Sick' que, como las de los viejos tiempos, ayudan a apuntalar el mito frente a la realidad. La realidad, en 1997, era o parecía ser que a Dylan se le estaba acabando la gasolina.

Primero, la creativa: habían pasado siete años desde de su último disco, escaso en razones para defenderlo contra viento y marea. Segundo, la vital: la primavera de ese mismo año estuvo cerca de la muerte por una infección y, tras salir de ella, Dylan lanzó Time Out of My Mind, que no es el disco grabado mientras estaba moribundo.

Por todo eso tiene más guasa que fuese precisamente 'Love Sick' la que abriese ese retorno: una canción que podría ser tristísima, y en muchos tramos de la letra es demoledora, pero que tiene un tono socarrón inolvidable, tanto en la voz de Dylan como en el stacatto de órgano. También en esa letra de amores que se cargan la inocencia (I Spoke to you as a child, you destroyed me with a smile), pero a los que no vas a olvidar jamás, como confiesa con impotencia esa frase final.

Que luego la usasen como sintonía de anuncios de lencería sólo corona lo dicho al principio: que en Dylan todo confluye para crear el mito, por absurdo que sea el discurrir del camino, los acontecimientos vistos por separado.

46. Every Grain of Sand (1981)

Mejor en la desnuda versión del primer Bootleg series que en la muy pulida toma oficial, editada en Shot of Love, 'Every Grain of Sand' brilla más cuanto más desesperado parece Dylan, cuanto más contrasta con el discurrir ligero y decididamente romántico de la melodía.

¿Una canción de amor en pleno Dylan de descubrimiento religioso? Sí, pero sólo en la melodía: la letra es el choque entre haber encontrado la fe y creer plenamente y, sin embargo, saber lo muy difícil que lo pone el día a día para no perderla.

Ese Dylan cristiano fue para muchos un shock. Y aunque las dos tomas, la de tres minutos y la de seis, merecen la pena, es en la casera, con el perro de Dylan ladrando, con la calidez de lo cercano, con ese inicio trastabillado, donde mejor se ve cómo afrontaba los primeros 80 quien ya era un mito.

45. I'll Be Your Baby Tonight (1967)

Justo el año del verano del amor, el momento mainstream de la psicodelia, Dylan decide fugarse hacia los terrenos más de raíces que haya pisado hasta nunca. John Wesley Harding, con esa portada que parece sacada de la post-Guerra Civil Estadounidense, es un canto tras otro a la tranquilidad, al silencio, al relax, a los espacios vacíos, a calmar un mundo demasiado loco, demasiado rápido.

Pero en 'I'll Be Your Baby Tonight' no hay nada lacónico, esa misma postura se afronta desde la perspectiva del gozo. Es más, hay un punto vacilón en la manera en que discurre este Dylan que está ofreciéndose para esta misma noche. Simple en música y en letra (ojo a esto, que llega apenas un año después de las mareas sin fin de Blonde on Blonde) y sin necesidad de aspavientos, sus dos minutos y medio aligeran cualquier lista. También cualquier visión que se tenga de Dylan, aquí más Hank Williams que nunca.

44. She Belongs To Me (1965)

She's got everything she needs She's an artist She don't look back She can take the dark out of the nighttime and paint the daytime black

Bringing It All Back Home es el primer disco en el que Dylan se salta sus propias fronteras. Agarra la guitarra eléctrica y comienza a perder el miedo a irse tan lejos como las canciones se lo pidan. Pero, también, sigue aferrado a su acústica. Y, de vez en cuando, se va contagiando de un tono decididamente pop, como ocurre en 'She Belongs To Me'.

Sigue estando el Dylan de la armónica, pero está vez el acompañamiento lo es todo. Con su primera banda en condiciones, a este Bob se le van añadiendo pequeños detalles que encumbran la canción. Por ejemplo, los punteos claros, cristalinos, de John Hammond Jr.

Y la letra culmina los contrastes. Si el título dice que ella le pertenece, en los versos eso está realmente lejos de ser verdad y vamos dando vueltas por un amor ambigüo, pero con un personaje femenimo bastante consciente de su poder (también en el plano sexual) y que, en última instancia, no depende de nadie…

She never stumbles she's got no place to fall She's nobody's child, the law can't touch her at all

43. You Ain't Goin' Nowhere (1967)

Uno aprende a hablar muchas veces a lo largo de su vida, mas allá del primer aprendizaje de la infancia. Lo hace, por ejemplo, cuando comienza a imitar la manera de expresarse de quienes admira. Y Dylan se ha pasado media vida aprendiendo de los demás y, a la vez, enseñando(nos) a otros a hablar. De Woodie Guthrie, por ejemplo, supo hablar como un vagabundo, supo imitar lo que contaba en sus memorias el hombre cuya guitarrra mataba fascistas.

Dylan aprendió a hablar de otra manera también en el paso de la primavera al verano de 1967. Fue en una granja en Woodstock, en el sótano del rancho llamado Big Pink. Allí Dylan comenzó a sonar mas rural y menos urbano, a dejarse asaetear las canciones por las múltiples influencias que traían consigo los miembros de The Hawks (más tarde The Band).

Y Dylan enseñó a muchos otros a hablar y ya de paso hizo que su nombre siguiese en boca de todos incluso cuando, como en aquellos momentos, estaba retirado de la vida pública. En 'You Ain't Goin' Nowhere' se ve, de manera magnífica, todo lo anterior.

42. If You See Her Say Hello (1975)

"Dile de mi parte que estoy bien, aunque estas cosas vayan despacio. Quizás piense que la he olvidado, no le digas que no es así. Nos pasó lo que a los amantes les suele pasar, y pensar en cómo se fue esa noche aún me provoca escalofríos. Y aunque nuestra separación me ha roto el corazón en pedazos, aún vive dentro de mí, nunca hemos roto del todo. Si la ves, dale un beso de mi parte, siempre la he respetado por hacer lo que hizo y salir indemne. Oh, lo que sea que la haga feliz… no voy a interponerme. Aún me queda el regusto amargo de la noche que intenté hacer que se quedase".

El Dylan de Blood On The Tracks se explica por sí solo. Y se vive como si la letra la hubiese escrito uno mismo.

41. One More Cup of Coffee (1976)

En 1975, Dylan estaba en un momento crítico de su vida. Su matrimonio con Sara pasaba por su peor momento, el recién estrenado Blood on The Tracks era su disco de divorcio (a pesar de que aun no se habían divorciado) y Dylan iba y venía en medio de pequeñas reconciliaciones.

Uno de sus viajes le llevó hasta París, a visitar a su amigo David Oppenheim, el pintor que había parido la contraportada de Blood On The Tracks. Además de asistir a unas cuantas bacanales organizadas por el propio Oppenheim, con él Dylan celebró su trigésimo cuarto cumpleaños en un festival gitano.

De esa experiencia nacieron dos canciones: 'Sara', explícita declaración de anhelo hacia su ya casi ex-esposa, y 'One More Cup of Coffee', que finalmente publicaría en Desire un año mas tarde. En esta última, una chica gitana duerme mientras el narrador explica lo que siente por ella, un amor no correspondido ("but I don't sense affection no gratitude or love, your loyalty is not to me but to the stars above") que, finalmente, tendrá que abandonar.

'One More cup of Coffee' tiene dos bazas para mostrarse triunfadora: ese dueto con Emmylou Harris y ese tono hébreo, con un violín que podría vivir también en los discos de Leonard Cohen. Dylan, con la voz quebradiza y muy al límite, sólo se esconde cuando Harris irrumpe en el estribillo, pidiendo una taza más de café para el camino. Una última estrofa de fascinación por lo incompresible pone la puntilla:

"You've never learned to read or write There's no books upon your shelf. And your pleasure know no limits Your voice is like a meadow lark. But your heart is like an ocean Mysterious and dark."

Podéis escucharla también en versiones de The White Stripes, Syd Matters, Robert Plant o Calexico.

40. Señor (1978)

"Son, this ain't a dream no more"

Señor, ¿puedes decirme dónde vamos?. Street Legal está considerado por muchos como el peor Dylan posible, no sólo por timing (un disco de sonido avejentado y adocenado cuando punk, new wave y demás abrían brechas) sino especialmente porque sus canciones se arrastraban sobre su barriga, se conformaban con estar bien o simplemente "normal", como si hubiesen aceptado ser inferiores a gran parte del resto de la discografía.

En 'Señor', lo mejor de aquel disco, dos protagonistas viajan en dirección al Armageddon. En estampa de western, el más joven busca consejo en lo que le dice "Señor". Sólo encontrará la posibilidad de seguir caminando, mientras unos vientos fronterizos añaden polvo al discurrir de la canción.

Estos cuentos del poder yankee son, por un lado, lo más cerca que Dylan ha estado del Leonard Cohen de los 80; encajaría bien esta misma canción en I'm Your Man. Por otro, es también un grandísimo ejemplo de rock adulto, con un toque muy Springsteen.

39. This Dream of You (2009)

Frente al Dylan de los 80, el maduro, el que surge desde mediados de los 90, ha sido capaz de reivindicarse muchas zonas oscuras de su propia carrera. Por ejemplo, la capacidad para hacer discos ligeros, canciones de esas que no parecen dejar huella, pisar el terreno de lo romántico pero no de los trascendental. Together Through Life, compuesto a toda prisa para los estándares maduros de su autor, quiere ser eso y sólo eso.

Sólo en 'This Dream of You' decide Dylan prescindir de Robert Hunter (letrista de Grateful Dead) en la letra de una canción de tono arrabalesco, con el precioso acordeón de David Hidalgo. El Dylan más crooner y soft (en el mejor sentido), el Dylan al que muchos creen una garganta derrotada, mira el mundo con calma, a pesar de que la única posición posible ante él sea seguir soñando contigo.

This dream of you is what keeps me livin' on

38. The Lonesome Death of Hattie Carroll (1964)

William Zanzinger killed poor Hattie Carroll With a cane that he twirled around his diamond ring finger At a Baltimore hotel society gath'rin'. And the cops were called in and his weapon took from him As they rode him in custody down to the station And booked William Zanzinger for first-degree murder. But you who philosophize disgrace and criticize all fears, Take the rag away from your face. Now ain't the time for your tears.

Los tiempos estaban cambiando, y tuvimos la suerte de tener a Dylan dispuesto a contarlo, a cantarlo, de la manera más directa posible. Cinco acordes en toda la canción, eso es todo lo que necesita para montar una canción épica pero esquelética, un tema para gritar a los cuatro vientos a pesar de que no hay por dónde engancharlo. Para cuando, en torno al minuto 3:30, aparece por primera vez la armónica, casi te arropa ante el escalofrío continuo de una canción cuyo texto profundiza en esa sensación.

Dylan, en 1964, quiere retratar las injusticias. Y por eso en The Times They Are A-Changin' tanto 'Ballad of Hollis Brown' como 'The Lonesome Death of Hattie Carroll' tienen nombre y apellidos, además de numerosos detalles. Todo parecido con la realidad es absolutamente premeditado: William Zanzinger, el niño rico del que Dylan nunca dice la raza, recibió sólo seis meses de pena por la muerte de Hattie Carroll, de la que Dylan tampoco dice la raza. No hace falta: los huecos los rellenamos suficientemente bien.

Hattie Carroll was a maid of the kitchen. She was fifty-one years old and gave birth to ten children Who carried the dishes and took out the garbage And never sat once at the head of the table And didn't even talk to the people at the table Who just cleaned up all the food from the table And emptied the ashtrays on a whole other level, Got killed by a blow, lay slain by a cane That sailed through the air and came down through the room, Doomed and determined to destroy all the gentle. And she never done nothing to William Zanzinger. But you who philosophize disgrace and criticize all fears, Take the rag away from your face. Now ain't the time for your tears.

El Dylan de los derechos civiles en todo su esplendor. Y la manera de afrontar esas dos últimas líneas, las únicas que ha repetido a lo largo de la canción, inolvidable.

37. Million Dollar Bash (1975)

Cuenta la historia del Rock que pasaron varios años entre la grabación de las cintas del sotano en Big Pink, fechada a finales de los 60, y su publicación oficial en 1975. Cuenta el mito que, desde el primer momento, se empezó a correr en los círculos más enterados que lo de Dylan y The Band era un choque de muy alta calidad. Cada día que pasó, cada bootleg que filtró canciones, cada nuevo oyente que accedió a los misterios de aquella sesión casi privada, no hizo sino aumentar su leyenda.

'Million Dollar Bash' captura casi mejor que ninguna otra, incluso que alguna de las que saldrán más adelante en esta lista, la esencia de una cita entre amigos, distendida, sin aditivos y con Danko y Manuel clavando los coros, casi beodos, del estribillo. Los Beach Boys tienen 'Barbara Ann' y Dylan (& The Band), 'Million Dollar Bash'.

36. Blowin' In the Wind (1963)

Dylan, casi recién salido de la adolescencia, ya se había convertido en una figura determinante de los 60. Lo hizo en 1963 con 'Blowin' In The Wind', incluida en su The Freewheelin' Bob Dylan. En dos minutos y 48 segundos recogió el zeitgeist de parte de la generación de los Baby Boomers y lo trasladó a preguntas. Una canción folk enumerando los grandes y los pequeños misterios irresolubles de la vida.

¿Cuántas veces girarás la cabeza y fingirás que no lo has visto? ¿Cuánto tiene que pasar para que las cosas realmente cambien, para que oigas por fin a la gente llorar? 'Blowin In The Wind' ya era un éxito sin Dylan, gracias a que se la cedió a otros. El bardo de la voz nasal había entrado en las listas metido en ese caballo de Troya llamado Peter, Paul & Mary y ya nunca dejaría de ser parte esencial de la cultura pop. Tenía 21 años sólo: clavar las cosas no es cuestión de madurez, por eso siempre hay que defender la música joven. Y 'Blowin' In The Wind', su sencillez en música y letra y su armónica, es y siempre será joven.

35. As I Went Out One Morning (1967)

Del accidente de moto de Bob Dylan se sacaron muchas cosas, varias de ellas más de leyenda que otra cosa. La sensación de que había sido gravísimo se acrecentó por la decisión de Dylan de estar nueve meses sin aparecer en público. Y, después, nos enteramos de que, el tiempo que tuvo que estar descansando, Dylan lo aprovechó para leer la Biblia y a Rimbaud, con lo cual tiene sentido que nacieran letras impresionistas como la de 'As I Went Out This Morning': enigmática, poliédrica, imposible de entender del todo y, sin embargo, tan dispuesta a explicarte cualquier aspecto de tu vida.

Si los Byrds habían tomado mucho de Dylan, aquí es el quien recoge la típica estructura de canción de los ángeles de la Rickenbacker: el bajo saltón (aquí cortesía de Charlie McCoy), esa acústica tocada con cariño, esa caja de Kenny Buttrey, esa firme convicción a la hora de afrontar la canción. Faltan los coros, claro; recordad la foto que encabezó el tercer post de esta serie.

En un disco lleno de canciones especialmente de raíces llama la atención la dinámica, saltarina, 'As I Went Out One Morning', muchas veces tratada como canción menor pero para mí imprescindible. Qué maravilla que todo John Wesley Harding se grabase en sólo nueve horas: posiblemente dedicarle más tiempo a 'As I Went Out One Morning' la habría matado.

34. The Man In Me (1970)

The man in me will do nearly any task, And as for compensation, there's a-little he would ask. Take a woman like you To get through to the man in me.

Una de las mejores canciones de A New Morning confirma además la influencia del Dylan de comienzo de los 70 en gran parte de la Americana y, en especial, en la manera en que Jeff Tweedy ha afrontado gran parte de la discografía de Wilco. En un disco de sonido suave, de rock con piano para padres, Dylan se engancha a lo romanticón, a lo básico y simple (simplista, incluso):

But, oh, what a wonderful feeling Just to know that you are near, It sets my a heart a-reeling From my toes up to my ears.

Una melodía contagiosa, un la-la-la memorable y una interpretación fantástica. Siempre fue muy buena: sólo le faltaba que llegase el Gran Lebowsky y la hiciese eterna. Gracias, hermanos Coen.

33. Rainy Day Women #12&35 (1966)

La demostración de que la maqueta siempre es mejor y de que Dylan hacía lo que le daba la gana, como reunir a sus músicos, tocar con ellos lo que presuntamente era una demo y elegirla como toma final y single borrachuzo (y exitoso: número 2 en listas) de Blonde on Blonde.

'Rainy Day Women 12&35' juega en todo momento con la palabra stoned, tanto en su significado de "apedrear/dilapidar" como en el de "colocarse". El estribillo, "everybody must get stoned", apuntilla las estrofas y el ambiente beodo añade una capa extra de interpretación. Al final, no es fácil discernir si la evasión drogota es buena, mala o todo lo contrario.

En la era twitter, sigue vigente cien por cien: "te apedrearán y luego te dirán "buena suerte". Todo el mundo quiere hacerte pedazos, de una manera u otra, así que córrete una juerga a su costa.

"We wanna get loaded and that's what we gonna do", que diría el mítico sampleado usado por Primal Scream.

32. Subterranean Homesick Blues (1965)

Don't wear Sandals Try to avoid scandals

Hablando de singles raros, vamos con uno suicida: el que sirvió para presentar al gran público Bringing It All Back Home. No sólo es una retahíla acelerada sin gancho alguno, sin estribillo posible, sino que además se cepillaba en menos de dos mínutos y medio la reputación de Dylan como prohombre y máximo estandarte del folk. Cagándose en los fundamentalistas de Greenwich Village, Dylan y su banda se calzaban las eléctricas, se volvían rock y se preparaban para recibir los escupitajos por traidores.

Dylan, ya de paso, canta como si el mundo se le fuese a acabar hoy mismo y tuviese todavía tanto por decir (hola, Michael Stipe de 'It's The End as We Know It'; hola también, Chuck Berry). Yendo directo a por los ripios, cargado de actitud salvaje, trastabillándose y cortando en seco… el Dylan del 65 estaba encantado de no dar ni un respiro ni una concesión a sus propios fans. Como aún sigue haciéndolo en directo hoy.

Fue su primer top 40, cómo no quererlo también por cosas así.

31. This Wheel's on Fire

Ojo con ella y con el contexto que le da cada oyente, porque lo mismo hay quien ve a Dios en su letra que quien cree que esto va de (otra) bronca sentimental. Yo oigos la versión de The Band en Music From Big Pink y piensas en subidón, psicodelia y sexo. Oyes la versión de Dylan (y The Band) de The Basement Tapes y se te cae el alma al suelo mientras oyes a Dylan con la voz emocionada (y emocionantísima) y te la imaginas tocada en baretos de mierda por bandas a las que nadie hace caso.

If your mem'ry serves you well, You'll remember you're the one That called on me to call on them To get you your favors done. And after ev'ry plan had failed And there was nothing more to tell, You knew that we would meet again,

Y oigo la versión de los Byrds y aún me sorprendo de la cantidad de caretas que se pusieron en su carrera y en que cualquiera de ellas por separado habría sido un gran grupo por separado.

30. It Ain't Me, Babe (1964)

Go away from my window
Leave at your own chosen speed
I'm not the one you want, babe
I'm not the one you need
You say you're lookin' for someone
Who's never weak, but always strong
To protect you and defend you
Whether you are right or wrong

Si en 'Girl From North Country' permanece el misterio de quién inspiró aquella preciosa canción de amor, con 'It Ain't Me Babe' nunca ha habido demasiadas dudas. Suze Rotolo, su novia entre los 20 y los 23 años, fue su musa aquí, y de hecho Dylan compuso la canción en un viaje a Italia a visitar a Rotolo, que estudiaba Arte en la Universidad de Perugia.

De Rotolo, que murió en 2011, Dylan recuerda en Chronicles la emoción de verla por primera vez:

"Desde el principio no pude apartar la vista de ella, era lo más erótico que había visto jamás. Tez blanca, pelo dorado, de raíces totalmente italianas. Comenzamos a hablar y me volvió loco. La flecha de Cupido había pasado silbando cerca de mi oreja en varias ocasiones, pero esta vez me dio de lleno y me lanzó por la borda"

A priori, 'It Ain't Me Babe' es una canción de arrepentimiento: "no soy lo que buscas y siento que sea así". Ayudan los tristísimos arpegios de guitarra. Pero según avanzan las estrofas, a este Dylan se le nota que, en realidad, tiene bastante que echar en cara: ni él va a ser nunca el que acuda cada vez que le llama ni va a desaparecer por completo en los deseos y órdenes de la chica.

You say you're lookin' for someone
Who'll pick you up each time you fall
To gather flowers constantly
And to come each time you call
A lover for your life and nothing more
But it ain't me, babe

Lo que era una canción de ruptura triste se convierte de nuevo en un dardo inquisidor. La gente no cambia por amor, chica, y menos si pides cosas tan absurdas. No, no, no.

29. Positively 4Th Street (1965)

En 1965, Dylan estaba enchufado, y no hablo de su guitarra. Apenas unos meses después de 'Like A Rolling Stone', se metía de nuevo en el top ten USA con 'Positively 4th Street', una canción sin estribillo lanzada fuera de sus discos, sólo como single, que además rompía con todo lo que se esperaba de un éxito del pop en su letra. Dylan se ensaña contra un hipócrita que dice ser su amigo mientras le da puñaladas traperas por la espalda.

You got a lotta nerve
To say you got a helping hand to lend
You just want to be on
The side that's winning

Como en 'Rainy Day Women', aquí a Dylan también le dicen "buena suerte" aunque en realidad le desean todo lo contrario. Y en plena retahíla de mal rollo y salivazos, le dedica un sútil "te jodes" a alguien que, por el título de la canción, vivía cerca de él: 4th Street es uno de los lugares claves de Greenwich Village, donde Dylan y muchos otros artistas folk vivieron y se labraron la fama.

And now I know you're dissatisfied
With your position and your place
Don't you understand
It's not my problem?

Musicalmente, Al Kooper es, una vez más, el pilar indiscutible de una canción sorprendentemente suave para el contenido que carga. Acompañándolo en todo momento con una melodía chispeante, el contraste es acusado. Esto es un chicle que se masca para ser escupido, directo a la cara de quien o quienes lo hayan inspirado:

You'd know what a drag it is
To see you

28. Stuck Inside With The Memphis Blues Again (1966)

Al Dylan de mediados de los 60 había dos cosas que le encantaban: hacer canciones largas y hacerlas con un toque sarcásticos o directamente humorístico. En 1966, en medio de una sesión de grabación de unos pocos días de la que también salieron ‘Vissions of Johanna’ y ‘Leonard-Skin Pill-Box Hat’, nacieron los siete minutos de ‘Stuck Inside of Mobile With The Memphis Blues Again’.

Estas nueve estrofas son, dentro de ese subgénero que son las canciones largas de Dylan, algunas de las más amables que el músico tocó en aquella época. Su colchón instrumental no es para nada agresivo, el órgano de Al Kooper está continuamente remarcando el azúcar de la melodía, y toda la banda parece más empeñada en sonar amable que en sonar triste, al contrario de lo que un blues les exigiría.

Hay en todo "Stuck Inside of Mobile…” cierta sensación de que cualquier cosa que se hubiese subido en la mezcla sería perfecta, cambiaría la manera de escuchar e interpretar la canción y sería protagonista. Si en vez del discurso abigarrado de Dylan hubiese sido el órgano de Kooper, o la inquieta batería de Kenny Buttrey o las guitarras de McCoy y Wayne Moss.

Hay alguien que lo entendió perfectamente, como tantas otras cosas: nuestro Kiko Veneno, que la hizo suya para siempre.

27. Blind Willie McTell

Seen the arrow on the doorpost Saying, “This land is condemned All the way from New Orleans To Jerusalem” I traveled through East Texas Where many martyrs fell And I know no one can sing the blues Like Blind Willie McTell

'Blind Willie McTell' tiene todas las papeletas para estar lo más alto posible en cualquier lista de Dylan: la profunda tristeza con la que está interpretada y cantada, la historia que Dylan afronta en ella y el hecho de ser uno de sus descartes más famosos, una canción injustamente maltratada por el propio autor hasta que decidió sacarla oficialmente a la luz.

Este repaso a la esclavitud, a la historia oscura de EEUU y a su relevancia en la música que nos ha llegado quedó fuera de Infidels en 1983, pero Dylan la incorporó a sus directos casi desde el primer día. Gracias a eso, la mitología en torno a 'Blind Willie McTell' creció hasta que fue publicada en el primero de los Bootleg Series.

La canción, que Dylan consideraba una demo, son seis minutos de hondura, una de las últimas joyas de la corona, y cuenta con el acompañamiento de Mark Knopfler a lo largo de muchos versos que crecen desde una melodía sacada del standard blues 'St. James Infirmary'.

26. Idiot Wind

I noticed at the ceremony
Your corrupt ways had finally made you blind
I can't remember your face anymore
Your mouth has changed, your eyes don't look into mine

Escribir una canción cuando odias a alguien suele salir mal. Escribirla cuando aún estás en plena discusión es, por definición, una mala idea. 'Idiot Wind' es Dylan odiando a la que aún es su esposa, Sara. Es Dylan poniendo negro sobre blanco todo lo que piensa de ella cuando la bronca entre ambos aún no ha terminado. Es Dylan intentando fingir que va a hablar del mundo en general, de la estupidez de todos, pero poco a poco abandonándose a no hacer disgresiones y a centrar su odio en ella.

Es @Dylanenfurecido: "eres idiota, chica, es una maravilla que sepas cómo respirar". Me jodiste la vida, se la jodiste a los que más quiero, le has dado la vuelta a todo y lo que estaba bien ahora está mal y en realidad ya no hay nada que vaya bien.

I can't feel you anymore I can't even touch the books you've read Every time I crawl past your door I been wishin' I've been somebody else instead

Ese 'Idiot Wind' se cuela por todos los rincones de una relación, va contaminándolo todo y ahora todos los recuerdos se han vuelto amargos. Y, sin embargo, aunque te odio… también he decirlo que lo siento.

You'll never know the hurt I suffered Nor the pain I rise above And I'll never know the same about you Your holiness or your kind of love And it makes me feel so sorry

Eres idiota, chica, pero lo cierto es que, en última instancia, los dos lo somos. El amor es, cuando se termina, una puta mierda. Y aunque hay muchas canciones que hayan intentado plasmar eso, pocas lo han hecho justo en el mismo momento en que la discusión está en el punto álgido y las lágrimas y la rabia no dejan de salir. 'Idiot Wind' estremece, y hasta da pudor, por eso.

25. Things Have Changed (2000)


 

Y llegó 2001 y Dylan ganó un Oscar, el reconocimiento más extraño posible para un músico, uno de esos que cuando llegan siempre parecen haber caído por casualidad. Un "pasaba por aquí" convertido en estatuilla, o a veces ni eso, como ocurrió con Elliot Smith cuatro años antes.     'Wonder Boys' le dio la posibilidad al viejo Dylan de capturar el espíritu de aquellos a los que ya empieza a darles todo un poco igual. Demasiadas peleas y esto ya no tiene solución:    
 

People are crazy and times are strange
  I'm locked in tight, I'm out of range
  I used to care, but things have changed
 

   
  Cuando hasta el sexo y el amor sólo sirven para confundirte, quizás lo mejor sea ponerte la coraza: no, no se puede ganar con una mano perdedora. Y lo canta con la mejor de todas sus voces achacosas.  

 
 

24. If Not For You (New Morning, 1970)

     Como le ocurre a 'The man in Me', a 'If Not For You' casi se le reconoce más por lo que ha sido en manos de otros (en este caso de George Harrison en su All Things Must Pass) que por su propia condición. Vivir en el mejor de los dos discos de Dylan de 1970 (o en el menos malo, que dirían otros; no me lo parece, creo que es de los que mejor envejece) no parece razón  suficiente para reconocer la maravillosa sencillez que se esconde en esta simple canción de amor.   
  Un Dylan firmemente anclado en el country construye con sencillez un pequeño edificio de "lo bonito". Funciona tan bien como siempre, como lo hacen el resto de sus rendiciones a entender el amor y contarlo como la gente normal:    

 

If not for you, my sky would fall,
  rain would gather to
  If not for you,
  I'd be nowhere at all
  I'd be lost,
  if not for you

   
  La pedal steel, el ritmo, los tintineos, las voces claramente románticas... Sí, George Harrison lo dulcificó y sublimó la parte "normal", el baladón pop que existía allí. Pero no es muy diferente a la manera de afrontar la canción que Dylan le dio.    
  Dylan, por si lo dudáis, también puede enamoraros.  

 
 

23. Not Dark Yet (Time Out of Mind, 1997)

   
  'Not dark yet' roba la escena, por decirlo al modo cinematográfico. Es la canción que se llevó todas las miradas en el estreno de Time Out Of Mind, a pesar de que por allí había otras, como ya hemos visto, que también apuntaban muy alto. Seguramente tuvo que ver que los seis minutos y medio de  ésta fueran a la vez placidez y tono crepuscular. El paisaje de guitarras está engarzado a una atmósfera de adiós tranquilo, que se remata al final de cada estrofa con ese "aún no se ha puesto oscuro, pero ya queda poco".  
 
  El Dylan maduro, más nasal,  conecta con su voz a esa sensación en la que ya no hay mucho por lo que sufrir, ya hemos perdido la partida en algunas cosas y la hemos ganado en las demás (si ha habido suerte). Dylan, más viejuno que nunca para algunos, se aferra a la emoción calmada como medio para decir que los tiempos siguen cambiando, y puede que esta vez nos dejen fuera y no nos acabe de importar.  


 

22. My Back Pages (Another Side of Bob Dylan, 1964)

Y ahora  el reverso de la anterior, escrita más de 30 años antes. ¿Era Dylan un arrepentido de sí mismo cuando cantaba 'My Back Pages’ y se lamentaba con ese absolutamente clásico “ah, pero yo era mucho más viejo entonces, ahora soy mucho más joven”? Así se ha visto de manera habitual entre quienes leen entre líneas. Y todo cuadra con estrofas como:    
 

“Yes, my guard stood hard when abstract threats,   too noble to neglect, deceived me into thinking   I had something to protect” 

 
  Pero la canción va más allá: en las páginas que ya hemos pasado, en las que a menudo escondemos de nuestras vidas, hay errores remarcables, tonterías que no se nos quitan y mucha, mucha incomprensión hacia los demás. Y, sin embargo, algo de empatía nunca viene mal: hasta te hace más joven. Bravo por él, por su fraseo inconfundible, su guitarra semi-escondida y bravo por los Byrds.  

 
 

 
 

21. You're a Big Girl Now (Blood On The Tracks, 1974) 

A Dylan, Blood on The Tracks le llega cuando todo está a punto de irse al garete. Y por todo me refiero a su vida sentimental, a su matrimonio con esa Sad Eyed Lady of The Lowlands que durante un tiempo fue fundamental no sólo en su vida, sino también su creatividad. Con Sarah a punto de separarse de él, la situación ya es insostenible aunque aún no se haya terminado. Y ésa es la leña que se echa a la chimenea de su disco de 1975.   

Our conversation was short and sweet  It nearly swept me off-a my feet  And I'm back in the rain, oh, oh  And you are on dry land  You made it there somehow   You're a big girl now.    Plantado en mitad de la tormenta, sin tener claro a dónde ir y sabiendo que ella se ha ido y ya está en tierra firme, en terreno seco, el Dylan de 'You're a Big Girl Now' es uno que, al verla por la calle, siente como si alguien estuviese usando un sacacorchos con su corazón. Todo se ha roto, eso está claro, pero ni aún así puede evitar preguntarse si, en realidad, no seguirá enamorado de ella y si no estará haciendo el canelo.  

Frente al vitriolo de 'Idiot Wind', 'You're a Big Girl Now' es una gran demostración de que, en cualquier ruptura, todo el mundo pierde. La vida mata y las súplicas tienen sabor a hiel, por mucho que estén adornadas por una de las mejores guitarras españolas que Dylan haya usado jamás:    

I can change, I swear, oh, oh  See what you can do  I can make it through  You can make it too 

 

 


20. It’s All Over Now, Baby Blue (Bringin' It All Back Home, 1965) 

  Olvidaos de quién es Baby Blue. No tiene sentido buscar su identidad, es una tarea en la que muchos se han perdido. El Dylan de Bringin' It All Back Home no es como el de Blood On The Tracks: no se enseña, no se muestra abiertamente, no quiere que sepamos demasiado de él. De hecho, un par de años más tarde se volverá lo más alambicado y escurridizo posible en Blonde on Blonde.
     Pero aquí, en pleno 1965, con un Dylan ya decidido a enfrentarse a su audiencia "natural", el músico cierra su nuevo disco con una declaración de intenciones: tu mundo se ha acabado, Baby Blue, y puede que pienses que antes estaba mejor, que era más sencillo, pero vente conmigo, podría estar bien.   

Forget the dead you've left,  they will not follow you  (…) Strike another match, go start anews  and it's all over now, Baby Blue   

Apenas la acústica de Dylan, su voz (bien alta, bien arriba) y el muy necesario bajo de William E. Lee para una historia en la que el caos es, cómo no, imparable, pero siempre que la oportunidad de encender una nueva cerilla.    

19. Drifter's Escape (John Wesley Harding, 1967)
 

“Oh, Help Me in my weakness”  I heard the drifter say  As they carried him from the courtoom  

Grabada rápidamente en un día de octubre del 67, ‘Drifter’s Escape’ sirvió como single de John Wesley Harding, y presentó otra historia de alienados por la sociedad que, sin embargo, no llegan a ser destruidos por ella, a pesar de que muchos lo intentan. En plena retirada de Dylan a su granja de Woodstock para compensar la polémica eclosión rock de 1966, todos los cargos de los que se juzga al protagonista de ‘Drifter’s Escape’ bien podrían ser los suyos propios también.  

Unos cargos de los que, en realidad, nunca se entera muy bien: llegan demasiadas cosas confusas de las que es culpable y, esta vez, además, se acumulan en un breve espacio de tiempo: es curioso comprobar cómo lo que en Blood On The Tracks quizás le hubiese llevado a Dylan 45 estrofas, aquí se acota en tres.
   Sea como sea, justo cuando la masa está deseando poner su cabeza en una pica, esta vez Dylan consigue que su personaje escape.     

 

18. Tears of Rage (The Basement Tapes)

Tears of Rage’ duele, aunque no mata. Su historia de padres decepcionados por sus propias hijas conecta con el Rey Lear, solo que aquí la nueva Cordelia es la que gana. En la brecha generacional, Dylan mata a los viejos y se queda con la juventud, y la rabia de estas lágrimas es, en realidad, la de saber que la vida es demasiado corta y que, pese a todo, nos vamos a pasar más de la mitad sin entender nada. 

Es The Band quien le dio a la canción la forma definitiva, la que durará para siempre. En las cintas del sótano, Richard Manuel hace una melodía inolvidable y todo el grupo apoya el quejido por detrás. La rabia, aquí, es más lamento de tristeza sosegada, casi al borde de la melancolía, que de impotencia. Se irán de tu lado y te romperán el corazón, y no podrás entenderlos por más que lo intentes. Viejo, esto es lo que hay.  

   

17. Forever Young  (Planet Waves, 1974)
 

Canciones para hijos, uno de los subgéneros pop más perniciosos de la historia. Uno quiere a su hijo con locura, o así debería ser, pero lo que no es tan fácil es transmitir por qué. Y ahí es donde las letras de muchas de estas canciones encallan: en el sentimentalismo que, visto desde fuera, parece facilón, baratito. 

Dylan le escribió esta canción a su hijo en forma de consejos que también son deseos: que reconozcas la verdad allá donde vayas, que la sigas, que no te derrote el día a día y que seas capaz de encontrar en él siempre una pizca de felicidad. ‘Forever Young’ es una larga lista de deseos en los que, todo el rato, subyace todo aquello que no va a salir bien.  

Pero por encima de todo, y más con esos The Band en estado de gracia, simples y bellos, ‘Forever Young’ es una canción en la que el padre admite que no podrá hacer nada para evitar que todo salga mal. Ser siempre jóvenes, eternos en la época de despreocupación, beber siempre el vino del estío (que diría Bradbury)… No, no lo vamos a conseguir. 

16. Shelter From The Storm (Blood On The Tracks, 1974) 
 

No parece que en ningún momento haya sido idea de Bob Dylan la de convertirse en un compositor enrevesado, difícil. Al menos, no en la música, donde no son pocas las canciones suyas cuyo esqueleto es lo más simple posible: tres acordes y adelante.  

Eso ocurre a lo largo de los cinco minutos de ‘Shelter From The Storm’, colocados justo al final del frondoso, hiriente, camino de Blood On The Tracks y quizás una de las que mejor recoge el espíritu original que tuvo el disco. Se pensó como una obra tranquila, íntima, de mucho protagonismo de la guitarra y poco más. “Poco” es, especialmente, la voz de Dylan, que emociona especialmente en esta oda circular a las cosas que perdimos y de las que no nos dimos cuenta hasta que fue demasiado tarde.  

  Sí, ‘Shelter From The Storm’ vuelve a hablar una vez más de Sarah, pero también podría hacerlo de Vietnam, o de cualquier otro lugar donde azote la tormenta emocional y haya alguien que ofrezca cobijo. No es tanto amor, como sensación de seguridad y de confort. Y Dylan va y viene, sube y baja su voz, como si a ratos acariciase lo que dice y otros lo odiase, como si fuese el mismo la tormenta y el refugio. Tantas vueltas sobre un mismo lugar sonoro acaban por dar  especial importancia al momento en que la armónica llega: llueve entonces, a jarros, en el alma. 

 

15. All Along The Watchtower (John Wesley Harding, 1967)  

Ok, es imposible elegir esta canción de Dylan como una de sus mejores canciones sin pensar en que Jimi Hendrix la agarró, la vapuleó con guitarras eléctricas y la hizo aún mayor de lo que ya era en su inicio. De esas versiones que superan a la original, no hay que dejarse deslumbrar del todo, porque la original incluida en John Wesley Harding era ya una de las destacadas de aquel disco de regreso a la música. 

  En apenas dos minutos y medio, Dylan consigue una canción tan memorable como poco identificada con él. De su armónica, de su voz quebrada, del rastro que deja el penetrante bajo… nadie recuerda casi nada de eso. Ni siquiera de su letra de estructura dada la vuelta, donde el final es el principio y  el principio es el final. O, donde quizás, todo es una cinta de moebius y con ello cobra más fuerza que nunca la frase inicial:   

“There must be some way out of here”, said the joker to the thief 

 

    

14. Love Minus Zero/No Limit (Bringing It All Back Home)

El Dylan más accesible de Bringing It All Back Home se encuentra aquí, en una melodía dulce como pocas dentro de la carrera de Dylan y con una guitarra volátil, dulzona y apacible, ideal para lo que estaba a punto de ocurrir: el estallido del folk-rock, o cómo los jovenzuelos de la época, de repente, descubrieron que en la música de sus abuelos también estaba la clave para hacer hits y conectar con su presente.  

En la letra, otra musa desconocida, la eterna idealización a la mujer como figura misteriosa, con un título perfecto, reducción imposible a las matemáticas de muchas de las ideas detrás de las canciones de amor de Dylan.  

 

13. Knockin’ on Heaven’s Door (Pat Garrett & Billy The Kid)
 

No voy a negar que llegué a ‘Knockin’ on Heaven’s Door’ a través de la versión de Guns’N’Roses: era lo que me tocaba (y ya otro día llamamos a Mohorte y nos damos sopapos dialécticos sobre Axl y los suyos; adivinad mi postura). Lo que me extraña es lo muy infravalorada que se tiene a esta canción, el tema más emblemático de la BSO que Dylan hizo para Pat Garrett & Billy The Kid, especialmente cuando es prácticamente imposible de driblar: viene hacia ti y para cuando te quieres dar cuenta ya se ha acabado, dejando la sensación de que debería haber durado para siempre. 

Baladote folk-rock, de tonos góspel (ese coro), es el himno perfecto para encajar en el personaje de Pat Garrett, un forajido convertido en sheriff que tiene que perseguir al que fuera su amigo y compañero de andanzas, Billy el niño. Muchos ven en este tema una canción anti-guerra, pero es dudoso cuál sería el cielo para Pat Garrett: si esa vida de sheriff o la salvaje que llevaba fuera de la ley.  La duda queda flotando en el aire mientras me pregunto, una vez más, por qué no extenderla más (y sé, sin embargo, que ojalá todas las canciones me dejaran esa sensación).    

12. A Hard Rain’s Gonna Fall (The Freewheelin' Bob Dylan)

La crisis de los misiles, el reloj atómico a punto de sonar las doce, va a caer la de Dios… Plantéate ser joven cuando está todo a punto de irse al garete, en 1962. Plantéate cómo hablar de todo aquello, de cómo hacerlo y decir todo lo que opinas. Piensa en Dylan escribiendo esto sobre ‘A Hard Rain’s Gonna Fall’:   

”Cada línea que hay en ella es de hecho el inicio de otra canción completa. Pero cuando la escribí, pensé que no viviría lo suficiente como para escribir todas esas canciones, así que decidí meterlas todas en esta” 

Así que, antes de que el mundo se lo lleve por delante, el joven (y aún inocente) Dylan, se enfunda voz de sabio folk para enredarse en una larga colección de metáforas de un mundo que se va al carajo:   

Oh, what did you see, my blue-eyed son? 

> And what did you see, my darling young one? 

> I saw a newborn baby with wild wolves all around it, 

> I saw a highway of diamonds with nobody on it, 

> I saw a black branch with blood that kept drippin', 

> I saw a room full of men with their hammers a-bleedin', 
> I saw a white ladder all covered with water, 
> I saw ten thousand talkers whose tongues were all broken, 
> I saw guns and sharp swords in the hands of young children, 
> And it's a hard, it's a hard, it's a hard, and it's a hard, 
> It's a hard rain's a-gonna fall. 


 

 

11. Just Like a Woman (Blonde on Blonde, 1966) 

It was raining from the first 
> And I was dying there of thirst 
> So I came in here 
> And your long-time curse hurts 
> But what's worse 
> Is this pain in here 
> I can't stay in here 
> Ain't it clear that?  
  ¿Qué es ‘Just Like a Woman’? ¿Una canción de amor? ¿Una confesión de por qué estar siempre juntos? ¿Un “de niña a mujer” en manos de Dylan? No, en realidad es la demostración de cómo todas las canciones del de Duluth están siempre buscando el requiebro para romperte las concepciones que tenías sobre ellas.  

‘Just Like a Woman’ va de rupturas. En concreto, del momento en el que empiezas a poner a parir a la persona que te deja y, por desgracia, eso sólo sirve para ponerte el espejo delante de las narices, para verte reflejado, para que los reproches sólo saquen lo que, en realidad, tú hiciste mal. No es el ‘Pesadilla en el parque de atracciones’ de Los Planetas, vitriolo puro, sino una larga recolección de defectos propios en una canción de apariencia sexista.   

I just can't fit  Yes, I believe it's time for us to quit  When we meet again  Introduced as friends  Please don't let on that you knew me when  I was hungry and it was your world.  Ah, you fake just like a woman, yes, you do  You make love just like a woman, yes, you do  Then you ache just like a woman  But you break just like a little girl. 

 

10. Visions of Johanna (Blonde on Blonde, 1966) 

  Es lógico que sea una de las canciones más analizadas de Dylan. 'Visions of Johanna' es, junto a alguna más que aparecerá aún más arriba en la lista, el ejemplo perfecto del Bob Dylan de Blonde on Blonde, un compositor capaz de dar vueltas y más vueltas sobre una viñeta, tejer las metáforas con ritmo reposado y hacer que la canción acabe sin que el misterio (el de la letra, el de la música) se despeje nunca. ¿De quién canta? ¿Quién es esa mujer que hace que, al final, la mente del narrador explote, sin que nada más le importe que los recuerdos de quien ya no está?  

  Frente a la simple lectura romántica/sexual, hay quien dice que Johanna no es una mujer en realidad, que a quien echa de menos este Dylan es a su propia inspiración, convertida en personaje femenino al que dedicar una falsa  canción de amor (falsa como muchas de Dylan que, en apariencia, lo eran).  

Sea como sea, sin Johanna, Dylan navega por el mundo con mucha dificultad para centrar el tiro: casi podríamos convertir los versos de esta canción en tuits y no se alejaría mucho de la narrativa fragmentada, multitarea, de los 140 caracteres. Todo viene y va, como la propia música de la canción. 

Mientras, ojo a las guitarras, muy en segundo plano por voz y armónica, pero maravillosas, y a la potente pero esquelética batería de Kenny Buttrey: sueño muchas veces con la Velvet versionando esta canción, con Mo de pie, en ese mismo papel.

09. Highway 61 Revisited (Highway 61 Revisited, 1965)

Si tituló el disco más rupturista e importante del Dylan de los 60, algo tendría que tener. Por eso, y por su juego de rima libre, de rendirse a cómo fluye el pensamiento y dejar que de ahí salga la letra completa de la canción, es por lo que Highway 61 Revisited siempre ha tenido apariencia marmórea. 

  Fijaos en cómo empieza: es casi como una canción de broma tocada en un bar. Pero Dylan decide abrir fuego parafraseando el Génesis, en concreto el momento en el que Dios le dice a Abraham que mate a uno de sus hijos. “En la Autopista 61”, relata la canción: el contraste entre la gravedad del momento original y la manera en que Dylan lo inserta es tremendo.  A partir de ahí, es obvio que nos podremos encontrar cualquier cosa en esa carretera:   

Well Mack the Finger said to Louie the King 
I got forty red white and blue shoe strings 
And a thousand telephones that don't ring 
Do you know where I can get rid of these things 
And Louie the King said let me think for a minute son 
And he said yes I think it can be easily done 
Just take everything down to Highway 61. 

También es notable cómo es la estructura burlona de la canción en la que nos canta esto. Grabada en agosto de 1965, Al Kooper brilla al órgano, la sirena de policía se convierte en emblemática y la banda de Dylan, más rock que nunca, afronta la recta final como si aquello fuese a desembocar en una jam salvaje. La grabación nos birla aquello, la imaginación hace el resto. Bendito Judas y bendito detritus que... dónde iba a acabar si no... en la Highway 61. 

 

08. Hurricane (Desire, 1976) 

Dylan contra el mundo real. Para ser uno de los representantes fundamentales de la escena de Greenwich Village, a Bob Dylan apenas se le ha visto posicionarse de manera directa en aspectos concretos de la realidad, en hechos y sucesos. De hecho, durante los 60 la mayor parte de las referencias históricas y/o culturales de sus canciones siempre venían arrastradas por el torrente de la verborrea alegórica. Ejemplos hemos visto varios y aún nos queda algún que otro más.  

‘Hurricane’, por el contrario, es una canción protesta basada en hechos reales. Su tono gitano le viene por lo que supuso Desire (1976) para la carrera de Dylan, pero en su tremenda letra hay un alegato a tumba abierta a favor de Rubin Carter, el recientemente fallecido boxeador negro que fue acusado de asesinato y puesto en prisión con muchas dudas en contra de esa acusación. 

Al contrario que lo que ocurría en ‘Drifter’s Escape’, esta vez el juicio es concreto, el acusado real y la defensa ha de ser sólida. Y la narración de Dylan toma intenso partido para demostrar, una y otra vez, todo lo que en la investigación estuvo mal, todas las sombras de un proceso que acabó con Carter.   

“Put in a prison cell, but one tiem he could-a been  The champion of the world” 

  Impactante en su mensaje, arrebatadora en su narración y magníficamente engarzada en el estilo de Desire, ‘Hurricane’ es eso: un huracán. 

07. Tombstone Blues (Highway 61 Revisited, 1965)

¿Cómo habría sido Dylan de haberse pasado al ácido, de haberse entregado, como casi cualquiera de sus contemporáneos, a la psicodelia? No lo sabremos realmente, porque justo cuando eso pudo ocurrir, él decidió encerrarse aún más en las raíces.  Pero las pistas para ese “¿Y si…?” las encontramos todas en la maravillosa y atípica ‘Tombstone Blues’, versión eléctrica del Dylan arrollador y atolondrado que ya habitaba en varias de las canciones pre-Highway 61 Revisited (quizás su mejor disco; muchos días lo parece a pesar de que Blonde on Blonde siempre arrolle en cada escucha). 
  ‘Tombstone Blues’ es el mismo Dylan de la aclamadísima ‘Like a Rolling Stone’, pero sin una pizca de concesión, sin nada que pueda hacer de esta canción un single (algo que es obvio que sí hay en ‘Like a…’). Agarrado al trote de la banda eléctrica, encantado de visitar un blues cochambroso y aceleradísimo por el ritmo que impone Bobby Greg, Dylan desata su verborrea en un paseo por el lado menos amable de los sueños. “A estas horas, por supuesto, los pequeños, los dulces, ya están en la cama”, salta nada más empezar una retahíla de nombres históricos donde el mal rollo se personifica en gente como Juan el Bautista torturando a un ladrón, donde se rima Hills con Cecil B. DeMille y donde hay eslóganes como puños: “deja de llorar y trágate tu orgullo, que no te vas a morir por ello, no es veneno” 


  

06. Like a Rolling Stone  (Highway 61 Revisited, 1965)

Like a Rolling Stone’ es el mito, Dylan eléctrico hecho single, la historia perfecta sobre caer en desgracia, sobre creerte que tienes el mundo a tus pies y que algo pase y le dé la vuelta. La historia de miss solitaria, la chica pija que un día cayó en desgracia y acabó por ir por la calle sin rumbo, como un canto rodado.
   Llegó en el verano del 65 y nunca dejaréis de oírla o de que alguien os hable de ella. Es emblemática por tantas razones que, por sí sola, ha generado más literatura que cualquier ya no canción sino disco de Bob Dylan. Según él, nació de un “vómito de 20 páginas”. Lo recortó, lo podó, dejó la historia justo donde tenía que quedarse y… nació su canción eterna. Para muchos, la mejor. 

 

05. Simple Twist of Fate (Blood On The Tracks, 1975) 

They sat together in the park  As the evening sky grew dark  She looked at him and he felt a spark tingle to his bones  'Twas then he felt alone and wished that he'd gone straight  And watched out for a simple twist of fate. 

De Blood On The Tracks se extraen muchos estados de ánimo, pero hay pocos momentos en la carrera de Dylan que el corazón duela tanto como a lo largo de estos 4 minutos y 18 segundos en los que el propio Dylan se desnuda. Esta vez no hay personajes que valgan, no hay caretas ni parapetos. 

  Cierto que Dylan canta en tercera persona todo el rato, salvo en un momento de la segunda estrofa en la que dice "sí, me acuerdo". Claro que se acuerda. Cuando ya ha desgranado las muchas razones por las que el amor de su vida no pudo funcionar, llega la parte final:   

People tell me it's a sin  To know and feel too much within.  I still believe she was my twin, but I lost the ring.  She was born in spring, but I was born too late  Blame it on a simple twist of fate. 

  Y ahí, en medio de una de sus canciones musicalmente más emocionantes, es cuando se le ve claramente, quizás en el mejor verso que haya escrito: "Aún creo que era mi alma gemela, pero he perdido el anillo". A veces, la vida es justo eso.  

04. I Want You (Blonde on Blonde, 1966) 

Si este top se midiese por las veces que una canción de Dylan me ha hecho llorar, 'I Want You' debería estar en el número uno, a mucha distancia de cualquier otra. De felicidad, de amor, de pena, de que te jodan la vida dejándote, de que puedas levantarte después pero nunca olvides. O de ser consciente de estar viviendo la época más feliz de tu vida y, a la vez, entender que todo va a acabar, algún día, posiblemente tan rápido como llegó.  

  'I Want You' sorprende aún más por cómo es y donde está colocada: es, posiblemente, la canción más pop de la discografía de Dylan, una bagatela directa (tres minutos) y romántica (en la concepción más simple posible) colocada muy cerca del principio de Blonde on Blonde, uno de los discos más complejos, enrevesados y largos de Dylan.

'I Want You' es una declaración de amor, sí, pero también de obsesión, con ese "so bad" que cierra el estribillo remarcando bien lo que se quiere decir. Como la música, jovial y a la vez demoledora; imposible pensar que ésta es una canción feliz (del todo).   

  No, "I wasn't born to lose you".  

03. Mr. Tambourine Man 

  Si no os fiáis de mí, fiaros de The Byrds, que supieron qué saquear a Dylan, cuándo hacerlo y cómo conseguir darle la vuelta a sus canciones para que fueran ya sólo de ellos. Mr. Tambourine Man, en su forma original, tiene un punteo desarmante, un tono dulzón, una letra de metáforas drogotas influida por el Mardi Gras de New Orleans, del que Dylan se prendó en 1964, y una melodía brillante, expansiva, épica-pero-de-dormitorio.  

Hagamos caso a Hunter S. Thompson, que decidió que ésta tenía que ser la canción sonase en su funeral, cuando las cenizas se esparcieran por el aire al ser disparadas por un cañón.  

Ayúdame a dormir, hombre de la pandereta, al menos hasta que vengan los Byrds y den inicio a todo un género musical nuevo.      

02. Desolation Row (Highway 61 Revisited, 1965)

Once minutos recorriendo una calle imaginaria, o no tanto, en 1965. No es el infierno, pero podría serlo si todos los perdedores, famosos o no, con carisma o no, se reuniesen y se pusiesen en fila. El mundo y sus múltiples y complicadas caras ya le habían asaeteado la juventud de Bob Dylan, pero ahora entraban también los sueños y las ficciones eternas y los matices se hacían cada vez más y más grandes en sus letras.   

  En la de esta maratón musical se suman Hollywood, Cenicienta, un Casanova inseguro, Robin Hood, TS Elliot, Einstein recitando el alfabeto, los pasajeros del Titanic (que gritan: "¿de qué lado estás tú?")… Y Lady y el propio Dylan. También Charlie McCoy, con su guitarra llegada desde Nashville, le dio el aroma definitivo, frente a la eléctrica de Al Kooper con la que había sido concebida y que se nos mostró en No Direction Home. 

  Cada frase de las diez estrofas está punteada finamente, sin aspavientos, por la guitarra con deje fronterizo de McCoy, en cada nuevo requiebro, tan diferente y juguetón cada uno como las propias palabras de Dylan.  

  El día en que vayáis a pensar cómo cerrar un disco de manera inmejorable, escuchadla. 

 

01. Sad Eye Lady of The Lowlands (Blonde on Blonde, 1966)

With your mercury mouth in the missionary times  And your eyes like smoke and your prayers like rhymes  And your silver cross, and your voice like chimes...  With your holy medallion which your fingertips fold  And your saintlike face and your ghostlike soul....   

La canción que nunca para, que viene y va, el himno de amor serpenteante a Sara, su primera mujer. El Hammond eterno de Al Kooper, sin hacer ruido, sin estrépito, pero llenándolo todo. Una de las leyendas que corre sobre ella es que Dylan nunca les dijo a los músicos cuándo o cómo iba a terminar la canción y que, por eso, muchas veces tocan como si estuvieran a punto de concluir, para regresar de nuevo. Clímax sobre clímax sobre clímax.  

He de admitir que siempre me han gustado las canciones largas, pero que hasta que escuché ‘Sad Eyed  Lady of the Lowlands’ no pensaba que el folk pudiese intentarlo. Luego ya vi que había diferentes maneras acústicas de aproximarse a la misma épica en la que aquí Dylan se reboza. La gran oda romántica al mismo amor del que luego, como ya hemos visto en ‘Simple Twist of Fate’, perderá el anillo.  

De las cuatro caras que originalmente tenía la edición en vinilo de Blonde on Blonde, Dylan reservó una entera para esta canción, para hipnotizar por completo a quien se pierda en ella. Del sonido que consigue Dylan en sus canciones más largas se ha hablado mucho: a mí me parece fundamental entender cómo balancea al oyente, cómo lo arrulla pero para mantenerlo despierto. ¿Cómo sería ‘Sad Eyed Lady of The Lowlands’ en manos de otros? ¿Quién sería capaz de dar esos toques de batería con los que Kenneth Buttrey impide que nadie (de los oyentes) se pierda, se vaya fuera de la canción? 

With your sheets like metal and your belt like lace  And your deck of cards missing the jack and the ace  And your basement clothes and your hollow face...  With your sheet-metal memory of Cannery Row  Who among them can think he could outguess you? 

 

‘Sad Eyed Lady of The Lowlands’ es un vals, y como tal se puede bailar. Pig Robbins y Al Kooper engarzan piano y órgano como doblándose uno a otro y a la vez esquivándose: como si la propia Dama Triste se acercase y se alejase al narrador, a un Dylan que no canta emocionado, canta como bailando ese vals.    Mientras la interpretaba en cada una de las cuatro tomas que hicieron falta para hacerla realidad, es difícil creer que ahí no había nada más que un hombre enamorado: once minutos de texto imparable, arrodillado ante la mujer que ama, ex-chica playboy:   

And your magazine-husband who one day just had to go  And your gentleness now, which you just can't help but show  Who among them do you think would employ you? 

  ‘Sad Eyed Lady of The Lowlands’ no sólo es importante en Blonde on Blonde. Lo es también para su autor, tanto como para que, años después, en la ‘Sarah’ de Desire, Dylan recordase cómo la escribía en un hotel.  “Días me costó escribirla para ti”.  El tramo final, donde ya se deja de cantar y es la armónica la que toma el primer plano, está hecho aún con todas las cosas que quedaba por decirle pero para las que ya no hubo palabras.  

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