Aunque no lo parezca, la RAE tenía motivos fundados para quitar la diacrítica de "sólo"

Aunque no lo parezca, la RAE tenía motivos fundados para quitar la diacrítica de "sólo"
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Pocas batallas se han librado con tanta fiereza por el común de los castellanoparlantes como la prevalencia de las tildes diacríticas. Durante los último años, la RAE ha desaconsejado su uso. Pero la disyuntiva entre "solo" y "sólo" se ha convertido desde entonces en el símbolo de los irredentos que, pese a su consejo, la continúan utilizando. Y la polémica sigue viva. Esta semana nos hemos topado con ella de la mano de un titular: "Que Erdogan gobernara solo sería peligroso para Turquía".

La noticia apareció publicada en la edición impresa de El Mundo del pasado fin de semana. Su aparente ambigüedad condujo a una amplia conversación en Twitter: ¿no es acaso confusa la oración entrecomillada? ¿Es Erdogan solamente peligroso para Turquía o es peligroso para Turquía que Erdogan gobierne en solitario? Para muchos, el hecho de que nos planteemos estas cuestiones zanja el debate: las tildes diacríticas, que en este caso diferencia un adverbio de un adjetivo, son obligadas.

La realidad es algo más complicada. La RAE tenía sus motivos.

"Sólo" vs. "solo": qué dice la norma

En 2011 la Real Academia de a Lengua revisaba su ortografía. Entre otras modificaciones, la opinión pública quedó particularmente consternada por el fin de la tilde diacrítica en "solo", adjetivo, y "sólo", adverbio. Para muchos, la diferenciación de ambos términos equivalía con anterioridad a una escritura precisa y correcta. Sin embargo, como explicó la RAE en su momento, no había ningún motivo para seguir acentuando una palabra llana y acabada en vocal:

La palabra solo, tanto cuando es adverbio y equivale a solamente (Solo llevaba un par de monedas en el bolsillo) como cuando es adjetivo (No me gusta estar solo), así como los demostrativos este, ese y aquel, con sus femeninos y plurales, funcionen como pronombres (Este es tonto; Quiero aquella) o como determinantes (aquellos tipos, la chica esa), no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación, bien por tratarse de palabras bisílabas llanas terminadas en vocal o en -s, bien, en el caso de aquel, por ser aguda y acabar en consonante distinta de n o s.

Ahora bien, la academia reconocía que los casos de ambigüedad podían darse, y que hasta entonces se habían resuelto con la tilde diacrítica. Por ejemplo, para discernir entre "Trabaja sólo los domingos" (trabaja solamente los domingos) y "Trabaja solo los domingos" (trabaja sin compañía los domingos). Al igual que con otros pronombres, la diacrítica servía sólo a nivel escrito para marcar la diferencia al lector. ¿Era estrictamente necesario? Uno de los argumentos esgrimidos entonces por los defensores de la reforma es que a nivel oral la diferenciación no existía, y todos nos entendíamos.

Rae Edificio El edificio de la RAE. (Imagen: Francisco Anzola)

La RAE también lo vio claro: la tilde diacrítica no marcaba diferencia alguna entre una palabra tónica y una palabra átona. O lo que es lo mismo: ambas se pronunciaban igual. ¿Por qué diferenciarlas, entonces, si en nuestro lenguaje informal del día a día, hablado, no lo hacíamos?

Sin embargo, ese empleo tradicional de la tilde en el adverbio solo y los pronombres demostrativos no cumple el requisito fundamental que justifica el uso de la tilde diacrítica, que es el de oponer palabras tónicas o acentuadas a palabras átonas o inacentuadas formalmente idénticas, ya que tanto solo como los demostrativos son siempre palabras tónicas en cualquiera de sus funciones. Por eso, a partir de ahora se podrá prescindir de la tilde en estas formas incluso en casos de ambigüedad. La recomendación general es, pues, la de no tildar nunca estas palabras.

La última frase es clave para entender lo que sucedió después: recomendación.

El grupo de irredentos, levantados en armas

Dado que la RAE no obligaba a despojarse de la tilde diacrítica, un notorio y bastante ruidoso grupo de intelectuales, escritores, académicos y hablantes decidió levantarse en armas. "Sólo" se convertía así en un símbolo de la resistencia. Dos años después, la RAE admitía lo evidente: mientras algunos castellanoparlantes no se preocupaban demasiado por la tilde y respiraban aliviados (se acabó revisarla), otros se mantenían fieles a ella. Había dos bandos. ¿En cuál estabas tú?

La no-acentuación de "sólo" había fracasado.

Y ahora, volvamos a Erdogan.

¿Es o no es prescindible la tilde diacrítica en el titular de El Mundo? A priori, parece que la ambigüedad es clara, y por tanto, al menos, la antigua necesidad de acentuarla. Sin embargo, y como acertadamente hicieron notar otros usuarios en la larga conversación que procedió, la realidad es que no tanto. Por un lado, a nivel oral las pausas naturales del discurso contribuirían a zanjar la cuestión: Erdogan gobierna en solitario, sin compañía, con una renovada mayoría absoluta:

Por otro, el propio contexto ayuda a discernir entre "solo" adverbio y "solo" adjetivo. Erdogan se enfrentaba a su reelección como Presidente de Turquía, de modo que la interpretación del titular sólo podía ser una: "solo", como adjetivo. Dado que la frase entrecomillada se articulaba en condicional, y dado que el condicional de Erdogan en el gobierno lleva dándose años (para desgracia de gran parte de los turcos), no había lugar a la ambigüedad. El titular tenía un solo significado. De hecho, en caso de que la RAE aún recomendara la diacrítica, el titular sería el mismo: "solo", sin tilde.

Esto concuerda con la principal argumentación de la RAE para erradicar una tilde que desde un punto de vista gramatical no aportaba nada: el contexto, ante la ambigüedad, determinaría el significado.

¿Entonces, debo acentuar "solo" sí o no?

Es posible que en Magnet hayáis leído con frecuencia "sólo", adverbio acentuado. Lo cierto es que pese a ello, la respuesta a la anterior pregunta es un rotundo "no". Pese a los defectos propios de los editores (algunos, como yo, incapaces de quitarse de encima la tilde), no hay motivos ortográficos para seguir escribiendo "sólo". En realidad, esta cuestión quedó zanjada hace mucho tiempo gracias a un estupendo artículo de Yolanda Gándara en Jot Down, publicado hace ya tres años.

Biblioteca Rae La biblioteca de la RAE. Miles y miles de "sólo" se amontonan aquí.

En él, Gándara recordaba que la tilde en "sólo" se incluía en 1959 como una forma de resolver la posible ambigüedad escrita entre el adverbio y el adjetivo, pero de ningún modo como una norma fija. Es decir, en contra de lo que siempre hemos creído, "sólo" como adverbio no estaba acentuado por obligación, sino sólo en circunstancias excepcionales. La batalla parte, pues, de un punto de partida erróneo. Y obvia otras alternativas disponibles en nuestra rica lengua para expresar lo mismo:

Lejos de cualquier utilidad diacrítica, la intención parece ser la de hacer análisis morfológico y marcar pronombres y adverbio por si el que los lee no los conociera, actitud caritativa muy loable pero sin ningún sentido desde el punto de vista ortográfico. Si los “tildantes” compulsivos desean proseguir con esta absurda tarea al menos sería aconsejable que no tilden al resto de “necios” o “analfabetos”. En lo que se refiere al caso que nos atañe, cuando sí hay ambigüedad, vemos de nuevo que es una recomendación, que el cambio se ha producido paulatinamente a lo largo de más de medio siglo y que, como decíamos, afecta a poquísimos casos. La recomendación de resolver la ambigüedad con una palabra tan melodiosa y tan poco aprovechada como solamente me parece especialmente plausible, tanto desde el punto de vista estético como lingüístico, y podría ser la solución para los adictos a la tilde antes de que llegue el día final. La improcedencia de deshacer ambigüedades con signos gráficos queda demostrada en el lenguaje oral.

Dos años después, la propia Gándara volvía a escribir un artículo abarcando la cuestión, aunque en esta ocasión tratando de valorar numéricamente el éxito de la recomendación de la RAE. Los resultados no pudieron ser más desalentadores para aquellos que sí creen en los dictados de la academia: la mayor parte de escritores y medios de comunicación (más del 80%) seguían puntuando, pese a inconsistencias obvias, "sólo" como adverbio. La tilde había ganado, la RAE había perdido.

No hace falta explayarse más en cómo el debate sigue vivo. Quizá dentro de dos años debamos hacer un nuevo recuento y ver si, de algún modo, el adverbio "solo" recupera terreno. Hasta entonces, el grupo de irredentos continuará acentuando hasta el fin de sus días.

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