La Benedetta real y las diferencias con la película de Verhoeven: no hubo consolador de la talla de la virgen

La Benedetta real y las diferencias con la película de Verhoeven: no hubo consolador de la talla de la virgen
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Benedetta, recién estrenada en cines, cuenta una historia cautivadora. La mujer en la que se basa la obra fue una religiosa de las teatinas en Pescia durante la era de la contrarreforma católica italiana. Era mística, tenía visiones donde, por ejemplo, se casaba con Dios, y acabó cayendo en desgracia tras un proceso en el que se la identificó como “monja lesbiana”. En la película del siempre lascivo Paul Verhoeven Benedetta sale practicando diversos actos sexuales con la que fue su compañera en el amor, Bartolomea.

El filme es una adaptación casi directa de la biografía a cargo de Judith Brown, historiadora de la Universidad de Stanford que descubrió la particular vida de la mística en los archivos estatales de Florencia mientras investigaba la historia económica de la región y del gobierno de los Medici. No sólo los hechos narrados en este libro han sido matizados por otros historiadores, sino que Verhoeven se ha tomado algunas licencias para la mejor cohesión e impacto de la historia. Vamos a recopilar algunos datos de lo que sabemos o creemos saber sobre la vida de esta figura.

Vida y milagros

Los primeros pasos de su biografía (1590-1661) son similares a los descritos en la película. Provenía de una familia que, sin llegar a ser noble, tenía posibles. La metieron en el convento cuando cumplió 9 años. Cuando entró, el convento teatino aún no había recibido el visto bueno del Papa, pero las mujeres que allí vivían se regían por normas religiosas muy rígidas, agustinianas. En 1610, cuando el convento empezó a ser próspero, recibieron el permiso de Roma para constituirse como órgano colegiado.

Benedetta logró ser la abadesa de la orden en torno a 1620, a sus treinta años, algo inaudito. Se cree que siempre dio muestras de ser una monja cumplidora y ordenada, pero veía visiones desde pequeña, y decía que a veces la poseía una entidad angelical. En aquella época las visiones, las posesiones y estas espiritualidades vívidas no se pueden entender con el prisma de hoy.

Ahora bien, Judith Brown considera que, según lo que se desprende de los escritos de la época e investigaciones inmediatamente posteriores, la caída y el encarcelamiento de Benedetta se debió a su ambición y egoísmo. Durante sus estados de trance hablaba con voces de ángeles y a veces con la de Jesús. Sus hermanas decían que a veces incluso tomaba apariencia de joven apuesto mientras hablaba con esas voces. En efecto, y como vemos en la película, dijo recibir los estigmas en una de sus sesiones con Jesús, estigmas que más tarde, cuando se iniciase su proceso contra ella, algunas monjas dirían que se las había infligido ella misma. La cosa no quedaba ahí, sino que, en su tiempo como abadesa, organizó una boda en la que se casaría simbólicamente con el hijo de Dios, y también, en el transcurso de una posesión, Jesús habló por boca de ella evidenciando la superioridad de su “esposa” y amenazando con castigar a aquellas que no la obedecieran.

También, como pasa en la cinta de Verhoeven, esta mística fue una fuente de intereses políticos. Mientras al principio los funcionarios de la iglesia local veían como una fuente de poder y publicidad tener a una mujer que hacía milagros e incluso podía ser santa, en aquel momento la jerarquía eclesiástica se había alejado de fomentar el misticismo personal y estaba más a favor de reprimir el éxtasis. Hubo tres o cuatro visitas al convento por parte de la autoridad eclesiástica, pero sólo en el último se encontraron los testimonios sexuales pecaminosos en la vida de Benedetta.

No hubo sodomía

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Por una serie de actos que podían pasar por posesiones o el acoso del diablo, las hermanas teatinas confinaron a la hermana Bartolomea en su celda, para que le hiciese compañía. Ambas tendrían una relación amorosa que duraría unos dos años, dándose placer varias veces por semana. Se besaban y se frotaban los genitales, pero no había instrumentos involucrados de por medio. Fue Bartolomea la que confesó todo, Benedetta nunca lo hizo ni lo admitió. Según los relatos de un historiador, su amante decía que adoptaba la personalidad de un ángel masculino, Splenditello, cuando “pecaba con fuerza” con ella. Ese ángel podía ser tal o un demonio disfrazado.

En cualquier caso, se cree que sólo practicaron "lesbianismo", que no estaba penado, y no la llamada “sodomía”, entonces “acto de penetración entre mujeres con algún objeto fálico”. Fue una práctica que sí se halló en las biografías de otras mujeres de la época, y, aunque, las condenas de los juicios variaban mucho de unas regiones a otras, normalmente este acto estaba asociado a la pena capital: ahogamientos, hogueras…

Es por esa fuerza dramática de la pira y su asociación con la mártir Juana de Arco que el director neerlandés incluyó esa escena en el guion. Lo considera una “verdad histórica”, dada la cantidad de mujeres lesbianas que murieron por ello. Así que lo del dildo de la estatuilla de la virgen es una licencia. ¿Significa eso que Verhoeven puso esa escena para causar polémica? “No, y no me creerás. La gente cree que soy un provocador, pero no puedes anticipar la reacción final a una escena. Cuando grabamos el famoso momento con Sharon en Instinto Básico no pensábamos que tuviera nada de especial, ni nosotros ni los montadores. Veinte años después, la gente sigue hablando de esa escena”.

Sobre aquello de si Benedetta era “lesbiana” o no, hay historiadores, como Lillian Faderman, que creen que no puede definirse así, ya que la etiqueta se la colocamos desde la mirada de la identidad sexual que tenemos hoy en día.

Tras la confesión, Benedetta perdió su puesto como abadesa y fue mantenida bajo vigilancia durante los 35 años restantes de su vida. Murió en 1661.

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