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Cada vez más dueños de mascotas se pasan a la comida sin grano. En muchos casos es peor que el pienso normal

Cada vez más dueños de mascotas se pasan a la comida sin grano. En muchos casos es peor que el pienso normal
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Desde hace años, la comida sin grano para las mascotas es sinónimo de bienestar. Una alternativa más “natural” a esos piensos ultraprocesados a precios de saldo. Sólo por el doble de precio (aproximado), el sistema inmunológico y alimenticio del animal mejorará enormemente, y puede que incluso así viva más años. O al menos eso piensa un buen porcentaje de los dueños que opta por este tipo de productos. El problema es que en muchos casos puede tratarse sólo de una estrategia de marketing sin mejoras efectivas para los compañeros gatunos y perrunos.

La FDA los tiene en sospecha: la organización equivalente a nuestro Ministerio de Salud en Estados Unidos emitió en 2018 un informe que debería preocupar a los dueños de perros de raza y grandes, como el doberman pinscher, el bóxer, el lobero irlandés o el gran danés. Se han encontrado altas correlaciones entre la alimentación con piensos sin grano y los ataques al corazón prematuros en estos canes, en concreto del trastorno de miocardiopatía dilatada o MCD. También están en riesgo otras razas mixtas que generalmente no son genéticamente propensas a problemas del corazón, como los golden retrievers, caniches, labradores retrievers y los shih tzus.

Legumbres que debilitan: en concreto, en un estudio de 150 animales afectados por una MCD, se encontró una alta prevalencia de dietas con guisantes, lentejas, garbanzos y patatas, que son los alimentos “naturales” que suelen reemplazar a los cereales en el pienso seco para darle consistencia. Aún no se han descifrado las causas concretas de este fenómeno y, como dice la FDA, es un estudio con una muestra muy pequeña y no hay motivo para alarmarse.

Sí recomiendan revisar la dieta de los perros de estas razas con veterinarios o especialistas.

Pero, ¿por qué se les da este pienso? Algunos de los mitos que rodean el pienso comercial es el de que produce alergias, cuando en verdad las alergias son muy muy raras en gatos y perros y suelen ser más comunes en carnes (alergia a la ternera o al pescado) que en cereales. Bastantes de estos productos especiales se promocionan como “sin gluten”, cuando de hecho algo de gluten en la dieta de gatos puede ser beneficioso.

No, el grano no es comida de McDonalds per se: la palabra grano, además, se vincula a excesivos carbohidratos y bajas proteínas, pero esos piensos “libres de granos” con patatas y guisantes pueden usar sustitutivos con tantos o más carbohidratos que los piensos comunes, facilitando el engorde y la diabetes que tanto se quiere evitar.

El riesgo de lo natural: en general ha calado la idea de que estos animales no están hechos para comer cereales y que sus ancestros salvajes se alimentaban de carnes. Tanto gatos como perros, salvo alergias, pueden comer perfectamente cereales, y para los perros de hecho la dieta sin granos puede ser dañina si la carne que come es alta en proteínas. Otra de las alternativas comentadas entre los amantes de los animales es la comida BARF o “alimentos crudos biológicamente apropiados”, aún más cara que la “sin grano” y que provoca mayores riesgos de exposición a bacterias que el pienso del supermercado.

El timo del “premium”. Las mascotas tienen cada vez un mayor peso como seres de compañía, y se va invirtiendo en ellos más recursos y esfuerzos por mejorar su calidad de vida. Si en 2011 en Estados Unidos la lujosa comida “sin grano” ocupaba un 15% de las ventas a mascotas caseras, hoy es el 44% y creciendo. Es un fenómeno parejo al de las mayores ventas de champús para gatos (casi nunca es necesario lavarles), paquetes de vitaminas complementarias o camas de lujo, cosas que se compran para intentar cuidarles más y que sirven más bien como placebo para sus dueños. En seis años la facturación en gasto en productos para mascotas ha pasado de 37.000 a 56.000 millones de euros en Estados Unidos, y, aunque no a tal velocidad, el gasto en Europa también está creciendo. Otro efecto curioso más de la pacificación de las costumbres.

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