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California obligará a todas las nuevas casas a tener paneles solares. Puede no ser la mejor de las ideas

California obligará a todas las nuevas casas a tener paneles solares. Puede no ser la mejor de las ideas
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Gracias a una votación de la Comisión de Energía de California (CEC) y al apoyo de las entidades estatales a la medida, a partir de ahora todas las nuevas residencias de tres pisos o menos que se construyan tendrán que incorporar paneles solares. Ahora que California está construyendo 113.000 unidades habitacionales al año y que sólo el 15% de ellas apuestan por instalar paneles, es una norma revolucionaria. Más para Norteamérica, donde las políticas ecologistas no son una prioridad. Eso sí, esto va a tener múltiples efectos, no todos ellos previsibles o positivos.

La energía solar no es lo mejor: este estado, y ninguno en realidad, no puede depender de la energía solar de los particulares, entre otras cosas, porque dentro de las energías renovables es una de las propuestas más caras. Los pro-ecologistas creen que la escalada de demanda abaratará los costes y traerá innovación y optimización a esta energía (se ha demostrado que es así), pero a día de hoy los de la costa oeste harían más instalando granjas solares y centrales eólicas. Claro que, en ese caso, habría que hacer una inversión estatal, y no dejar que sean los ciudadanos y los constructores los que paguen la inversión.

La peligrosa curva de pato: como sabemos, el sol sale y se pone, y uno de los momentos de más demanda energética de los humanos son las noches. Esto va a causar que los voltios que vuelquen a la red los particulares a las horas de máximo sol compitan entre sí y abaraten enormemente esta fuente energética (perjudicando al propietario de los paneles, que recibirá menos por su energía) y después provoque un aumento del precio en horas nocturnas. Además, las centrales no tienen capacidad para rastrear ni controlar gran parte de esa energía solar particular (se requeriría hacer la red más inteligente), por lo que el efecto neto podría provocar una red más inestable, al menos a corto plazo.

La crisis residencial: California, y más concretamente sus grandes núcleos urbanos, tienen una altísima demanda de vivienda que está encareciendo los precios de vivienda a un ritmo muy superior al que se construyen nuevos espacios. La normativa solar va a provocar trastornos: pagar por adelantado el coste de la instalación solar (en torno a unos 10.000 euros por residencia) es perjudicar el acceso a la vivienda, especialmente a las clases más desfavorecidas que no tienen ahorros con los que hacer inversiones iniciales.

Y la crisis urbanística: Estados Unidos, y menos aún California, no es como Europa. Los norteamericanos tienen una cultura de gran, gran dependencia del coche. La densidad urbanística de San Francisco o Los Ángeles es inferior a, pongamos, Tokio, aunque el tráfico poblacional sea más o menos equivalente. Construyen a lo ancho, viven en los suburbios, y mantienen estas construcciones unifamiliares como símbolo de estatus de la clase media acomodada. Aunque las áreas de baja densidad son ventajosas en ciertos aspectos frente a las urbes (como el mantenimiento de la fauna y flora local y la mejora de la salud) y se estima que la erradicación de este modelo urbanístico no tendría tantas ventajas ecológicas como se creía al principio (sólo supondría una reducción del 1% de las emisiones a eliminar para 2030), es un cambio positivo para la sociedad: acorta las distancias, concentra los servicios y nos hace compartir más el transporte, aunque esto último les vaya a costar horrores a los americanos.

El argumento pánfilo: aunque no sea la fórmula óptima, es una solución urgente a una necesidad de cambio urgente. Algo es mejor que nada, y aunque vaya a modificar el mercado energético californiano, no necesariamente a mejor, se cree que esto va a bajar la dependencia del carbón y el gas natural, dos fuentes más baratas para el bolsillo pero caras para la capa de ozono. Además, y dado que tienen tantas residencias en los suburbios, la instalación de paneles particulares clamaba al cielo, aunque haya tenido que ser a golpe de “decretazo”.

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