Cuanto más pobladas son las ciudades, peor es su calidad de vida. Con una excepción: Tokio

Cuanto más pobladas son las ciudades, peor es su calidad de vida. Con una excepción: Tokio
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Para 2050, se estima que la población mundial sea de 9.800 millones, de los cuales 6.700 vivirán en ciudades. Con cientos de planes de desarrollo urbano sobre la mesa, cada vez suman más edificios, infraestructuras e instituciones que gestionan la sociedad, y elementos no materiales que hacen que esta funcione sin problemas y atraiga a más gente. Pero también es cierto que una población más grande es mucho más difícil de atender, en términos de disponibilidad de recursos y calidad de vida.

Los millennials se mudan cada vez más a las capitales de provincia, una tendencia atribuida a la búsqueda de entornos más vivos y con más futuro laboral. Sin embargo, no está claro si esto hará que esta generación sea más feliz. El entorno influye tanto en el bienestar como en la salud mental. Las ciudades con infraestructura en deterioro y calles sin mantenimiento, se han asociado con mayores problemas de depresión, y hay evidencia de que las áreas densamente pobladas amplifican esos factores estresantes.

Sin embargo, a pesar del caos de la vida urbana, las ciudades también ofrecen a los habitantes una serie de comodidades que son más difíciles de encontrar en pueblos pequeños y rurales. La pregunta es: ¿se reflejan estas facilidades en la calidad de vida de las personas? Según una investigación de Elaine Siu, usando datos de Numbeo para comparar la calidad de vida en casi 200 ciudades diferentes de todo el mundo, no.

Para ello comparó el índice que mide la calidad de vida (utiliza ocho métricas diferentes: coste de vida, poder adquisitivo, precio de la propiedad a la relación de ingresos, contaminación, tiempo de tráfico, seguridad, salud, clima) con la densidad de población en ciudades con un área metropolitana de más de 500.000 habitantes.

Calidad de vida vs densidad población.

Tal y como podemos observar, la mayoría de las métricas (seis de las ocho) se correlacionan con el tamaño de la población, lo que sugiere que cuanto más densa es una ciudad, menor es su calidad de vida en esas métricas. Pero eso solo pasa en ciudades que tienen más de 2,4 millones de personas, lo que indica que el tamaño no parece afectar la calidad de vida hasta cierto punto de inflexión. Tras superarlo, hay una clara tendencia a la baja.

A medida que más gente se muda a las ciudades, los impactos negativos del aumento de la densidad se notan en: falta de servicios urbanos para todos y consecuencias en el comportamiento social. Se ve un mayor número de coches en las calles y no solo causan congestión del tráfico, sino que también reducen la vida pública, debido a la falta de espacio.

Las institucionales públicas como la educación y la salud, pero también las gubernamentales y recreativas, se colapsan demasiado. Esto también tiene implicaciones sociales: la gente está más estresada e insatisfecha.

Otro aspecto es que en las ciudades la vida no es tan simple como en los pueblos pequeños. Si bien la ciudad se beneficia económicamente, la gente trata de ganar más para poder pagar productos y servicios más caros, lo que  conduce a una ambición ciega en los conciudadano y lleva a niveles más altos de estrés y ansiedad. Con eso, la calidad de la vida en comunidad disminuye y cada vez más personas se sienten alienadas.

Según este estudio, la insatisfacción con el transporte público, las instalaciones culturales, la disponibilidad de puntos de venta, los espacios verdes, la calidad del aire, la confianza de las personas, la administración pública y la eficiencia administrativa contribuyeron significativamente a la insatisfacción con la vida en una ciudad.

La excepción japonesa

Sin embargo, Tokio es la excepción a la regla: su calidad de vida es mucho más alta a pesar de su elevada población metropolitana, la más grande del mundo. Aún así, ocupa el primer lugar en poder adquisitivo, seguridad, tiempo de tránsito, coste de vida, atención médica y contaminación.

¿Por qué?

Podría ser su eficiente transporte público, ese en el que se emite una disculpa pública cuando un tren sale 25 segundos más tarde de la hora prevista. O podría ser su vivienda relativamente asequible, al menos en comparación con otras grandes ciudades como Nueva York y Hong Kong. Una consecuencia de su sistema de zonificación de suelo flexible, que hace que sea fácil construir viviendas y comunidades de uso mixto.

Gráficos: Elaine Siu

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