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Diez días después, esto es lo que sabemos del supuesto atentado a Maduro

Diez días después, esto es lo que sabemos del supuesto atentado a Maduro
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Primero fueron tres drones: esta fue la información inmediata que se dio del suceso. Jorge Rodríguez, vicepresidente de Comunicaciones, dijo que se habían explotado dos aparatos teledirigidos muy próximos a la tarima presidencial, donde estaban Maduro, su esposa y distintos mandatarios del Gobierno el cuatro de agosto, y un tercero en un edificio dos manzanas más allá. Una semana después fuentes gubernamentales confirman que se trataron sólo de dos drones.

Disparo o no disparo: difieren las opiniones de los expertos en cuanto a la detonación, especialmente del dron que estuvo más próximo a Maduro. Los vídeos revelan que estalla en el aire, según fuentes progubernamentales dicen que lo abatieron los francotiradores de seguridad y expertos en la misma ajenos al régimen afirman que es casi imposible darle a un dron a esas distancias, por lo que habría explotado solo.

DJI-Matrice 600: el modelo de los dos drones. Cuestan unos 5.000, 6.000 dólares, tiene un nivel de manejo de hasta cinco kilómetros en línea recta y es típicamente usado por fotógrafos y realizadores audiovisuales. No es profesional. Según el Ministro de Justicia cada uno de ellos llevaba un kilo de C4, explosivo típico de comercializadores estadounidenses en el mercado negro y carga suficiente para matar a varias personas si detona a escasos metros. Al parecer no toda la carga pudo explosionar.

Soldados de Franela: el grupo de "civiles y militares leales al pueblo de Venezuela" que se ha adjudicado la autoría del atentado a través de las redes a través de las redes sociales. Lo han llamado Operación Fénix, dicen que llevan planeándolo desde 2014 y aseguran "agrupar a todos los grupos de resistencia a nivel nacional para lograr efectividad en nuestra lucha contra la dictadura con organización y convicción". Sería una suma de fuerzas opositoras, algunas dentro del aparato del Gobierno. Se adjudicaron la autoría después de que el ataque se produjese.

Contubernio extranjero: lo primero que dijo Maduro es que se trataba de un complot orquestado por los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, especialmente Juan Manuel Santos, el presidente saliente del gobierno latinoamericano. Maduro ha pedido al FBI que ayude a investigar estos peligrosos hechos.

Culpables y sospechosos: Osman Alexis Delgado Tabosky y Rayder Alexander Russo Márquez (defensores públicos de un movimiento en favor de un piloto que intentó atacar sedes oficiales el año pasado); el militar Oswaldo Valentín García Palomo (presuntamente involucrado con un golpe militar frustrado en mayo), José Monasterio Venegas y Argenis Gabriel Valero Ruíz (a los que supuestamente se pilló “in flagranti”) y Primero Justicia Juan Requesens (diputado actual del partido opositor y figura pública de más dudosa vinculación al hecho). Hay más implicados. Se habría reunido a todos ellos para entrenar en unas fincas al norte de Colombia y se les habría ofrecido como recompensa 50 millones de dólares y residencia estadounidense. Maduro tiene pruebas, las declaraciones de seis de los presuntos participantes (también de Requesens) que se han autoinculpado, como se recoge en grabaciones difundidas en Venezuela.

Autoatentado: dado que Maduro ha utilizado este suceso para ahogar aún más las voces disidentes con el régimen hay quien teoriza que fue el propio Gobierno el que instigó el ataque. Es improbable que haya sido así, pero a esta teoría de la conspiración la alienta que el acto de homenaje para el que hablaba el presidente se realizó en la caraqueña avenida Bolívar, insegura para ese tipo de demostraciones que anteriormente se habían hecho en cuarteles.

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