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¿Dónde está el límite en los atletas? Esto es lo que dice la ciencia

¿Dónde está el límite en los atletas? Esto es lo que dice la ciencia
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Los Juegos Olímpicos acaban de finalizar y este año hemos visto cómo se han batido 19 récords mundiales, algunos con marcas impresionantes. La nadadora estadounidense Kate Ledecky batió el de los 800 metros libres, récord que ya ostentaba, en casi más de dos segundos: un margen descomunal si tenemos en cuenta que son pruebas en las que las décimas y centésimas de segundo marcan la diferencia que puede llevar a la victoria olímpica.

Cada vez nadamos más rápido, saltamos más alto y lanzamos más lejos que antes, lo que nos hace reflexionar hasta qué punto va a seguir mejorando el rendimiento atlético.

Son muchos los que han intentado establecer cuáles son los límites del rendimiento humano y la ciencia nos puede dar algunas claves sobre ellos y sobre cuándo podríamos alcanzarlos.

Está claro que ha habido una mejora espectacular en las habilidades atléticas durante el último siglo, algo que se refleja en la continua superación de los récords mundiales en el atletismo desde principios del siglo XIX y que tiende a seguir una tendencia lineal más que exponencial. Sin embargo, dicho progreso se distribuye de forma equitativa a través de las varias disciplinas del atletismo.

Durante los últimos 100 años, deportes como la jabalina y el lanzamiento de peso han mejorado de forma espectacular, mientras que en las carreras de corta distancia, como los 100, 200 y 400 metros lisos han visto mejoras en las marcas mucho más modestas. Por ejemplo, en el año 1909 el récord de lanzamiento de peso masculino estaba en 23,12 metros, lo que significa que ha habido un aumento de casi el 50% en la distancia de lanzamiento en poco más de 80 años. Por el contrario, la mejora en los 100 metros masculinos durante el siglo pasado apenas ha sido del 8%.

Por otra parte, el grado de mejora en las mujeres ha sido extraordinario y a nivel general mucho mejor que en las pruebas masculinas durante el mismo periodo de tiempo. Por ejemplo, si tenemos en cuenta los 100 metros, las mujeres han mejorado sus marcas en un abismal 30% durante los últimos 80 años mientras que, como ya hemos dicho, en el caso de los hombre fue solo del 8% y la diferencia es incluso mayor en otras disciplinas.

También ha sido demostrado previamente que la secuencia de récords en la historia del atletismo no ha sido aleatoria, sino que sigue una determinada regularidad.

¿Por qué estamos mejorando?

¿Acaso se deben las mejoras periódicas a las técnicas de entrenamiento, según las cuales se aplica una técnica hasta que se encuentra una mejor y se utiliza en la siguiente generación? ¿O puede que cada vez se descubren los atletas de forma más efectiva en las diferentes generaciones? Francamente hablando, todavía no hay pruebas de cuáles son los mecanismos predominantes.

Sin embargo, parece que hay factores que sí que son determinantes. Primero, los avances económicos y la mayor cobertura deportiva por parte de los medios de comunicación han contribuido a un aumento en el número base de atletas, incluyendo los que compiten en los niveles más altos. Según las estadísticas, esto aumenta las posibilidades de que los "valores atípicos" (o los deportistas de élite) se vean representados entre los atletas, lo que ayudaría a la mejora de los récords.

Segundo, puede que la genética tenga algo que ver. Son varios los genes que influyen en el rendimiento atlético, de ahí que pueda ser considerado un rasgo poligénico: uno en el que un gran número de genes, cada uno con un efecto más bien pequeño, contribuye en un resultado común. Un alto grado de selección natural debe haber ocurrido con el tiempo y los mejores atletas pueden estar cada vez más caracterizados por tener una mayor cantidad de estos genes.

Puede que esto también pueda explicar la pequeña mejora en el rendimiento atlético en las pruebas de sprint (por ejemplo, los 100, 200 y 400 metros lisos) al compararlas con las pruebas de media y larga distancia (1.500 metros, 10.000 metros y la maratón).

El rendimiento de los atletas de sprint depende mayoritariamente de dos variables: el tiempo de reacción y las fibras musculares. Por el contrario, en los atletas de resistencia el rendimiento óptimo está marcado por fibras musculares lentas y por la capacidad aeróbica. Esta última puede aumentar considerablemente con entrenamientos periódicos o con cierta manipulación (dóping en la sangre, por ejemplo).

En cambio, el tiempo de reacción, que depende mucho del sistema nervioso, tiene un margen limitado de mejora si lo comparamos con la potencia muscular o con la capacidad aeróbica. De hecho, el sistema nervioso no puede aumentar la velocidad de transmisión de un impulso eléctrico, de ahí que haya poco margen para aumentar el tiempo de reacción con el entrenamiento: en este caso la genética es la clave.

De forma similar, las pruebas de salto están limitadas por los límites de esfuerzo en los tendones que no pueden pasar de un determinado límite natural, lo que explicaría por qué prácticamente no existe ninguna mejora en las marcas.

Puede que pronto se sepa hasta qué punto y cuánto ha ayudado la selección genética al progreso de los récords mundiales, puesto que pronto estará disponible la tecnología epigenética basada en la micromatriz que permite tener un perfil del ADN.

La introducción del entrenamiento profesional, las mejoras en las técnicas de entrenamiento y la introducción de suplementos ergogénicos (sustancias usadas para mejorar el rendimiento en forma de suplementos nutricionales) también han cambiado profundamente el rendimiento deportivo. Los estudios sobre la economía en las carreras han mejorado las carreras de larga distancia, mientras que la técnica Fosbury flop ha mejorado los saltos de altura.

Alcanzando la cumbre

Si estas consideraciones son ciertas, llegará un momento, puede que pronto, en el que se toque techo y solamente veamos algún “súper atleta” puntual de alguna generación que sea capaz de batir algún récord. De hecho, puede que ya se haya llegado a este punto en algunas pruebas, como en el salto de longitud y en las carreras de corta distancia, puesto que la progresión de los récords mundiales en estas pruebas es prácticamente nula o se ha ralentizado considerablemente.

Puede que el doping también haya tenido un papel en la progresión de algunos récords mundiales. Tampoco hay que olvidar que la equipación y la tecnología también son parte del deporte y probablemente hayan ayudado a mejorar las marcas por ejemplo en el caso de la ergonomía o las prensas resistentes al viento para optimizar el consumo energético de algunos atletas.

El rendimiento de los atletas es el resultado de su legado genético, del trabajo duro y, cada vez más, del aporte de la ciencia. Este último empezó hace muchos años cuando los científicos, fisiólogos, nutricionistas, biomecánicos y físicos empezaron a aplicar sus conocimientos para mejorar el rendimiento atlético. Como resultado, el simple hecho de practicar un deporte durante horas no garantiza que un atleta vaya a ser el ganador.

Los límites del rendimiento atlético en el futuro cada vez estarán menos determinados por la fisiología innata del atleta y más por los avances científicos y tecnológicos, así como por el debate sobre dónde está la línea entre los que es “natural" y lo que es una mejora artificial. Un antiguo estudio concluía que para el año 2007 los récords mundiales habrían alcanzado el 99% de su valor asíntota: el límite del rendimiento humano.

Aunque los récords mundiales en el atletismo olímpico inicialmente seguían un modelo de progreso lineal, en la mayoría de los casos la progresión de la curva se ha estabilizado durante los últimos 20 años (por ejemplo, en las carreras y en los saltos), mientras que en algunos deportes (por ejemplo, en el lanzamiento de peso) no se ha visto ninguna mejora desde mediados de los 90.

De ahí que si las condiciones actuales prevalecen durante los próximos 20 años se confirmaría la hipótesis de que la mayoría de los récords mundiales masculinos apenas podrían ser mejorados y que aún se podría batir algún récord femenino, teniendo en cuenta el aumento en la participación. Sin embargo, de producirse el doping genético, puede que nunca podamos prever los límites del rendimiento humano.

Lo más probable es que las próximas mejoras se deban a algo fortuito ("anomalías extremas" entre los atletas de élite), el uso de soportes mecánicos, la introducción del doping genético o de algún otro tipo y, por último, las revoluciones medioambientales (la contaminación, por ejemplo). Todos estos factores hacen que cualquier modelo matemático sea poco fiable a la hora de calcular el progreso de los récords mundiales en el atletismo.

Autor: [Andy Galbraith](Alberto Dolci), profesor en Ejercicio y Fisiología Ambiental de la Universidad de Westminster. Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

Imagen | Lee-Jin Man/AP Photo

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