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EEUU no tiene baja por enfermedad obligatoria. Y está comprobando el enorme riesgo que implica

EEUU no tiene baja por enfermedad obligatoria. Y está comprobando el enorme riesgo que implica
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En Estados Unidos ni la baja por maternidad/paternidad ni la baja por enfermedad son derechos reconocidos universalmente para todos los trabajadores. Al contrario que en la mayoría de países europeos, cada empleado gestiona con su empresa estas condiciones, así como la duración de sus vacaciones. El país se está dando cuenta de que esta cobertura, que muchos políticos republicanos consideran una invasión a la libertad de negociación de los individuos, tal vez no sea la pesadilla socialista que a algunos les podía parecer. Es, en tiempos de pandemia, un instrumento buenísimo para salvar vidas.

En datos: en las últimas décadas ha habido una corriente favorable a la inclusión de cláusulas por baja por enfermedad. Aun así a día de hoy hasta el 24% de todos los trabajadores del sector privado carecen de ella. Lo grave es que esta carencia se concentra en mucha mayor proporción en los empleos de baja cualificación. Empleos que son ahora vitales para el mantenimiento de la sociedad: trabajadores de centros de logística, celadores y otro tipo de personal sanitario, reponedores y cajeros de supermercado, etc.

Reacciones desordenadas y peligrosas: esta crónica de The Atlantic da muestra de la pesadilla sanitaria que es la ausencia de la medida. Muchos de estos gigantes empresariales han anunciado que protegerán a sus trabajadores ante el COVID-19, pero sus protocolos son igualmente nocivos. Un empleado de Amazon sólo podría cobrar su baja por enfermedad a la vuelta al trabajo, lo que llevará a muchos trabajadores sin ahorros a volver a la línea a pesar de estar enfermos, propagando el virus.

En la cadena Whole Foods sólo se garantiza el sufragio de la baja médica si has conseguido el resultado positivo de un test de COVID, y como hay Estados donde los tests se están racionando, muchos no están teniendo acceso a esa prueba, lo que les lleva a regresar a sus puertos.

Son sólo dos ejemplos de varios.

Consecuencias de la sanidad universal gratuita. Hay 27.5 millones de personas sin ningún tipo de seguro médico y 44 sin una cobertura suficiente, eso sin contar a los millones de indocumentados. La inmensa mayoría de estadounidenses hacen depender su seguro a su trabajo, con lo que la gente de los millones (47 por el momento) de personas que se están quedando en paro lo están perdiendo. Aunque se ha anunciado que los tests serán gratuitos no lo son los servicios médicos asociados a esa consulta, lo que está provocando que la factura total de una prueba de coronavirus pueda rondar fácilmente los 3.250 dólares (2.850 euros). Por estas razones mucha gente portadora está yendo a trabajar o está transitando por los Estados que aún no han anunciado el confinamiento.

Una baja por enfermedad gruyere. El pasado 17 de marzo la Cámara baja del Congreso estadounidense aprobó una inyección de capital público para que las empresas cubran las bajas por enfermedad. Pero la medida ha nacido bastante coartada: sólo cubrirá por un máximo de 12 semanas a los trabajadores con hijos a cargo y cuyas escuelas estén cerradas, las empresas sólo tendrán que pagar por dos de estas 12 semanas y las compañías de menos de 50 empleados y muchos proveedores de atención médica quedan exentos de sufragar la baja.

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