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El "Spiderman de Malí" ha tenido suerte: Francia cada día es menos tolerante con la inmigración

El "Spiderman de Malí" ha tenido suerte: Francia cada día es menos tolerante con la inmigración
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Un chico de 22 años arriesga su vida, escala cuatro pisos y es capaz de salvarle la vida a un bebé que pendía de la barandilla de su hogar. La situación es captada por las cámaras de los transeúntes parisinos, después le entrevistarán diversas cadenas de televisión. En menos de 48 años Mamoudou Gassama ha logrado reunirse en exclusiva con el Presidente del Estado en el Palacio del Elíseo, ser condecorado, ganarse un trabajo como bombero y recibir la ciudadanía francesa que no tenía, ya que se trataba de un inmigrante ilegal.

Así se ha vendido la historia del “Spiderman de Malí”, un chico que sólo hizo lo que le pareció correcto para salvar una vida en una situación extrema. La noticia ha corrido como la pólvora y todos, Presidente incluido, están encandilados con este ejemplo para la sociedad.

Francia no quiere malíes: esa es la realidad política y electoral del país actualmente. Por una parte cada vez más franceses han ido votando sí en las primeras vueltas al Frente Nacional, especialmente contrario a la aceptación de inmigrantes. Tampoco el Presidente liberal Macron pretende abrir las puertas de la nación. Desde hace años el discurso público acerca de la inmigración se ha ido endureciendo por parte de los políticos de todo signo. No es un fenómeno exclusivamente francés, sino, en general, europeo.

Macron: refugiados sí, inmigrantes no. Es el resumen de su última reforma de la legislación migratoria. Quiere mejorar las condiciones de esa minoría de refugiados a los que finalmente se concede la acogida, agilizando los plazos administrativos y facilitando la reunificación familiar. Al resto de inmigrantes, sin embargo, desde febrero les toca someterse más controles y expulsiones, a un aumento del período de retención en centros al estilo de los CIEs, a menos tiempo para presentar recursos y a multas de hasta 75.000 euros y cinco años de cárcel, según el diario Le Monde, para quienes lleven un documento falso para permanecer en el país.

La trampa mediática: de esta forma el Presidente hace creer que su nueva política es tan humana como firme. La realidad es que el porcentaje de refugiados es muy inferior al de los inmigrantes, con lo que, en la práctica, va a perjudicar a muchas más personas que a las que va a beneficiar. En 2017 Francia recibió 100.000 solicitudes de asilo, y sólo aceptó 13.000 de todas ellas. Mientras tanto, el flujo de inmigrantes no nacionalizados que entra al país aumenta cada año en unas 140.000 personas. Nuestros vecinos del norte tienen en su conjunto 2.5 millones de inmigrantes no nacionalizados, mientras que en España son 3.5 millones y en Alemania más de 9.

Antiinmigración en la derecha… y en la izquierda: cinco años atrás y bajo el Gobierno del socialista Hollande ya se había iniciado ese repliegue migratorio. Fue muy conocido el escándalo de los 10.000 gitanos rumanos y búlgaros que fueron expulsados de forma forzosa del país por generar "mendicidad y delincuencia". No se les había informado previamente. El Ministro de Exteriores, Manuel Valls, dijo que ni Rumania ni Bulgaria "estaban preparadas" para integrarse en el espacio Schengen. Despliegue policial mediante, se detuvo y exportó a una joven gitana de 15 años de origen kosovar en plena excursión escolar, algo que indignó a la opinión pública y que recibió por parte del entonces Presidente el permiso para volver al país siempre y cuando volviese sola y se separase de su familia.

Asimilación: es la palabra clave empleada desde siempre cuando los galos hablan de su problema de absorción migratoria. Según muchos, el problema no es la procedencia o el color de piel, sino la falta de aceptación de la cultura regional del destino que estos migrantes han escogido. Serviría por ejemplo para enmarcar tanto las trifulcas violentas como la vestimenta musulmana femenina, dos problemas que no afectan sólo a los recién llegados, sino a los hijos de inmigrantes (es decir, a los franceses) que ya viven allí.

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