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Entonces, ¿por qué pillamos más la gripe en otoño e invierno si la culpa no es del frío?

Entonces, ¿por qué pillamos más la gripe en otoño e invierno si la culpa no es del frío?
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En caso de que no hayas pasado las dos últimas semanas encerrado en tu habitación, te habrás percatado: las temperaturas han descendido, el sol cada vez brilla con menos intensidad, las lluvias son más frecuentes. Se acerca el invierno, el frío se instala. Si has sobrevivido aislado de la humanidad durante varios días, es improbable que te hayas contagiado de la gripe. Pero si has socializado, quizá ya recorra tu organismo. Correlación obvia: la culpa es del frío.

Se trata de un mito popular extendido, pero cada vez más refutado en los medios de comunicación. No, la gripe no está causada por el frío. La gripe, al igual que los resfriados, es una enfermedad infecciosa provocada por un virus. Los virus llegan a nuestro organismo por contagio. Ese contagio puede darse tanto en verano como en invierno, aunque, como vamos a ver, en invierno es mucho más probable. Lo esencial es que el frío por sí mismo no es capaz de provocarnos gripe alguna. ¿Entonces, a qué se debe que la estación invernal coincida con los picos de gripe?

Desde finales de octubre hasta la llegada de la primavera más cálida, en abril, España y todos los países de nuestro entorno entran en la temporada de gripe. Se extreman las medidas por parte de las autoridades, se lanzan los consabidos avisos y consejos a toda la población y se inicia la campaña de vacunaciones. A priori, el frío parece jugar un papel fundamental: conviene abrigarnos y no salir a la calle con el pelo mojado en aras de prevenir un probable contagio. Y aún así, el frío es accesorio.

Culpemos a la humedad absoluta

Los motivos por los que la gripe ha sido más frecuente durante las estaciones frías que durante las cálidas son aún, en gran medida, un misterio para los científicos dedicados a investigar la cuestión. Durante los cinco años se ha acotado el campo de lo posible, pero la pregunta ha sobrevolado la comunidad médica durante años. ¿Qué sucede para que haya más casos de gripe en diciembre que en agosto, de forma constante y sostenida en todos los países del mundo de clima templado?

Guantes

La última respuesta a la anterior pregunta es "la humedad". O mejor dicho, la carencia de ella. Este artículo de la BBC recopila las opiniones tanto de investigadores expertos como de varios estudios realizados en este campo, y sus conclusiones son comunes: antes que cualquier otro factor, la correlación entre baja humedad durante los meses de invierno y repunte de los casos de gripe (en muchos casos mortales) es casi perfecta. En este estudio se pueden observar algunos gráficos: el aumento de infecciones es inversamente proporcional al descenso de la humedad absoluta.

Cuando hay menos humedad, las partículas que transportan el virus permanecen más tiempo en el aire porque son más ligeras. Ergo, nos contagiamos más

De forma simple, el aire frío de los meses de invierno puede transportar menos vapor de agua antes de llegar al punto de rocío. Pese a que a través del cristal empañado de nuestra ventana parezca que el ambiente es más húmedo, a nivel absoluto no lo es. Cuando la humedad absoluta es alta, las partículas que segregamos (estornudos, toses) y que portan los virus de la gripe son grandes y pesadas, por lo que pasan menos tiempo en el aire. Caen al suelo. Cuando la humedad absoluta es baja, se dispersan, son más ligeras, y permanecen en el ambiente más tiempo. Mucho más tiempo.

Resultado: somos más proclives a contagiarnos. En cifras: cuando las temperaturas bajan de 5º C y la humedad se sitúa por debajo del 20%, es más probable que el virus se mantenga en el ambiente. Al contrario, es poco frecuente que los contagios se produzcan en condiciones de humedad superiores el 80%. No se trata tanto del frío, sino de la humedad, pese a que ambos estén relacionados.

Pero no salgas a la calle sin abrigo

Entonces, ¿debemos obviar los típicos consejos de nuestros padres y abuelos? No exactamente. La respuesta no es total, y hay otros factores que también pueden influir en la gripe. Pese a que las bajas temperaturas no van a provocar por sí mismas que nos enfriemos, sí pueden reducir nuestras defensas. Pasamos menos tiempo al sol y en condiciones de vulnerabilidad. En consecuencia, cuando estamos en la calle, tenemos menos defensas dado que nuestros vasos sanguíneos de la nariz y la garganta, los que distribuyen las células blancas que nos protegen, se han contraído.

Así que sí, sigue siendo mala idea salir a la calle en invierno con el pelo mojado.

Vacuna
Vacunarse, la mejor prevención contra la gripe.

¿La mejor solución a nuestro alcance para no contagiarnos? Acudir a nuestro centro médico más cercano y pedir la vacuna de la gripe. Es el método más fiable

Otra explicación utilizada habitualmente para explicar por qué nos contagiamos más en invierno que en otras épocas del año es que pasamos más tiempo en lugares cerrados. Dado que hace más frío, nos recluimos en las oficinas y en nuestras casas y utilizamos más el transporte público. Sin embargo, los espacios con aire acondicionado o con mayor temperatura y humedad suelen ejercer de contrapeso. Además, también acudimos al trabajo o utilizamos el autobús en verano.

De modo que, un año más, tenemos una serie de herramientas limitadas para luchar contra el contagio. Los antibióticos no son de gran ayuda, y, como vimos aquí, conviene no abusar de ellos. Aquí se ofrecen algunos consejos básicos. Utilizar humificadores del aire puede resultar beneficioso, especialmente en la escuela. La mejor prevención, en todo caso, es la vacuna. El virus de la gripe muta cada año, y lo ideal, si no se desea contagiarlo, es acudir al centro médico más cercano a recibir la vacuna pertinente. Y así, tratar de evitar, un año más, con la dichosa gripe.

Imagen | Hernán Piñera

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