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Por qué cuando hablas spanglish puedes estar dañando el español... o mejorándolo

Por qué cuando hablas spanglish puedes estar dañando el español... o mejorándolo
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Es probable que te haya sucedido alguna vez: buscas una palabra en español para describir un objeto, un proceso, algo nuevo, y no la encuentras. En su defecto, recurres al inglés. Al fondo de la sala, uno de tus amigos levanta la mano, se pone en pie, agarra el micrófono e inquiere con gran dignidad sobre los porqués del uso del inglés en sustitución del español. Comienza la discusión y el mundo, poco a poco, se divide en dos: a quienes les da igual y a quienes no.

El inglés está cada día más presente en nuestras vidas. No sólo porque se trata de la lengua internacional por excelencia, materna de la potencia económica y cultural de nuestro tiempo, sino también porque poco a poco se está adaptando con rapidez y facilidad a nuestro léxico diario. Hablar de "crowdfunding" se ha convertido en algo común, del mismo modo que referirnos a nuestro "timeline" o a la "gamificación". Ya sea en forma de palabras derivadas o no, el inglés ha llegado de la mano de la revolución digital ("big data") y se va a quedar por mucho tiempo.

Anglicismos: ¿un retroceso en nuestra lengua?

Bien, la pregunta es obligatoria, y provoca debates enconados entre puristas de la lengua castellana y aquellos que defienden a ultranza la adaptación y evolución de los idiomas: ¿es esto algo intrínsecamente negativo para nuestro lenguaje?

"La clave es ser consciente de nuestro propio uso lingüístico. Es triste observar como muchos se afanan en utilizar el último neologismo procedente del inglés ignorando la inmensa riqueza que atesora el español", señala Joaquín Dacosta

"No necesariamente", responde Joaquín Dacosta, director del diccionario María Moliner (RBA). "La clave es ser consciente de nuestro propio uso lingüístico. No es deseable aceptar acríticamente todo lo que viene de fuera despreciando lo propio sin plantearnos si realmente nos conviene. Es triste observar como muchos se afanan en utilizar el último neologismo procedente del inglés ignorando la inmensa riqueza que atesora el español", apuntala.

Tic Las TIC son las principales responsables de la llegada masiva de anglicismos a nuestro idioma.

Opina algo parecido Ramón Sarmiento, doctor en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid: "No es negativo lo que es necesario para la comunicación o la favorece. Las lenguas y sus culturas se nutren de los intercambios. Considerar lo nuevo como algo perjudicial respondería a un criterio muy estricto, cercano al purismo". La utilización de anglicismos en nuestras conversaciones diarias, por tanto, no es de forma necesaria una carga para nuestro idioma. La idea queda lejos de los más pesimistas. El español evoluciona, la importación de extranjerismos no es una novedad.

"Si queremos bautizar, tenemos que inventar. El aumento se debe, pues, a que quienes inventan están o en Sillicon Valley o en Japón. Y ellos bautizan todo en inglés", explica Fernando Vilches

Sin embargo, antes de juzgar tan gravemente un proceso al que se están viendo sometidas otras lenguas alrededor del mundo, conviene preguntarse por qué está sucediendo. ¿A qué se debe este spanglish híbrido que toma elementos del inglés y se introduce en nuestro vocabulario con cada vez mayor profundidad?

"A la hegemonía de los Estados Unidos en los órdenes más diversos: técnico, científico, económico, cultural. Esta influencia ha penetrado también en las ideas, en las creencias y en los modos de vida de todos nosotros", responde Dacosta. Fernando Vilches, doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense, lo formula de un modo más gráfico: "El desaparecido académico Zamora Vicente decía que si queremos bautizar, tenemos que inventar. El aumento se debe, pues, a que quienes inventan están o en Sillicon Valley o en Japón. Y ellos bautizan todo en inglés".

Reverte y Marías: una posición beligerante

Ellos inventan, ellos importan. Hay quienes, sin embargo, no pueden sino hacerse cruces por la progresiva implantación de palabras anglosajonas en nuestro vocabulario. Es el caso de académicos como Artuto Pérez-Reverte y Javier Marías, quienes de forma conjunta el pasado domingo mostraron su frustración y oposición al empleo arbitrario y generalizado de palabras en inglés.

Javier Marías, en rigor, lo hizo en un breve artículo publicado en El País Semanal y colgado también en su blog, donde ponía el acento en, según él, las carencias de nuestro sistema educativo y los problemas de una enseñanza bilingüe defectuosa. A su juicio, en el proceso los hablantes de español pierden recursos y riqueza en su lengua materna al mismo tiempo que ganan una competencia parcial, torcida y poco útil de la lengua adquirida, el inglés.

Lo curioso es que, a pesar de estas dificultades frecuentes, los españoles de hoy están empeñados en trufar sus diálogos de términos en inglés, pero por lo general tan mal dichos o pronunciados que resultan irreconocibles. Hace poco oí hablar en una tertulia del "Ritalix". Así visualicé yo la palabra al oírsela a unos y otros, y tan sólo saqué en limpio que lo de "Rita" iba por la alcaldesa de Valencia, Barberá. Al poco apareció el engendro por fin escrito en pantalla: "Ritaleaks". Lo mismo me pasó con un anuncio de algo: "Yástit", repetían las voces, hasta que lo vi escrito: "Just Eat".

Lo cierto es que al margen de una posición más o menos beligerante (o colérica) respecto al spanglish contemporáneo en el que nos movemos, todos coinciden en que es esencial rebuscar en nuestra propia lengua antes que asumir por defecto las palabras provenientes del inglés.

"Todo lo que es innecesario entorpece la comunicación. Hay que estar atentos a la pobreza léxica, que es una cuestión distinta. Y a la moda ridícula. En suma, el criterio es la necesidad", explica Ramón Sarmiento

El español tiene un fondo de armario notorio, y no deberíamos despreciarlo. Es una cuestión de mentalidad, como señala Dacosta: "Muchas veces predomina el deseo de ser aceptado en el grupo. Y, aunque sea prácticamente una tautología, si lo que se busca es la excelencia en la expresión en español hay que tomar siempre que sea posible los recursos que están en el propio español". Para Vilches, a veces pecamos de comodones. Ambos coinciden en que el "esnobismo" juega cierto papel.

"Todo lo que es innecesario entorpece la comunicación. Hay que estar atentos a la pobreza léxica, que es una cuestión distinta. Y a la moda ridícula. Para el flujo idiomático, entra en juego el principio de economía lingüística, o ley del mínimo esfuerzo", profundiza Sarmiento, aludiendo también a la comodidad y al referido esnobismo. Lo primordial es hacernos entender. Que la lengua nos sirva de solución comunicativa. "En suma, el criterio es la necesidad", añade.

El inglés, en ciertos círculos, especialmente en aquellos relativos al márketing y a la tecnología, se ha convertido en una especie de ascensor social. Da cierta imagen, prestigio, posición. De ahí que ambos negocios estén repletos de palabras provenientes de dicho idioma, en un proceso que va más allá de la mera invención en inglés de tal o cual producto. Y a veces suena así.

¿Pierde el español riqueza? Sólo relativamente

"La adaptación de anglicismos, cuando es necesaria y se hace de acuerdo con el 'genio' de la lengua, es síntoma de madurez", afirma Dacosta

Dacosta invita a una "reflexión consciente" de la propia lengua, tomar conciencia de los procesos creativos de nuestro idioma materno antes que despreciarlo, ya sea por comodidad, reflexión inconsciente o esnobismo, en favor de los extranjerismos. "La solución es cuidar más el idioma propio", indica Sarmiento, teniendo presente el criterio de necesidad que nos lleva a emplear palabras inglesas para describir realidades nuevas, inexistentes en nuestro vocabulario.

Pero ante todo, se trata de ser más conscientes de nuestra propia lengua. Nada de esto implica que el español sufra un retroceso, que estemos perdiendo riqueza en nuestra lengua o que debamos estar preocupados por ello. "Preocupación ninguna en cuanto a la salud del idioma. Preocupación tal vez por ustedes, los jóvenes, que se pierden la riqueza de una lengua milenaria que dio a la historia de la humanidad el inigualable e insuperable Don Quijote", señala Vilches.

Tren Los anglicismos también enriquecen el lenguaje. "Tren" es un claro ejemplo.

Sobre la pérdida de riqueza, el argumento básico al que se aferran los puristas de la lengua cuando se abre el debate sobre los extranjerismos, Dacosta es poco catastrofista: "La adaptación de los anglicismos, cuando es necesaria y se hace de acuerdo con el 'genio' de la propia lengua, es síntoma de madurez y uso consciente del idioma". Eso sí, también hace un llamamiento a mirar nuestra propia identidad: "La lengua no es solo un instrumento para comunicar contenidos, sino soporte de cultura y de sentimientos —los rasgos que más nos definen como humanos— que tenemos que preservar".

"¿Acaso la palabra tren o fútbol nos han acarreado pobreza idiomática? ¿Quién echa de menos serie de carruajes enganchados o balompié?", se pregunta Ramón Sarmiento

Sarmiento coincide en esta línea de pensamiento. ¿Pérdida de riqueza? Sólo cuando la palabra en cuestión es innecesaria, dado que ya existe una que sirve para la misma finalidad en castellano (aunque haya quedado relegada a un segundo nivel de nuestra memoria por comodidad). Pero nada más. No en vano, como formula Sarmiento: "¿Acaso la palabra tren o fútbol nos han acarreado pobreza idiomática? ¿Quién echa de menos serie de carruajes enganchados o balompié?".

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