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España no podría tener su propio Ricky Gervais. Aquí no siempre es gratis criticar lo políticamente correcto

España no podría tener su propio Ricky Gervais. Aquí no siempre es gratis criticar lo políticamente correcto
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“Simplemente fantástico”, “más razón que un santo”, “menudo repaso que os ha dado”. Muchos internautas han celebrado estos días el descarado monólogo del comediante Ricky Gervais para la presentación de los últimos Globos de Oro. De ediciones anteriores ya conocíamos su inclinación a no cortarse un pelo a la hora de hacer mofa con escándalos, adicciones o malas interpretaciones de sus asistentes, pero esta vez la crítica al aparato hollywoodiense iba con apostilla:

Si alguno de ustedes gana un premio esta noche, por favor, no lo usen como plataforma para hacer un discurso político. No están en posición de dar una conferencia al público sobre nada. No saben nada del mundo real. La mayoría de ustedes pasó menos tiempo en la escuela que Greta Thumberg.

Y de ahí el lamento de algunos de que no contemos con un Ricky Gervais español propio, alguien que aparezca en nuestros Goya dispuesto a acabar con todo y con todos, sin miedo a criticar lo políticamente correcto. El columnista Cristian Campos ejemplificaba así este pensamiento que ha rondado por casas y redacciones.

Pero he aquí el truco: conviene tomar perspectiva sobre el asunto porque lo más seguro es que no pudiésemos contar con nuestro propio Ricky Gervais ni aunque quisiéramos. Esta posibilidad la hemos ido enterrando desde hace varios años.

Todas las veces que España puso un clavo en el ataúd del humor insurgente contra la corrección política

sdf Dani Mateo contra el Valle.

Nuestra primera parada se llama Asociación Española de Abogados Cristianos, que tiene como objetivo defender "en el ámbito jurídico los valores inspirados en el cristianismo". Ellos han conseguido que se abriesen diligencias contra Willy Toledo por decir “Yo me cago en Dios y me sobra mierda para cagarme en el dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María”. También les admitieron la denuncia contra el humorista Carlos Santiago, que en un pregón habló de “los huevos del Apóstol” e hizo sugerencias sobre felaciones de la virgen del Pilar al santo. También se presentaron junto a Hazteoír contra el cómico italiano Leo Bassi en el que se criticaba a el Papa y se denunciaban los abusos sexuales de la Iglesia.

Paradójicamente uno de los rasgos distintivos de los monólogos de Ricky Gervais fuera de los premios cinematográficos es su beligerante ateísmo y constante crítica a las religiones. Habría que ver cuál es la actitud de esta asociación y de los juzgados españoles a un comentario como: “el matrimonio homosexual no es ningún privilegio, es una simple cuestión de igualdad de derechos. Un privilegio sería que los homosexuales no tuviesen que pagar impuestos, como ocurre con la Iglesia”, o esta otra intervención en la que habla de Dios como un ser "arrogante" y "genocida", entre otras.

Los Abogados Cristianos no están solos, y a ellos se les suman la asociación franquista Amigos del Valle de los Caídos. Fueron contra el cómico Dani Mateo y el showman Wyoming por decir "Franco quería que esa cruz se viera de lejos, normal porque quien va a querer ver esa mierda de cerca", declaraciones por las que también se admitió la querella interpuesta por ofensa al sentimiento religioso. Más conocida fue la acción del Centro Jurídico Tomás Moro cuando denunciaron a Javier Krahe y Javier Seseña por el famoso vídeo sobre “Cómo cocinar un Cristo” en los años 70.

Sólo algunos ejemplos de un historial de denuncias mucho más largo, aunque si una se lleva la palma fue la sentencia de los tribunales de Jaén contra un joven que hizo un montaje fotográfico en el que puso su cara en la de un Cristo, hechos que algunos juristas analizaron como maneras de amenazar la libertad de expresión de los humoristas desde fuera, ya que, aunque en la mayoría de los casos las denuncias terminan siendo denegadas, se crea un clima de hostilidad discursiva hacia ciertas ideas.

Algo parecido podría pensarse de los chistes bestias contra las celebridades, como aquella vez que habló largo y tendido sobre la anatomía de Caitlyn Jenner, la otra en la que se explayó sobre la drogadicción de Charlie Sheen o la ocasión en la que llamó veladamente prostituta a Kim Kardashian. Todos esos chistes podrían no sentar tan bien a los receptores de una ceremonia española. No hace tanto que Irene Montero denunció y con éxito a una revista de jueces por publicar un poema jocoso (y vejatorio) en el que se tildaba a la diputada de trepa sexual.

¿Bromearía Ricky Gervais si viviese en España con su historial de represión fascista? A pesar de sus ácidos comentarios de la gala del otro día contra la cultura de la izquierda caviar, el británico no ha dudado en multitud de ocasiones en identificarse políticamente en ese espectro, y,  en sus propias palabras, una de sus principales preocupaciones como comunicador  (al margen de que lo consiga o no) es que sus bromas no sean racistas, sexistas o capacitistas, aun usando elementos sobre la raza, el sexo o las minusvalías ajenas, como explicó en este especial en Netflix.

Maxresdefault Cassandra Vera en una imagen reciente.

Suponemos que el mismo Gervais que se divierte metiendo el dedo en la llaga de los protaurinos de su Twitter o que habla de cómo, de viajar en el tiempo, no mataría a bebé Hitler, estaría encantado de haber apoyado a Cassandra Vera en su especial sobre la trayectoria espacial de Carrero Blanco.

Como bien saben los españoles, lamentablemente la tuitera acabó siendo condenada en 2017 por la Audiencia Nacional por enaltecimiento del terrorismo a un año de prisión y siete de inhabilitación absoluta, aunque después el Tribunal Supremo la absolviese por estos hechos. El de Cassandra fue el más representativo de la también importante tradición reciente de los tribunales españoles por llevar a juicio a tuiteros y artistas por comentarios que podían leerse como una humillación a las víctimas del terrorismo.

Así que no, es muy posible que no podamos tener nuestra propia versión del presentador más dinamitero al otro lado del charco. En nuestro país se ha demostrado que los ofendiditos pueden ser bastante disuasorios.

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