"¿Está tu ciudad sellada?", o cómo los árboles son el protector ideal para el calor extremo

"¿Está tu ciudad sellada?", o cómo los árboles son el protector ideal para el calor extremo
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Raúl de Tapia Martin, biólogo y consultor ambiental de España, nos comparte un vídeo que se vuelve viral en estos calurosos días de verano. Con su termómetro digital sin contacto calcula la temperatura de diferentes puntos del mismo área madrileña a las 13:45 de la tarde. El suelo de granito expuesto al sol: 54 grados. Ese mismo suelo bajo la sobra de unos árboles: 36. La tierra bajo los árboles: 25. El césped expuesto al sol: 32 grados. El mismo suelo del césped con la cobertura arbórea: 18.5. Según los comentaristas que han compartido su tuit, una escena muy ilustrativa del actual urbanismo español.

Árboles protectores: el verde es un refrigerador natural. Según Raúl de la Calle, secretario general del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales y uno de los defensores de un nuevo plan de arbolado urbano, poner unos arbolitos pueden ayudar a sofocar las diferencias ambientales entre 2 y 8 grados entre zonas “selladas” y las que no lo están, “siempre hablando de medias y teniendo en cuenta las diferentes situaciones, pero llegando a extremos se pueden superar incluso esos 8 grados [de enfriamiento]”. Otros estudios internacionales le dan la razón.

Esto es así porque existe una relación entre la temperatura de una zona y el calor específico de un material: los árboles están llenos de agua y por eso es muy difícil que se recalienten, mientras que con el hormigón y el asfalto ocurre al revés: son tan secos y tendentes al resguardo climático que en verano se disparan.

Hay hasta cálculos del número de árboles necesarios. Un grupo de investigadores de la Universidad de Wisconsin decidió cuantificar el volumen de árboles necesarios para revertir ese aumento de temperaturas excesivo típico de los últimos tiempos. Si bien el experimento se llevó a cabo en su ciudad y la extrapolación no es directa a nuestro clima, en aquel escenario, con una ocupación de la extensión de los árboles de un 40% del espacio urbano, la temperatura general de la ciudad se reduciría entre un 0,5 y 2,5 grados.

Esos dos graditos del infierno. Hasta ahora, dentro del debate de arquitectura y el medio, las ciudades tendían por lo general a necesitar en mayor grado que ayudar a resguardar las temperaturas que a expulsarlo. Se construían para que los materiales aguardasen el calor, e incluso en algunos casos los desarrolladores se han dejado llevar por cuestiones estéticas por encima de la eficiencia energética, como es lo que ha pasado ante la epidemia de viviendas acristaladas, hornos que fomentan el efecto invernadero en verano. Muy poco a poco el alzamiento climático irá revertiendo esa tendencia en pos de la preservación calórica a una inversa, algo que tampoco es ajeno a la arquitectura y mucho menos en España, donde sabemos mucho de usar roca para la vivienda o de pintar los tejados de blanco.

Polución, biodiversidad, crimen. Es más o menos conocido que la vegetación es un protector natural de la polución por CO2, así como un impulsor natural de la biodiversidad de una zona, pero no sólo. Hay estudios que han analizado que una cantidad de árboles "significativa" en calles cercanas a la vivienda de urbanitas correlaciona con una menor prescripción de antidepresivos controlando otros factores como el estatus socioeconómico, y también que, por cada 10% de aumento de la cobertura de la vegetación en un área urbana, hay una disminución del 15% en los delitos violentos y una disminución del 14% en los delitos contra la propiedad también contrarrestando los factores socioeconómicos.

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