¿Estamos acabando con la pobreza o sólo es propaganda capitalista? La guerra abierta en la academia

¿Estamos acabando con la pobreza o sólo es propaganda capitalista? La guerra abierta en la academia
41 comentarios

Lo hemos repetido una, dos y mil veces. Es uno de nuestros mantras favoritos. El mundo es complejo y está lleno de desafíos y conflictos, pero en general, hemos de ser optimistas: la humanidad va a mejor. Entre otras cosas porque cada vez hay menos pobres. Lo decimos nosotros, el Fondo Monetario Internacional, Naciones Unidas, Bill Gates y muchos más.

Al respecto de esta cuestión ha estallado en estos últimos tiempos una importante batalla tanto académica como ideológica. En enero de 2019 Jason Hickel, antropólogo económico especializado en desigualdad global y ecología política, publicaba una columna en The Guardian compartida miles de veces que daba la vuelta a este esperanzador axioma. Se centraba en los trabajos de Max Roser, economista e investigador de Oxford, junto a sus compañeros de Our World in Data, cuyos gráficos son de los más compartidos al respecto y que muestran ese declive en la cantidad de personas viviendo en la extrema pobreza en los últimos 200 años. Decía el antropólogo, con razón, que los recuentos económicos previos a 1980, cuando los registros se universalizaron y estandarizaron, no son demasiado fiables, con lo que no puede darse por bueno con todas las garantías el relato de que estemos ante un descenso progresivo de la gente pobre.

Segundo, y tal vez más importante: que establecer un mínimo de 1,90 dólares diarios per cápita para no figurar como persona en pobreza extrema es marcar una línea obscenamente baja. Esos 1.90 dólares es la llamada Línea Internacional de Pobreza de la ONU, y ese era el monto marcado por el Banco Mundial para ser “extremadamente pobre” en 2015. Antes de eso fueron 1,25 dólares, antes de 2005 era un dólar, etc. La referencia se consigue mediante estadísticas que se van actualizando estimando qué es ser pobre en los quince países más pobres del planeta y con cuyos datos se hace después una media con una tasa de cambio que obtiene los precios en Paridad de Poder Adquisitivo para reducir las distorsiones entre países y monedas locales.

La conclusión de Hickel es sencilla: ¿De verdad podemos decir que no es pobre extremo el estadounidense que vive hoy con 1,9 dólares al día? ¿Cuál es el objetivo de que foros como Davos hagan hincapié en difundir esas estadísticas de que hemos pasado de un 80% de la población viviendo en la “pobreza extrema” en 1820 al supuesto 9% de 2019? “Estas cifras han sido sacadas a relucir […] por quienes sostienen que la extensión global del capitalismo de libre mercado ha sido estupendo para todos”, alega el opositor, colocando a Roser y sus muy compartidos posts como siervos propagandísticos de los neoliberales. Y de hecho gente como Steven Pinker se han valido de estas gráficas para defender esta idea.

Según él, para hablar de pobreza de forma adecuada habría que poner el umbral en 7.40 dólares diarios, y según eso hay hoy 4.200 millones de seres humanos pobres, con lo que técnicamente más seres humanos pobres en este momento que los que había en 1981 (sin ajustar a los cambios demográficos), y que si “sacásemos a China de la ecuación, las cifras son aún peores. En estas cuatro décadas no solo ha aumentado el número de personas en situación de pobreza, sino que la proporción de personas en situación de pobreza se ha mantenido estancada en alrededor del 60%”.

En efecto, los macrocensos de pobreza, como los de muchos otros ámbitos, nos dan cifras que esconden muchas y diversas realidades y dependiendo de las variables a tener en cuenta se pueden dar multitud de aserciones. Pero los que están dentro de las ciencias sociales saben que, aunque se maneja esa Línea Internacional de Pobreza marcada por la ONU para muchas cosas, también se usan otros umbrales de forma habitual que son menos indulgentes. Hickel pide marcar 7.40 dólares diarios como límite, pero su propuesta no es la única, hay otros sociólogos que consideran que el umbral adecuado sería de 3.10 dólares diarios, otros que apuntan a baremos como “requisitos nutricionales mínimos” no estrictamente monetarios y un largo etcétera.

Los analistas y políticos que usan esos datos entienden que la solución a ese concepto tan etéreo como es "la pobreza" no es simplemente sacar a toda la humanidad de ese decil paupérrimo, pero consideran que hay que poner el foco en esa gente porque esa es la gente que está en la miseria, que ve su vida verdaderamente amenazada.

Dicen en Bloomberg: ellos son los que “están en riesgo alto de morir de hambre, no tienen acceso a servicios médicos esenciales, un saneamiento adecuado o educación básica. Imaginemos que sus ingresos aumentaron a 7.39 diarios: ese aumento cambiaría por completo su vida: todavía sería pobre, pero ya no estaría en peligro inmediato y habría abandonado la agotadora lucha diaria sólo por mantenerse vivo. Pero, según la contabilidad de Hickel, esta ganancia de ingresos no representaría una reducción de la pobreza”.

Además, aunque el ciudadano de a pie no lo sepa, cada país ya marca sus propios umbrales económicos de pobreza nacional en función del PIB y la Paridad de Poder Adquisitivo de su territorio. Por ejemplo, Finlandia considera pobres a los finlandeses que no lleguen a 30 dólares diarios. Si analizamos lo sucedido en el tiempo con distintos umbrales económicos, 1.90, 3.20, 5.50, 10 o incluso 15 dólares diarios per cápita en todos los países del planeta, vemos que los pobres han caído en las últimas décadas en todas las categorías.

De hecho, la mayoría de organismos, como el Banco Mundial, no sólo miden la “pobreza extrema”, sino que cotejan otros umbrales dependiendo de lo que se quiera analizar, como quiénes cuentan con más de 5.5 dólares al día.

Https 3a 2f 2fbucketeer E05bbc84 Baa3 437e 9518 Adb32be77984 S3 Amazonaws Com 2fpublic 2fimages 2fe3854c10 B7af 43d8 Bf49 4de5440823e7 1011x623
Quién vive con más de 5.5 dólares al díasegún el Banco Mundial.

Y son justamente los trabajadores de Our World in Data quienes han facilitado infografías que permiten ver la evolución económica de diferentes regiones a lo largo de los años: tanto si marcas el límite en los dos dólares diarios o lo pones más alto, vemos cómo el mundo que no forma parte de las llamadas economías desarrolladas, que se han mantenido más estancas, están prosperando. África crece a un ritmo preocupantemente lento, y Oriente Medio ha retrocedido por culpa de las guerras, pero Europa del este, otras zonas asiáticas y especialmente Latinoamérica y China están mejorando.

Acerca de si esto es un triunfo exclusivo del libre mercado o una consecuencia que deriva de multitud de factores como puedan ser la gobernanza efectiva de cada región, la prosperidad empresarial o el desarrollo tecnológico y científico, sería otra discusión diferente.

Es raro que Hickel excluya a China de sus estadísticas (ojo, un quinto de la población) de cómo no ha caído la pobreza para defender su idea de que estas gráficas son propaganda neoliberal cuando podría decir que la evolución de China es un triunfo del modelo de economía intervenida frente a las capitalistas. De la misma manera, es raro que Pinker alegue que todo esto es un evidente triunfo del neoliberalismo por lo mismo, porque, aunque China se ha liberalizado, sus empresas están fuertemente vigiladas por el Estado y ha sido sin duda el territorio que más ha hecho prosperar a su población.

De la misma forma, la otra disputa planteada por la corriente favorable al decrecimiento que representa el antropólogo es la de si de verdad vivimos mejor que hace 200 años o si los datos que manejan los estadistas están ofuscando las realidades no mercantilizadas. El clásico “un etíope que vive con menos de dos dólares diarios tiene otras fuentes de ingresos informales que no aparecen en los libros de contabilidad”, y “la economía informal era mayor en tiempos pretéritos, con lo que es absurdo fiarse de lo que sabemos sobre la pobreza en 1876”.

Es cierto que las mediciones de PIB nacionales de nuestros tiempos no incluyen las actividades no comercializadas y que por ahí se escapan ingresos que puede tener la población y que no se reflejan actualmente (de hecho, de ser así, el saldo per cápita podría ser aún más positivo que el oficial, pero difícilmente más negativo). Pero además es que la metodología de los historiadores de las economías del pasado tienden a calcularse en base a cifras de tierras cultivables, rendimientos, información sobre los patrones de consumo de las personas y datos sobre la producción de algunos bienes manufacturados. Afirma el economista Branko Milanović: “en realidad [los historiadores] excluyen aún menos transacciones informales que las que se excluyen en la actualidad”.

Además, cuando los analistas dicen que la gente del pasado era pobre quieren decir, por ejemplo, que "tres cuartas partes de la humanidad no podían permitirse un pequeño espacio para vivir, comida que no provoque malnutrición o niveles de calefacción mínimos", entre otras cosas, no simplemente que no llegasen a un dinero diario. Y que es, de hecho, el tipo de baremos que personas como Max Roser difunden en trabajo cotidiano.

Seamos pobres "técnicos" o no, la suma de los siguientes gráficos siguen siendo ciertos: la humanidad en su conjunto va a mejor.

Temas
Inicio