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Hands Across America: el inútil movimiento benéfico de los años 80 en el que se basa Nosotros

Hands Across America: el inútil movimiento benéfico de los años 80 en el que se basa Nosotros
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Si has ido esta semana al cine, es muy probable que hayas visto Nosotros. La taquilla mundial está pasando por un nuevo romance con Jordan Peele, revalidando su título como rey de las salas después de los records cosechados por Déjame Salir. En cualquier caso, este artículo vale tanto para los que han visto la película como para los que no. Vamos a hablar de qué es Hands Across America.

En la secuencia inicial de la película vemos cómo su protagonista contempla un spot televisivo de esta campaña benéfica de 1986. No se trata de ningún invento de los guionistas (bueno, el vídeo publicitario sí que es una libre recreación), sino de una llamada a la acción humanitaria que se montó treinta años atrás para combatir “el hambre, el sinhogarismo y ayudar a aquellos que viven en la pobreza” dentro de Estados Unidos.

Su organizador y principal recaudador, Ken Kragen, vinculado al mundillo de la producción musical, había ejecutado previamente otra popular campaña que probablemente conozcas, We Are the World. Ya sabes, Michael Jackson (ojo a la camiseta de Adelaide en la película), Bruce Springsteen, Lionel Richie, Tina Turner, Bob Dylan y toda celebrity musical del momento que se preciase para hacer un single que iba a combatir contra el hambre en Etiopía.

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En el caso de Hands Across America la idea central de la campaña era crear una macrocadena humana de personas dándose la mano para mostrar la unión de todo el país de costa a costa. ¿Cuánta gente haría falta? 6.5 millones de ciudadanos, según las estimaciones de los organizadores, para cubrir 6.700 kilómetros de recorrido. El dinero podía donarse directamente a la organización, pero los participantes podían también donar 10 dólares para reservar su puesto en la cadena. 

Aquí es cuando las cosas se empiezan a torcer y vemos asomar el mensaje que ha querido trasladar Peele: la cadena no se formó, aunque sí apareció bastante gente, la suficiente en distintos puntos del recorrido previsto como para que el fenómeno se pudiese trasmitir en televisión sin dar mala imagen. Lo peor, no se recaudó suficiente dinero. Consiguieron amontonar 34 millones de dólares, una suma nada desdeñable, pero lejana del objetivo de 50 millones que se habían propuesto Kragen y los suyos.

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¿Quiere eso decir que se mandaron 34 millones a los más necesitados? No. Por el evento se pasaron Oprah Winfrey, Barbara Streisand, Harry Belafonte, Robin Williams… Hasta el entonces president Ronald Reagan. La presencia de ciertas celebridades no es gratuita. A esto hay que sumarle los costes publicitarios. Montar todo el sarao había costado 19 millones de dólares, con lo que el macroevento sólo consiguió trasladar 15 millones, menos de la tercera parte prevista, mientras que los organizadores y famosos implicados capitalizaron el evento para lavar su imagen y los asistentes lavaron su conciencia.

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Así, mientras el gobierno reaganista recortaba los programas sociales y disminuía la recaudación de los más adinerados, cuya consecuencia directa fue mandar a 25 millones de estadounidenses a la miseria, salía en la televisión defendiendo su postura humanista. Mientras se creaban espectáculos participativos e ineficaces por los que la clase media podía disminuir sus ansiedades de clase, se perpetuaba un sistema roto donde muchos ciudadanos quedan en el subsuelo (y en las sombras) de la estructura funcional.  

Jeremías 11:11: “Por lo tanto, así dice el Señor, voy a traerles un mal del que no podrán escapar, y aunque lloren ante mí, no les escucharé".

Y he aquí uno de los mensajes de Jordan Peele en Nosotros. Sobre cómo lo simbólico es una fuente de poder. Eso sí, los símbolos son traicioneros, y no siempre trasmiten lo que estábamos buscando.

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