Jornadas flexibles para cuando te duela la regla: la decisión de Girona ni es nueva ni tan descabellada

Jornadas flexibles para cuando te duela la regla: la decisión de Girona ni es nueva ni tan descabellada
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A partir de ahora las trabajadoras del Ayuntamiento de Girona que sufran una regla dolorosa no tendrán que disimular los retortijones o ausentarse sin justificación de su puesto de trabajo. Según lo acordado por el Consistorio gobernado por Junts per Catalunya y ERC y gracias a la mediación del sindicato mayoritario en el Ayuntamiento, Intersindical, estas mujeres contarán con un permiso menstrual a gastar mensualmente si así lo necesitan.

Las condiciones del permiso son las siguientes: dispondrán de una bolsa de ocho horas cada mes que tendrán que recuperar en un máximo de tres meses después de cogérselas. No implicará baja laboral o gastar días de vacaciones, por lo que la medida es, en el fondo, un permiso de flexibilidad. Además, es voluntario, se acogerá a él la que lo necesite y la que no, no. El frente feminista quería que ese permiso ascendiera a 16 horas, pero el acuerdo final parece satisfacer a las partes, que ven en esto una justicia laboral, ya que algunas trabajadoras venían gastando sus días de vacaciones para hacerlo.

La triada femenina o de qué hablamos cuando hablamos de dolor de regla

Vayamos por partes: el síndrome premenstrual (SPM), que incluye un amplio abanico de síntomas antes de que baje el período, lo sufre el 75% de las mujeres en edad reproductiva y puede conllevar molestias emocionales o conductuales no muy serios. La dismenorrea, que sufren del 30 al 50% de mujeres, son los cólicos y calambres en el abdomen antes y después de la menstruación y que a veces va acompañado de vómitos, diarrea y otros.

Hay otra afección menstrual, la endometriosis, altamente infradiagnosticada pero que se cree que sufre en torno al 10% de mujeres españolas. Es un trastorno por el crecimiento crónico (es decir, para toda la vida y sin solución) del tejido que debería crecer en el interior del útero y que crece fuera. No a todas las mujeres con endometriosis les duele, pero a algunas de ellas sí y en distintos grados. Hay sufridoras que se desmayan, que acaban en urgencias todos los meses, que se desangran, a las que les tienen que extirpar los ovarios, a las que el endometrio les crece en el pulmón o en el cerebro y que acaban viviendo con muletas. Sus dolores pueden ser incapacitantes y si no se trata a tiempo muchas de ellas pierden la fertilidad.

En esencia, el punto en el que está ahora la medicina es en el de animar a médicos y mujeres a que sepan reconocer las señales de este trastorno silenciado y que, al contrario de lo que se solía decir, las reglas no tienen que doler, o no al menos de forma desorbitada.

A pesar de ese infradiagnóstico, la endometriosis es la enfermedad que causa más bajas laborales en España, lo que da pistas de su ubicuidad y de su importancia social. Y volviendo con las otras dolencias, según la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia las mujeres que padecen un síndrome premenstrual severo causan un promedio de ocho días de baja al año, y una media de más de 1.500 días a lo largo de su vida laboral debido a los fuertes síntomas que padecen durante al menos cuatro días cada mes, algo que les impide realizar su actividad normal.

¿Y es este un territorio laboral nuevo?

Sí en nuestro país, pero no en otras partes del mundo. En los últimos años algunas pymes de diferentes naciones (e incluso alguna gran empresa, como Nike) han llegado a prensa por ofrecer a sus empleadas un permiso menstrual. Más relevante que eso es la implantación de estas políticas a nivel nacional en Asia. Indonesia y Taiwan cuentan con él desde 2003 y 2013 respectivamente, y en China se está extendiendo por regiones administrativas. En Corea del Sur lo tienen desde 1953, siendo al principio tres días extra al año y desde 2001 un día al mes, sin recortes salariales ni necesidad de recuperar los días, aunque cuentan que su uso apenas está extendido.

En Japón cuentan con el “derecho fisiológico” o “seirikyuuka” desde 1947 siempre que la mujer lo necesite y no es necesario facilitar justificante médico al empleador, aunque la compañía no está forzada a retribuir la ausencia y puede exigir a la empleada que recupere el tiempo perdido en otros momentos.

Hay dos corrientes de opinión dentro de lo femenino sobre el tratamiento de la regla como algo laboralmente incapacitante o no. Los mismos orígenes de esta medida acarrean ese discurso en torno a la debilidad e inferioridad femenina, la misma que pensaba que, a nivel de empleo, ellas no pueden hacer lo mismo que ellos. En la Rusia post revolucionaria, la primera en incorporar estos permisos, sirvió como medida discriminatoria que desincentivaba a los empleadores a contratar a mujeres.

También hay quien dice que la introducción de este conflicto en el entorno laboral puede incitar a que la regla se medicalice en lugar de aceptar su existencia como algo "natural": dado que la píldora amaina el dolor para muchas sufridoras (es muy útil por ejemplo para un buen porcentaje de pacientes con endometriosis), se promoverá su ingesta para evitar conceder esos días libres cuando la píldora también conlleva sus propios efectos secundarios.

En esencia, muchas feministas modernas están en contra de estas iniciativas porque perpetúan estereotipos y afectan al desarrollo curricular de las mujeres, mientras que otras refieren que, si ningún ser humano debiera trabajar cuando tiene fuertes dolores y se dispensan justificantes por tantas otras incapacidades temporales, por qué no diagnosticar y reconocer un impedimento laboral que afecta en España (en diferente grado, no todos los días ni en todas las etapas vitales) a millones de mujeres. Otra corriente sugiere que la forma de superar este estigma podría ser facilitar más licencias médicas adicionales a las personas de ambos sexos.

Con el movimiento de Girona, España se pone a nivel funcionarial a la cabeza de Europa sobre estas iniciativas. La última vez que alguien habló de ello aquí fue en el Parlamento Italiano, en 2017, donde se habló de la posibilidad de conceder tres días mensuales retribuidos a las mujeres que sufren dolores menstruales severos. Aquella propuesta parlamentaria no prosperó.

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