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La medida de Ámsterdam para detener la turistificación: prohibir las tiendas que rotulen en inglés

La medida de Ámsterdam para detener la turistificación: prohibir las tiendas que rotulen en inglés
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Los amsterdameses lo han dejado claro, una cosa es sentir orgullo por el dominio de idiomas de su pueblo y otra muy distinta regalarle las calles a los turistas atacando a su patrimonio lingüístico y cultural. Y de las promulgas a los hechos: la capital neerlandesa lanzó una iniciativa en 2017 por la que se iba a perseguir a los comercios que se enfocasen a atender a los extranjeros, en lugar de a la ciudadanía local. Esto tuvo como consecuencia la sanción a tiendas que se comunicaban sólo en inglés tanto desde sus rótulos como desde el servicio al cliente.

Y ahora se demuestra que los juzgados le dan la razón al ayuntamiento. En un juicio contra la tienda Amsterdam Cheese Company se ha creado una sentencia por la que se le da la razón a los nacionalistas. El uso dominante del inglés de su tienda produce una discriminación de los residentes locales, y deberán remodelar su propuesta de comunicación si quieren mantener abierta su tienda en la avenida Damrak.

En Amsterdam Cheese Company, una tienda especializada en todas las variedades nacionales de este producto lácteo, los dependientes te hablan en inglés y la información se provee en este mismo idioma al tiempo que su motto es defender la gastronomía y producción autóctona. Sus dueños defienden que de esta forma “preservan las tradiciones del pasado mientras abrazan lo nuevo”, y se respaldan en que el inglés es el idioma más accesible para la mayoría de los clientes holandeses.

"Si vives aquí sabes que el inglés es el idioma que habla la mayoría de la gente", dijo Kirijn Kollf, el propietario. "Somos una comunidad internacional, especialmente en Ámsterdam. Tal vez sea la imagen de la globalización para los demás, pero esta decisión parece más una defensa del nativismo, predicando a los convencidos, que algo que beneficie a la realidad”.

Y parte de razón tienen: el inglés es la segunda lengua más frecuente del país, con un 90% de hablantes de inglés entre los habitantes de Países Bajos. Para más inri, una de cada diez personas nacionalizadas no controla el neerlandés, pero sí el inglés. De ahí que hace una década se hiciera una propuesta política por reconocer el inglés como segunda lengua oficial del estado, aunque sin éxito.

Amsterdam Cheese Company llevará su caso a instancias superiores, pero todo pinta a que tendrán que acatar la sentencia que dicta que su uso del inglés es discriminatorio.

wer Empapándose de la cultura de Ámsterdam.

Cualquiera que viva en una ciudad turística lo sabe: aunque las tiendas de regalos o los bares y restaurantes para extranjeros donde todo está dispuesto para el turista han existido siempre, hay una proliferación de comercios y multiplicación de su repertorio de opciones de ocio y gastronomía. Son precisamente esas otras tiendas contra las que la ciudad de Ámsterdam decidió luchar a finales de 2017: “Nutella shops”, tiendas de waffles, heladerías cuquis, librerías en inglés, tiendas de alquiler de bicis y los conocidos como “beer bikes”, un vehículo a pedales conjunto donde los visitantes pasean alcoholizados por la ciudad.

Es decir, que están atacando al turismo de Magaluf, esas manifestaciones de suciedad y ruido que erosionan la dignidad vital de los residentes, pero también están atacando la proliferación del turismo hipster, que pese a su apariencia inocua, casi positiva por su mejora del envoltorio fotogénico de la ciudad gracias a sus zumos detox y sus jabones artesanales en realidad afectan directamente a la calidad de vida de los ciudadanos.

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Porque, pese a su fama internacional, Ámsterdam es una ciudad considerablemente pequeña y sin exceso de viviendas. Con 820.000 residentes y un centro de interés urbano que se cruza en media hora a paseo, los 17 millones de visitantes al año (sus cifras de 2015) son demasiados. Sobre todo cuando las proyecciones turísticas no paran de crecer y la población también aumenta en más de 10.000 nuevos ciudadanos al año.

Ámsterdam no quiere ser la nueva Venecia, y el símbolo no son tanto los imanes de zuecos como los quesos de producción local. Está por ver si la persecución de este modelo de turismo prospera. Por el momento, y entre penalización y penalización de tiendas modernas, el listado de alojamientos en Airbnb cayó de las 15.000 viviendas en enero a las 13.600 del pasado julio.

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