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Morirse es caro. Estas son tus opciones si no quieres arruinarte cuando fallece un familiar

Morirse es caro. Estas son tus opciones si no quieres arruinarte cuando fallece un familiar
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Punto y final a la existencia de todo ser humano, la muerte representa el inicio de un tortuoso proceso burocrático y económico para los familiares y los allegados del fallecido. Morirse es caro. En España, la inversión requerida para ofrecer un sepelio digno varía en función del municipio, pero supera de media los 3.000€. Una cantidad que la mayor parte de los afectados sufraga, ya sea recurriendo a sus ahorros o a un préstamo. ¿Pero qué opciones tienen aquellos que, desapegados de todo rito funerario, desean ahorrarse la inversión?

He aquí un muestrario.

Fosa común. La opción más extrema. Todos los ayuntamientos cuentan con protocolos para deshacerse de los cadáveres no reclamados. Tradicionalmente los enterramientos se realizaban en fosas comunes, aunque durante los últimos años se han habilitado nichos. Se les conoce como "entierros de beneficencia", y en 2013, en Barcelona, representaban un 2,5% del total de los entierros realizados. El ayuntamiento corre a cargo de los gastos (480.000€ aquel año en total para la ciudad condal). Sólo se realiza para fallecidos pobres, y tras un informe sobre la situación económica de la familia.

Es gratuito. Pero acceder a él obliga a ciertas condiciones.

Umbrales. Varían en función de la ciudad. Dado el alto coste asociado a cualquier sepelio, las ciudades se cuidan mucho de ofrecerlo gratuitamente a cualquier persona. En Barcelona se debe acreditar una renta inferior a los 500€ mensuales, mientras que en Valladolid los ingresos deben quedar por debajo de los 6.000€ anuales. Como se explica aquí, los muertos suelen ocupar nichos altos y sin marcar por un periodo de cinco años. Agotado el plazo, los restos se exhuman y terminan en una fosa común. Cada entierro le cuesta al consistorio unos 700€.

De ahí que las ciudades reclamen a los herederos directos (padres, hijos, nietos) el pago del rito, por más que se nieguen. Es algo fijado por ley (artículo 1894 del Código Civil). Si son solventes, las autoridades podrían llegar a descontar los costes de la herencia.

Alternativas. Ahorrarse la totalidad del entierro es difícil, pero sí se pueden minimizar gastos. La forma más sencilla es enterrando al familiar en aquellas ciudades donde los gastos de inhumación son más baratos. El nicho a cinco años, por ejemplo, cuesta entre 74€ y 164€ en Murcia, Zaragoza y Alicante, mientras que asciende a los 1.000€ en capitales como Salamanca, Zamora o León. Las tarifas de las funerarias también varían. Tarragona y Barcelona se cuentan entre las ciudades más caras para morirse. El coste total del entierro puede superar los 6.000€. En cuenta, está por debajo de los 2.000€.

Incineración. Elegir dónde morir, sin embargo, es complejo. La forma más sencilla de abaratar costes es optando por la cremación. Las incineraciones representan ya el 40% de los ritos funerarios de España, en un crecimiento sostenido del 20% durante la última década. Las cremaciones directas (del ataúd al horno, y de ahí a la urna) son las más económicas. Su precio está marcado por las tasas municipales de cada ayuntamiento, y oscila entre los 840€ de Almería y los 330€ de Córdoba o Sevilla. El ahorro reside en el nicho (de hasta 6.000€ por 75 años en ciudades como Madrid).

¿Ciencia? Hay una opción aún más económica, aunque muy poco extendida: la donación del cadáver a la investigación científica. Los familiares tan sólo sufragarían el coste del traslado del cuerpo al centro universitario de turno, el cual se encargará de todo lo demás. Hay varias condiciones a cumplir, no obstante. La primera, que el fallecido así lo estipulara antes de morir. Y la segunda, que el cuerpo se mantenga en buen estado. Cualquier muerte violenta, enfermedad grave, amputaciones o determinadas cirugías lo descartan de antemano.

Tendencia. Como vemos, la muerte es cara. A largo plazo la asociación de funerarias calcula que las incineraciones representarán el 70% de los ritos funerarios. Son las cifras habituales en el norte de Europa. En España, Italia o Portugal (donde las cremaciones apenas representan el 15% y el 6% respectivamente) siguen otorgando un sepelio digno a sus muertos, en parte por la fuerte influencia católica. Sucede que la tendencia es transversal: en países como Suecia el 8% de los decesos ya se culminan sin rito funerario. Del hospital al horno crematorio.

Las elevadas costas de cualquier funeral y la progresiva secularización de España y de Europa hacen pensar que ambas estadísticas irán al alza. Y que cada vez más familiares traten de ajustar al máximo la inversión en un entierro.

Imagen: Claudio Giovannini/AP

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