La naturaleza no estaba sanando: el impacto (bueno y malo) del confinamiento en el medio ambiente

La naturaleza no estaba sanando: el impacto (bueno y malo) del confinamiento en el medio ambiente
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Cuando las calles de medio planeta se vaciaron durante la pasada primavera miles de animales entrevieron una oportunidad y una necesidad. Allá donde antes hubo humanos hoy sólo reinaba el vacío, un remanso de paz para algunas especies. Para otras, sin embargo, la ausencia de viandantes provocó que el alimento escaseara. De un modo u otro todos asumimos un relato: sin humanos, la naturaleza se "estaba curando". Había menos emisiones, menos incendios, menos amenazas al medio ambiente.

Un relato conveniente, ¿pero cierto?

Más o menos. Es la pregunta que trata de responder este estudio elaborado por un grupo de investigadores de la Universidad de Terranova y Labrador, en Canadá. El trabajo recopila 877 análisis cuantitativos provenientes de 89 investigaciones, todas ellas enfocadas a determinados hábitats y publicadas en el último año. Su conclusión: nuestra ausencia permitió que algunas especies vivieran mejor durante un tiempo; pero también puso en peligro el delicado equilibrio de muchos entornos naturales, ya fuera por su dependencia de la mano humana o por shocks externos.

Una de cal, otra de arena. "Es imposible decir si nuestra repentina desaparición fue positiva o negativa", explica una de las autoras del estudio, Amanda Bates, en Hakai Magazine. La asunción generalizada durante el último año ha sido la de la sanación ("nature is healing", un meme traducido a un "nosotros somos el virus" en versión hispana). La investigación apunta hacia un impacto mucho más ambiguo. Algunos datos ilustran hasta qué punto marcharnos benefició al planeta:

  • Los niveles de ruido ambiental se redujeron entre un 35% y un 68% en todo el mundo, algo muy positivo para muchas especies.
  • El volumen de vertidos tóxicos e industriales en ríos y otros espacios acuáticos naturales se redujo un 500%.
  • La pesca marina decreció un 12%, lo que dio un respiro a algunos de los caladeros más sobreexplotados del planeta.
  • Y en algunos países, el número de animales salvajes atropellados en las carreteras se desplomó un 58%.

Pero, pero. También señala los problemas derivados de nuestra marcha. Por ejemplo, la caza furtiva e ilegal de especies protegidas se multiplicó ante la necesidad de muchas familias de alimentarse en tiempo de carencia; las actividades de conservación de muchos parques y espacios naturales se detuvieron al agotarse al vía de ingresos que aportaba el turismo; o la paralización de los programas de control de especies invasivas condujo a plagas devastadoras (lo está viviendo en sus carnes Australia, sumida en la mayor plaga de ratones de los últimos años).

Muchos ecosistemas, en resumen, dependen de la implicación activa del ser humano. "Creíamos que veríamos más impactos positivos", explica Bates. "No creo que algunos de estos ecosistemas pudieran sobrevivir sin nuestra intervención", sentencia.

¿Bien, mal? La evaluación general del estudio sobre nuestra ausencia es "mixta". Tuvo cosas buenas, pero también malas. El ganso blanco ofrece un ejemplo práctico. El animal, nativo de América del Norte, emigra todos los veranos desde Estados Unidos hasta el norte de Canadá. Todos los años su caza se incentiva para limitar el daño a las cosechas. Este año pudo viajar sin obstáculos y llegó a la tundra en mayor número y más robusto que nunca. Excelente noticia para el ganso blanco, no tanto para la tundra ártica, su destino final, extraordinariamente degradada. El animal reventó el ecosistema de otras especies locales más frágiles.

La foto general. Por supuesto, el confinamiento también tuvo efectos positivos netos en muchas especies hasta entonces sometidas a una permanente presión (las abejas son el mejor ejemplo). Si algo desea subrayar la investigación es que todo es más complejo de lo que parece, y que la fauna y flora del planeta, en especial la más vulnerable, tiene una relación de interdependencia más delicado de lo que pueda aparentar. Un proceso que el confinamiento, eso sí, ha permitido entender en toda su magnitud, como explica este reportaje de Science.

Fue un experimento natural inédito y muy útil para que la comunidad científica ampliara su conocimiento sobre nosotros, humanos, y el mundo en el que nos movemos. Para bien y para mal.

Imagen: AP

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