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¿Nos gusta a los españoles flagelarnos con la visión culturalista de que somos peores?

¿Nos gusta a los españoles flagelarnos con la visión culturalista de que somos peores?
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La noticia se destapaba el pasado domingo: alguien, de identidad aún desconocida, había cazado al león Cecil, el ejemplar más impresionante y valioso del parque nacional de Hwange, en Zimbawe. Lo había hecho con una flecha que no había acabado con su vida de forma inmediata, por lo que el animal había deambulado durante más de un día hasta caer rendido. Al parecer, además, su cabeza había sido decapitada. Las primeras pistas apuntaban a un español como el autor de la matanza.

Como es habitual, tal revelación desató la ira de miles de comentaristas tanto en las webs de los principales diarios nacionales como en las redes sociales. Existía una explicación secular a tan espantoso hecho: el poco respeto de los españoles hacia los animales, la afición de la clase alta a la caza de ejemplares en África (con Juan Carlos I como ejemplo paradigmático) o nuestra boyante importación de piezas de taxidermia, sólo superados por Estados Unidos.

España contaba con el relato contextual perfecto, una historia de flagelación autoimpuesta y recurrentes explicaciones culturalistas, para explicar la cruenta muerte de Cecil, hasta que se descubrió que el cazador era estadounidense

No merecía la pena preguntarse si otra persona de otra nacionalidad podría ser el autor de la cacería. España contaba con el relato contextual perfecto, una historia de flagelación autoimpuesta y recurrentes explicaciones culturalistas, para explicar la cruenta muerte de Cecil. Hasta que dos días después, la investigación de los hechos dio un giro inesperado: el cazador no era un español anónimo, sino un dentista de Minneapolis llamado Walter James Palmer. Estadounidense.

El auto-odio español, en datos

Algo falla en el relato, porque siempre lo hace cada vez que la opinión pública española abusa del discurso autorreferencial para explicar hechos más complejos. España no está encantada de conocerse: al contrario, es de las naciones occidentales que con más frecuencia tiende a articular opiniones negativas sobre sí misma. La útima de ellas, realizada por Reputation Institute, indicaba que lo que pensamos de nosotros mismos difiere de lo que piensan los demás.

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El gráfico de más arriba muestra la diferencia entre lo que un país piensa de sí mismo y lo que los demás países piensan de él. Es una cuestión de percepciones: mientras Rusia tiene una buena imagen de sí misma, los demás de ella no, de ahí que la diferencia sea tan alta. ¿Y en el caso de España? Uno de los pocos países con diferencial negativo: nuestra opinión es muy crítica sobre nosotros mismos, por debajo de lo que el resto opinan sobre nosotros.

¿Y en el caso de España? Uno de los pocos países de la encuesta con diferencial negativo: nuestra opinión es muy crítica sobre nosotros mismos, por debajo de lo que el resto opinan sobre nosotros

Buena noticia, no obstante, si lo comparamos con la gráfica de 2014, donde la diferencia entre lo que opinamos de nosotros y lo que los demás opinan de nosotros era de diez puntos según el índice de Reputation Institute. Tal y como explican en el estudio de este año, España ha mejorado su imagen internacional en los últimos doce meses, por lo que el cambio de tendencia sólo se explica si los propios españoles hemos comenzado a tener mejor opinión de nuestra sociedad.

En cualquier caso, seguimos quedando lejos del resto de países.

En febrero de este año, el Real Instituto Elcano publicaba su 5ª Oleada Barómetro Imagen de España, en la que recopilaba la opinión de diversos grupos nacionales sobre nuestro país. En él, es cierto, se apreciaba cómo los tópicos continúan dominando la imagen inmediata que Alemania, Francia o Gran Bretaña tienen sobre España: toros, sol, fiesta, playa, y, en menor medida, flamenco y siesta. Pero hay más lecturas, más relevantes que la imagen-cliché primaria.

07 Valoracion Espana

Por ejemplo, todos los grupos nacionales aprobaban todos los parámetros para medir la reputación o imagen real de un país: cultura, economía, tolerancia, pacifismo, etcétera. Pese a la previsible degradación de la imagen de los países europeos del sur en Alemania, España continuaba siendo considerado por más encuestados germanos como un país más honesto (o lo que es lo mismo: menos corrupto), democrático, tolerante y trabajador que sus respectivos opuestos.

Alemania

Una de las principales empresas de opinión del mundo, Pew Research, hace encuestas periódicas sobre la opinión que unos países tienen sobre otros países. En FiveThirtyEight recopilaron los datos del último trabajo de investigación de Pew y los representaron sobre un gráfico muy ilustrativo. En él, observamos qué opinan Grecia, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y España sobre esos mismos seis países, más Rusia y EEUU. Y el resultado es el siguiente:

Pew

¿Qué dice el cuadro? Que todos tienen una opinión negativa de Rusia y de Grecia (exceptuando Grecia, que tiene la mejor de las opiniones sobre sí misma). Y que todos ven con muy buenos ojos a Inglaterra, Alemania... y España. La visión general que los principales países de Europa tienen sobre nuestro país es muy positiva y sólo se ve superada por la opinión que albergan sobre Alemania, sin duda el país más popular, e Inglaterra. Un segundo, ¿todos opinan lo mismo? ¡No!

Tan sólo Francia e Italia se acercan, pero en ambos casos su opinión sobre sus países, aunque menos entusiasta que la de Alemania o Inglaterra, continúa siendo positiva

Abajo a la derecha observamos lo que piensan los españoles de España. Sorpresa: somos el único grupo poblacional encuestado cuya opinión sobre España es poco favorable. Ningún otro país, según la encuesta de Pew, tiene una imagen tan negativa sobre sí mismo como España. Tan sólo Francia e Italia se acercan, pero en ambos casos su opinión sobre sus respectivos países, aunque menos entusiasta que la de Alemania o Inglaterra, continúa siendo positiva. España es la excepción.

España, es obvio, tiende a infravalorarse. ¿Cómo afecta esto a su reputación internacional? Sin duda, de un modo negativo. En septiembre del año pasado, el Real Instituto Elcano publicó un análisis sobre la percepción de la imagen de España en el exterior y su posicionamiento internacional real, a nivel económico, cultural y social. Como recogía El Confidencial en su momento con una serie de estupendos gráficos, tenemos un problema de marca. Estamos infravalorados.

Chart

En efecto, "somos mucho mejor que como nos ven fuera". Pero como ya hemos visto, la imagen que fuera tienen de nosotros como país es con creces muy superior a la que los españoles albergamos sobre nosotros mismos. ¿En qué lugar nos deja eso, por tanto? Dado que correlación no implica causalidad, es difícil inferir que nuestro propio fatalismo para con uno mismo afecte negativamente a nuestra proyección internacional. Pero tampoco es una posibilidad que se antoje muy remota.

"Esto sólo pasa en España" o el particularismo

A nivel retórico, la negativa imagen que los españoles tienen de los propios españoles deriva en explicaciones que redundan en su particularidad. Tendemos a creer que sólo en España se han realizado obras faraónicas, cuando las hay repartidas por el resto del mundo. O que nuestra laxitud con la corrupción, como exploramos en este artículo, es particular y obedece a cuestiones esencialistas. Lo cierto es que una mirada más amplia revela que nunca somos tan especiales.

A nivel histórico, diversos historiadores han trabajado a lo largo de las décadas con teorías que se centran en la particularidad de España dentro del contexto europeo tanto en el siglo XIX como en el siglo XX

Eso no significa que cada nación no tenga sus particularidades, sino que no la definen. A lo largo de la historia, esta ha sido una visión común no sólo por parte del español medio, sino también desde los círculos académicos e intelectuales. A nivel histórico, diversos historiadores han trabajado con teorías que se centran en la particularidad de España dentro del contexto europeo tanto en el siglo XIX como en el siglo XX. Según ellos, España sería un caso aparte dentro del continente.

Marca

¿Por qué? Porque el país nunca habría permitido florecer a la clase liberal intelectual y burguesa que cimentaría las bases del estado democrático moderno. Del mismo modo, tampoco habría contado con una revolución industrial al uso. Todo ello habría redundado en su fracaso imperial durante el XIX, en su retraso respecto al resto de naciones de la Europa occidental y en una débil nacionalización, origen último de sentimientos regionales y nacionales que aspiran a la separación del país, además de los muchos problemas estructurales, políticos y económicos, que sufrimos hoy en día.

El marco teórico del particularismo español está siendo debatido aún hoy en círculos académicos. Diversos trabajos optan por explicar nuestra historia desde un punto de vista comparado que ahorre esencialismos

Gran parte de este marco teórico se ajusta como anillo al dedo al particularismo con el que los españoles tendemos a interpretarnos, y aunque aún es una teoría en vigor dentro de los círculos académicos, está siendo disputada por otras que niegan "la débil nacionalización" y que no consideran la historia de España como algo esencialmente diferenciado de las tendencias del continente. Al contrario, la historia comparada revelaría como el esencialismo no lo es tanto.

Sobre la base de parte de este discurso, la historiadora y académica Carmen Iglesias construye No siempre lo peor es cierto, en el que arremete precisamente contra la interpretación a menudo fatalista y extrema que los españoles hacen de su historia, y por tanto de su presente, a través de ensayos y relatos que tratan de desmitificar y matizar el la interpretación culturalista de determinados hechos. En ese sentido, a nivel mediático y popular, las encuestas de más arriba no hacen sino reafirmar que España sí tiende a creer que lo peor es cierto, aunque no lo sea por defecto.

Imagen | Laura

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