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Las oficinas de Nueva York están vacías. Y ya se ven las consecuencias del desplome económico de la ciudad

Las oficinas de Nueva York están vacías. Y ya se ven las consecuencias del desplome económico de la ciudad
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Hasta marzo de 2020 el centro del mundo era el Times Square de Nueva York. ¿En un mundo en mitad de una pandemia? No es ninguna locura asegurar que el salón de tu casa.

Un 10% de transeúntes: como recoge The Wall Street Journal, el director financiero de Cushman & Wakefield, representante de multitud de grandes inquilinos y propietarios de la gran ciudad, el tráfico peatonal alrededor de los rascacielos de Manhattan está a unos niveles equivalentes al 10% del que había en tiempos pre-Covid-19. Es decir, que, como se destila de todos los artículos al respecto, apenas habrán vuelto a las oficinas el 10% de sus empleados. El 7 World Trade Center estima haber pasado de tener 5.000 visitantes diarios a menos de 200. Dicen que ya sólo va el personal de seguridad.

¿Por qué ir a la oficina? Como era de esperar, y al igual que ha pasado en infinidad de grandes núcleos de trabajo del mundo, la crisis pandémica llegó para cuestionarlo todo. Muchos salieron en marzo de sus cubículos pensando que volverían en un par de meses. La mayoría de negocios que pueden trabajar en remoto lo están haciendo y, aunque se les ha permitido regresar, sabiamente no lo están haciendo, provocando así la caída de todo un castillo de naipes.

El turismo, los alquileres: Según el grupo Partnership for New York City, la actividad turística ha caído en la ciudad más de un 40% en el total de lo que vamos de 2020, es decir, contando la actividad generada en los meses previos a la explosión. Ese mismo grupo estima que, tal y como le indican sus asociados, un tercio de los 230.000 pequeños negocios registrados en la localidad van a cerrar, especialmente bares y restaurantes. No hay visitantes, no hay paseantes rumbo a su oficina. No hay nada que hacer.

¿Y tan grave es? Los cálculos de este y aquel negocio hostelero hablan de desplomes de entre el 60 y el 85% de las cajas diarias en el centro. El dueño de la cadena Veggie Grill afirma para The New York Times: "ahora mismo nuestro mercado más difícil para operar en Nueva York". Otros propietarios van más lejos: "no hay razones para que abra aquí. Estoy haciendo más volúmen por metro cuadrado en Florida y con la mitad de costes".

Los gigantes, también. Las siguientes cadenas nacionales han cerrado algunas o todas sus tiendas en Nueva York para siempre: J.C. Penney, Kate Spade, Subway y Le Pain Quotidien. Muchos otros gigantes, como Victoria’s Secret, Neiman Marcus o Gap, se están declarando rebeldes y no están pagando a sus caseros. ¿Para qué iban a hacerlo, si no hay nadie por las calles ni a ninguna tienda se le ocurriría comenzar su actividad en semejante escenario? Dos de las compañías mencionadas se han declarado en bancarrota. La crisis del retail, tan cacareada durante estos últimos trimestres, se ha multiplicado por mil.

¿Por qué volver? La preocupación actual de Nueva York, una ciudad que ya antes de esto que está sucediendo era un municipio sobreendeudado en mitad de una tensión de precios brutal y una crisis existencial, es si será un durísimo bache o el inicio de un declive más profundo. Hay infinidad de testimonios que explican que se están dando cuenta de la poca necesidad de estar en la City para llevar sus negocios. Miles de estadounidenses con profesiones liberales que han peregrinado a valles más verdes y alquileres más baratos que, expertos en el dominio del Zoom, cada vez lo ven más crudo para aceptar una reunión de dos horas sólo por darle el gusto al cliente. Las grandes empresas con modelos digitales, como el edificio Time-Life, profetizan, también se lo van a cuestionar.

Con ello caería también la actividad cultural. Los museos (o al menos los que están abiertos) están ahora a un 25% de su capacidad. Broadway cerrado y sin expectativas de reabrir sin pérdidas en todo el año. Todos esos canónicos clubs y restaurantes en los que se gestaban los cómicos, músicos y nuevas estrellas podrían desaparecer. Y recesión llama a recesión. La ciudad en esta temporada estival está actuando, según sus escasos habitantes, como un zombie. Habrá que ver por cuánto tiempo.

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